09/02/2026
En 1941, tras el hundimiento del acorazado alemán Bismarck, marinos británicos encontraron algo inesperado entre los restos: un gato blanco y negro flotando sobre una tabla. Lo subieron a bordo y lo llamaron Sam.
Desde ese momento, Sam se quedó con la tripulación. Dormía en los camarotes, caminaba por la cubierta y viajaba con ellos como uno más. Meses después iba en el HMS Cossack cuando ese barco fue alcanzado y terminó hundiéndose. Sam volvió a sobrevivir.
Lo trasladaron entonces al portaaviones HMS Ark Royal. Parecía que ahí su suerte cambiaría, pero el barco también fue torpedeado y comenzó a hundirse. Otra vez, Sam salió con vida.
Después de ese tercer naufragio, los marinos tomaron una decisión. Sam se quedó en tierra firme. El mar ya había probado bastante con él.