22/09/2026
Bonita historia digna de leer de un oso como ser noble.
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En Monte Cassino, los soldados polacos descargaban cajas de munición cuando apareció un ayudante imposible de confundir.
Pesaba cientos de kilos.
Caminaba sobre dos patas.
Y era un oso.
Se llamaba Wojtek.
La historia había comenzado dos años antes, muy lejos de Italia.
En abril de 1942, un grupo de polacos que atravesaba Irán encontró a un muchacho persa con un pequeño oso pardo sirio. Su madre probablemente había mu**to a manos de cazadores.
El osezno estaba desnutrido y todavía era demasiado pequeño para alimentarse por sí mismo.
Fue comprado y terminó primero bajo el cuidado de una joven refugiada polaca. Unos meses después pasó a la 22.ª Compañía de Abastecimiento de Artillería del II Cuerpo Polaco.
Los soldados lo llamaron Wojtek.
Al principio lo alimentaban con leche condensada diluida en agua utilizando una botella improvisada.
Después empezó a crecer.
Y siguió creciendo.
Vivía entre los hombres, viajaba en sus camiones, dormía cerca de ellos y participaba en juegos de lucha que normalmente terminaban con algún soldado en el suelo.
También desarrolló gusto por la ce***za.
Para los hombres que habían pasado por deportaciones soviéticas, campos, hambre y una larga marcha fuera de la URSS, aquel animal terminó convirtiéndose en algo más que una mascota.
Era parte de la compañía.
Tan literalmente que quedó inscrito en sus registros militares.
En febrero de 1944, Wojtek embarcó con la unidad rumbo a Italia.
Pocos meses después comenzó la batalla que lo convertiría en leyenda.
Monte Cassino.
Las fuerzas aliadas intentaban romper la Línea Gustav alemana. El terreno montañoso hacía que llevar munición hasta las posiciones de artillería fuera un trabajo agotador y peligroso.
La 22.ª Compañía tenía precisamente esa misión.
Camiones llegaban con cajas.
Los hombres las descargaban.
Y, según recordaron varios de aquellos soldados, Wojtek comenzó a observarlos.
Entonces los imitó.
Se levantó sobre las patas traseras y aceptó una caja entre las delanteras.
La llevó hasta el lugar donde los hombres estaban apilando la munición.
Después regresó por otra.
Las cajas podían pesar alrededor de 40 o 45 kilos.
Wojtek no había sido entrenado para hacerlo.
Simplemente había visto trabajar a los soldados.
Durante las operaciones alrededor de Monte Cassino continuó ayudando a descargar y transportar suministros mientras la artillería trabajaba casi sin descanso.
La escena causó tal impresión entre sus compañeros que, después de la batalla, adoptaron una nueva insignia para la unidad:
un oso de pie cargando un proyectil de artillería.
Wojtek terminó alcanzando el rango de cabo.
La guerra terminó.
Para muchos de aquellos soldados polacos regresar a casa era imposible porque Polonia había quedado bajo control comunista.
La compañía fue trasladada a Escocia.
Wojtek fue con ellos.
En 1947, cuando la unidad terminó desmovilizándose, apareció un nuevo problema.
Un oso adulto no podía acompañar a cada soldado hacia su nueva vida.
Fue trasladado al zoológico de Edimburgo.
Allí pasó los últimos dieciséis años de su vida.
Los antiguos compañeros continuaron visitándolo.
Algunos se acercaban al recinto y le hablaban en polaco.
Wojtek reconocía las voces.
Murió el 2 de diciembre de 1963.
Habían pasado más de veinte años desde que unos refugiados encontraron a un pequeño oso huérfano en Irán.
Terminó recorriendo Oriente Medio con un ejército, cruzando el Mediterráneo como miembro oficial de una compañía de artillería y llegando a una de las batallas más duras de la campaña italiana.
En Monte Cassino, entre miles de soldados que cargaban munición hacia el frente, hubo uno cuya silueta terminó pintada para siempre en los vehículos de la unidad.
Un oso caminando sobre dos patas con un proyectil entre los brazos.