24/05/2026
Hay algo profundamente místico en compartir la vida con un gato.
No aman de manera ruidosa, aman en silencio, desde la distancia, observándote como si pudieran ver partes de ti que ni siquiera tú conoces. Son sanadores de alma y corazones, su energía transforma los pesares. Son pura magia !!
Un gato no llega para obedecer y jamás intenta impresionarte, no necesita hacerlo. Su sola existencia tiene algo hipnótico. La calma con la que observan, la manera en que sostienen la mirada, duermen como si custodiaran sueños ajenos, el misterio que conservan hace imposible no sentir que guardan secretos. Como si conocieran algo sobre la vida, la muerte, el amor y el silencio que nosotros todavía estamos intentando aprender.
Quien nunca amó un gato pensará que solo son animales independientes, pero quienes tuvimos la suerte de ser elegidos por uno sabemos la verdad: saben acompañar el dolor, quedarse cerca y transformar la soledad en una presencia silenciosa. Nunca fuerzan amor, lo ofrecen lentamente y quizás por eso se siente tan especial cuando deciden quedarse junto a nosotros.
Creo que los gatos no vienen solamente a hacernos compañía. Vienen a enseñarnos otra forma de existir. Más quieta. Más intuitiva. Más libre. A encontrar belleza en la penumbra. Tal vez por eso tantas culturas los consideraron seres sagrados. Porque hay criaturas que simplemente viven, y otras que parecen custodiar energía. Y los gatos pertenecen a esa segunda clase.
Hay personas que tienen mascotas.
Y hay personas que alguna vez fueron elegidas por un gato.
“ No es lo mismo “ Ellos me eligieron Zimba, Lula, Kika, Camilo, Lupe.