11/11/2019
CARTA A MI MIKI
Ayer, 9 de noviembre, se cumplió un año desde que te perdí. Desde que llamaron a tu papapa para que fuésemos volando a verte ese día con urgencia, sin adelantarnos nada, pero mi corazón presentía con miedo lo peor. Dolió mucho, mucho mucho. Aún duele, pero en ese momento de mi vida, me sentía desfallecer contigo. Cuando te vi tendidito rogaba porque solo estuvieses dormido. Ya sabía que tenías que partir pero tu mamama quería que sea en un lugar menos frío, junto con quienes te amábamos: papapa, Luh y yo. En tu hogar, ese que siempre te prometí desde que te adopté. Solía decírte: "cuando tenga mi casita te llevaré conmigo" y de alguna manera creo haberlo cumplido aunque a veces no lo siento así. Pero en ese momento, en la veterinaria, cuando me confirmaron que esta vez no habías soportado más, sentí que el alma se me escapaba del cuerpo. No lo creía, no quería creerlo. Tenía que ser un error, tú te ibas a levantar y me ibas a maullar un "máaaaa" como siempre. No podía ser cierto, no. Pero estabas quietito y yo solo lloraba desconsolada gritando tu nombre y me ahogaba haciéndolo. No lo podía creer, no pude darte una despedida como te lo merecías. Aunque creo que al final nunca quise despedirme de ti. Solo quería más tiempo y que no llegase ese momento en el que cerrases tus ojitos, menos que sufrieses como lo hiciste. Cuando pude recobrar algo de fuerzas, entre sollozos te puse en tu transportador y te llevé a casa. No quise dejarte pasar la noche en la veterianeria y te traje cargadito para que Luh se despidiese de ti, te viera y en algo comprendiera que Miki ya no volvería más. Pero sobre todo, te quería conmigo hijito, a mi lado todo el tiempo que se pudiese.
Recuerdo que por inercia logré levantarme al día siguiente para tu cremación, para depedirme de ti poniendo tu pitita favorita en tus patitas, dándote un besito en tu naricita y agradeciéndote por todo lo que me regaleste en vida, para luego arrancar en llanto de nuevo al verte por últimas vez físicamente. Luego, te llevé a casa en una urnita y te puse en tu cuarto.
Los días posteriores, los recuerdo como si estuviese con los ojos cerrados siempre y llorando. Deambulaba adormitada sin ganas de nada. No había palabra que me consuele. Lloraba cada que contaba cómo te fuiste. La casa me resultaba vacía, no me animana a entrar en tu cuarto, no podía ni pensar en tu hermano, no tenía cabeza porque sufría mucho por ti. Y me dolía más aún verlo rascar tu puerta esperando que le hagas caso y no recibir respuesta alguna. Muchas veces lo cargaba y lo hacía entrar para que vea que ya no estabas, pero su proceso también fue largo. Yo solo sentía y siento culpa, frustración y cólera de no haberte dado un despedida digna, de no haber cumplido como debí contigo, en más tiempo, más atención, más juego, pero amor sí te di, mucho mucho. Mi corazón era tuyo. Traté todo y, di hasta lo que no tuve para que tuvieses calidad de vida a pesar de tu enfermedad, pero sé que cometí varios errores en el camino. Cuando entraba a tu cuarto, lloraba pidiéndote disculpas. Me costó limpiarlo, pasaron muchas semanas para ello. No quería borrar tu olor. Traté de apaciguar la pena con trabajo, manteniéndome ocupada, pero de la nada aparecías tú en un recuerdo, en una foto, en una canción y no tenía consuelo. Sentía un hueco en el pecho que solo me lo arrancaba llorando desconsoladamente. Y así varios meses, hasta que me dí cuenta que debías estar cerca de mí, como tu hermano, y te pasamos a nuestro cuarto. Solo ahí me sentí más tranquila, fue entonces que por fin decidí limpiar tu cuarto, donar tus cositas a un albergue de otros gatitos con leucemia como tú. Y por esos días aparecieron los Caritos, una camada de 5 gatitos que estaban enfermitos de sus ojitos. Con ellos empezó un largo camino siempre pensando en ti. Y sin planearlo, así fue que adoptamos a tu ahora hermanita menor, Ceniza. Ella se parece mucho a ti aunque un poco más rabiocita e intrépida. Le gusta imitar a Luh, así como él lo hacía contigo. A Luh le ha costado adaptarse a ser hermano mayor, pero tú le diste un buen ejemplo. Recién hace poco me animé a sacar tu mantita favorita y usarla para dormir. Pero ellos también se adueñaron de ella, parece que les gusta.
Han pasado muchas cosas, buenas y malas y el dolor se ha ido apaciguando por ratos, pero no ha desaparecido. La pérdida de una mascota, es sumamente dolorosa. Para mí fue igual que la de una persona. Te lloré tanto tanto. Se me fue mi hijo y el luto es algo que no te lo quita nadie. Ni una palabra de consuelo y menos que te digan "Era solo una mascota". Para mí eres un ser de luz que sacó de mí, amor, ternura, paciencia, que me acompañó y consoló cuando estaba triste. Quien me hacía reír con sus curiosidades. Quien se ganaba a todo el mundo por ser cariñoso y guapete. Quien se echaba en mi falda y dormíamos juntos. Quien le respondía al silbido de su papapa y se pasaba sus juguetes por debajo de la puerta con su hermanito Luh. Con quien aprendí a correr de veterinaria a veterinaria, examen tras examen, a quien cuidé y a aprovechaba día a día porque podía ser el último. Desde tu partida siento que no soy la misma, mi alma no termina de encontrar consuelo y estoy aprendiendo a sobrellevar la pena. Mi angelito gollito, te agradezco por todo lo que tu corazoncito me regaló, me dejó mucho y siento que no te di suficiente. Mi primogénito precioso, espero que desde el Puente del Arco Iris, nos cuides y nos tengas en tu corazón como nosotros te tenemos a ti. Que hayas disfrutado una buena vida y te hayas sentido amado. Pronto nos veremos mi amorcito y te apapacharé mucho y sobaré tu pancita y tu naricita como te gustaba.
Te amo mucho mucho mucho mi chanchito bello.
Con harto amor,
Tu mamama