06/09/2026
RELATO Mi primer perro 🐾
Cuando los adultos hablamos de nuestra infancia, muchas veces descubrimos que no recordamos todo lo que vivimos.
A mí me pasa algo particular: más que decir que recuerdo “poco”, diría que recuerdo casi nada.
Pero hay una historia que nunca olvidé.
Cuando tenía aproximadamente 12 años, iba caminando sola al colegio todos los días. Quedaba a unas tres cuadras de mi casa, así que siempre hacía la misma ruta.
Un día, en el camino, me encontré con un perrito mediano, color caramelo, de pelito áspero, como de alambrito.
Me acerqué, lo acaricié y enseguida me di cuenta de que era muy sociable.
Empezó a seguirme.
Caminó conmigo hasta el colegio y, cuando entré a mi salón, se quedó atrás. A la salida ya no estaba.
Al día siguiente, casi a la misma hora y en el mismo lugar, me lo volví a encontrar.
Abrí mi lonchera, compartí con él mi pan con huevo y hasta un poquito de mi refresco.
Desde ese día comenzó nuestra pequeña rutina.
Durante varios días aparecía en mi camino, jugábamos, compartíamos la lonchera y él me acompañaba hasta el colegio.
Hasta que un día decidió quedarse un poco más.
Esperó hasta el primer recreo.
Mis compañeros se acercaron curiosos y yo, orgullosísima, les dije:
—¡Es mi perro! ¡Se llama Boby!
Todos querían conocerlo y acariciarlo.
Hasta que una compañera se acercó demasiado con su lonchera y Boby, probablemente más atento al pan que a las presentaciones, se lo arrancó de la mano.
La lonchera terminó en el piso.
Ese día llamaron a mis papás al colegio para pedirles que, por favor, me prohibieran llevar a mi perro.
Mis padres, completamente sorprendidos, respondieron:
—¿Pero de qué perro nos hablan? ¡Si nosotros no tenemos perro!
Y entonces tuve que contarles toda la verdad.
Boby nunca había sido oficialmente mi perro.
Era simplemente un perrito que apareció un día en mi camino y que, durante un tiempo, decidió acompañarme.
Nunca supe qué fue de él.
No sé si tenía familia, dónde dormía, quién lo alimentaba o hacia dónde se iba cuando me dejaba en la puerta del colegio.
Pero nunca lo olvidé.
Tal vez porque el amor por los animales muchas veces empieza así: con un encuentro inesperado, una mirada, un gesto de confianza o una pequeña amistad que termina quedándose para siempre en nosotros.
Hoy, tantos años después, sigo recordando a aquel perrito color caramelo que durante unos días me hizo sentir que yo también tenía un perro.
Mi primer perro se llamaba Boby. 💔🐾
En Vamos Pet Veterinaria creemos que cada animal que llega a nuestra vida tiene una historia y merece ser tratado con respeto, cuidado y amor.
Porque para ellos quizá somos una parte de su vida, pero muchas veces ellos terminan formando parte de la nuestra para siempre. ❤️
Vamos Pet Veterinaria
Ciencia, cuidado y amor por quienes también son familia.
Escrito por Roxana Decaroli. 🐾