14/08/2026
Cada noche, algo recorre tu jardín en silencio. Camina hasta 3 kilómetros buscando insectos, babosas, orugas y lombrices. Lo hace con el hocico pegado al suelo y sin que nadie lo vea. Es el erizo europeo. Y en España casi nadie sabe que está ahí.
El erizo común (Erinaceus europaeus) está presente en toda la Península Ibérica. El erizo moruno (Atelerix algirus) ocupa la franja litoral mediterránea. Los dos son nocturnos. Los dos son insectívoros. Y los dos están protegidos por ley — el Real Decreto 139/2011 los incluye en el Listado de Especies Silvestres en Régimen de Protección Especial. Capturarlo, molestarlo o tenerlo como mascota está prohibido.
Su dieta son los invertebrados: insectos y sus larvas constituyen más del 50% de lo que come. El resto: babosas, caracoles, orugas, ciempiés, lombrices de tierra. Es uno de los controles biológicos de plagas más eficaces que existen. Sin ruido, sin veneno, sin coste.
La principal causa de su muerte en España son los atropellos en carretera. Cuando detecta peligro, se enrolla en bola — una estrategia que funcionó durante 15 millones de años y que no sirve de nada contra un coche.
La segunda causa: las vallas. Los jardines completamente cerrados fragmentan su territorio de alimentación. Un erizo necesita moverse. Si no puede pasar, no puede comer.
La solución más sencilla: un hueco de 13×13 cm en la valla de tu jardín. Eso es todo. No hace falta más.
Si encuentras uno herido o desorientado de día: no lo toques con las manos desnudas (puede tener garrapatas o sarna), colócalo en una caja con ventilación y llama al centro de recuperación de fauna de tu comunidad autónoma.
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