09/04/2026
🫶
En la misma cuadra de siempre, casi a la misma hora de la tarde, aparecen los dos caminando pegados como si fueran uno solo.
Uno guía.
El otro sigue con los ojos nublados, apoyando el costado en el cuerpo del compañero cada vez que el piso cambia de textura o aparece una grieta en la banqueta.
Nadie les enseñó a caminar así, y un vecino que los ve pasar casi todos los días cuenta que empezaron a andar juntos poco después de que el gato dejara de esquivar postes y comenzara a chocar con todo lo que encontraba.
El perro, más chico y de raza indefinida, se puso simplemente a su lado y ahí se quedó, marcando el paso, deteniéndose exactamente cuando el otro se detiene.
Cruzan la misma calle sin apuro.
Pasan frente a la misma tienda, doblan en la misma esquina y terminan siempre en la reja de una casa distinta a la suya, donde alguien ya los espera con agua fresca.
Eso no cambia aunque cambie el clima, aunque haya lluvia, aunque el camino esté más resbaloso de lo normal ese día.
Llegan, se sientan uno junto al otro en el mismo lugar de siempre, y ahí se quedan mientras cae la tarde.
Ninguno se mueve hasta que el otro también terminó de acomodarse bien 🐾