07/12/2025
¿Has sentido que tu perro “sabe” que te acercas incluso en penumbra, antes de oírte o verte? No es telepatía. Es física de radiación térmica puesta al servicio de la biología.
En 2020, un equipo de las universidades de Lund (Suecia) y Eötvös Loránd (Hungría) publicó en Scientific Reports algo que llevábamos milenios pasando por alto: el rinario del perro, esa trufa fría y húmeda, funciona como un sensor de radiación infrarroja débil.
En sus experimentos, entrenaron perros para distinguir entre dos objetos idénticos en forma y olor; uno estaba a temperatura corporal de mamífero, el otro a temperatura ambiente. Los animales elegían de forma fiable el objeto caliente a distancia, en condiciones donde vista y olfato estaban controlados. Luego, usando resonancia magnética funcional con 13 perros despiertos, vieron que una región concreta del cerebro, en la corteza somatosensorial izquierda, se activaba con fuerza ante ese calor radiante, como si el perro “viera” el calor con la nariz.
¿Por qué la trufa es tan fría al tacto? Termografías muestran que el rinario puede mantenerse varios grados más frío que el ambiente y que el resto de la cara, creando un contraste térmico que amplifica su sensibilidad, de forma análoga a como ciertos órganos infrarrojos en serpientes cascabel funcionan mejor cuando están frescos.
Esta habilidad probablemente surgió en sus ancestros lobos como una ayuda extra para localizar presas de sangre caliente cuando la vista y el olfato no bastaban. Y no es un truco común: fuera de los carnívoros, solo conocemos algo parecido en murciélagos vampiro, serpientes con órganos infrarrojos y algunos escarabajos “detectores de fuego” capaces de localizar incendios por el calor.
Entonces, la próxima vez que tu perro te encuentre en la oscuridad total, piensa en esto: no solo reconoce tu olor. También está leyendo el brillo térmico de tu cuerpo con un sensor biológico que ningún gadget portátil ha logrado igualar.