15/06/2026
Cuentan los viejos maestros mezcaleros que, una noche, mientras el maguey fermentaba en la tina, apareció una figura imponente, un hombre alto, de mirada fiera y fuerza descomunal. Sin decir palabra, aquel extraño personaje intentó volcar la tina con todo el fermento. El maestro que lo vio supo de inmediato que no era un hombre común. Era el mismísimo diablo que había ido a visitar la fábrica.
Desde entonces, entre los maestros mezcaleros corre la creencia de que el diablo suele pasar a probar la bebida. Por eso, nadie debe negar un mezcal a quien lo pida, pues nunca se sabe si el visitante es un amigo, un forastero, o el mismísimo diablo disfrazado. Si se le negara, dicen, el mezcal dejaría de rendir, las ollas se dañarían, los maestros podrían quemarse, o la producción se arruinaría. Por eso, al visitante se le ofrece mezcal con respeto, como símbolo de hospitalidad.