17/07/2026
Cuando curar ya no es posible
Ética y compasión ante el paciente terminal.
"No siempre podemos prolongar la vida, pero siempre podemos aliviar el sufrimiento."
En la Facultad de Medicina Veterinaria aprendemos a diagnosticar enfermedades, interpretar análisis clínicos, realizar procedimientos quirúrgicos y utilizar tratamientos cada vez más avanzados. Nos enseñan cuándo hospitalizar, cuándo transfundir, cuándo operar y cómo enfrentar enfermedades complejas con rigor científico.
Sin embargo, existe una pregunta que pocas veces forma parte de nuestra formación.
❓¿Quién nos enseña cuándo detenernos?
No cuándo dejar de cuidar.
No cuándo dejar de acompañar.
Sino cuándo reconocer, con honestidad, que la medicina curativa ha llegado a su límite.
Esta es, probablemente, una de las decisiones más difíciles que enfrentamos como médicos veterinarios, y quizá también una de las más importantes. El éxito de la medicina no siempre consiste en prolongar la vida, durante años hemos asociado el éxito médico con la capacidad de curar enfermedades, y cuando no podemos hacerlo, es fácil sentir que hemos fracasado.
Pero la realidad clínica es distinta.
Existen enfermedades progresivas e irreversibles que, pese a los avances de la medicina, llegan a un punto en el que ya no pueden revertirse.
🔹La enfermedad renal crónica terminal.
🔹Los cánceres metastásicos.
🔹La insuficiencia cardíaca refractaria.
🔹Algunas enfermedades neurológicas degenerativas.
🔹Pacientes geriátricos con múltiples enfermedades que han agotado sus opciones terapéuticas.
En estos escenarios, continuar acumulando tratamientos no siempre significa ofrecer un mayor beneficio.
La pregunta deja de ser:
❓"¿Qué más podemos hacer?"
Y comienza a transformarse en otra mucho más importante:
❓"¿Qué necesita realmente este paciente?"
Cuando el objetivo del tratamiento cambia, aceptar que una enfermedad ya no puede curarse no significa abandonar al paciente. Significa comprender que el objetivo de la medicina ha cambiado. Mientras exista una posibilidad razonable de recuperación, nuestro deber es luchar por ella. Pero cuando esa posibilidad desaparece, la responsabilidad del Médico Veterinario también evoluciona.
El objetivo deja de ser vencer a la enfermedad.
Y pasa a ser proteger al paciente del sufrimiento que esa enfermedad provoca.
No dejamos de tratar.
Comenzamos a tratar algo diferente.
🔹Tratamos el dolor.
🔹La náusea.
🔹La ansiedad.
🔹La dificultad respiratoria.
🔹El miedo.
Y tratamos, sobre todo, de preservar la dignidad.
❇️La diferencia entre tratar y prolongar el sufrimiento
La bioética clínica utiliza un concepto conocido como futilidad terapéutica.
Se refiere a aquellas intervenciones que ya no tienen una probabilidad razonable de alcanzar el objetivo clínico esperado o cuyos beneficios son superados por las cargas que imponen al paciente. No es un concepto sencillo, porque nadie inicia un tratamiento con la intención de prolongar el sufrimiento.
Al contrario, todos comenzamos tratando de salvar una vida.
Sin embargo, llega un momento en algunos pacientes terminales en el que debemos preguntarnos, con absoluta honestidad:
¿Lo que estamos haciendo sigue siendo para el bienestar del paciente... o responde a nuestra dificultad para aceptar que el final se acerca?
No existe una respuesta universal, cada paciente es diferente, cada familia también. Pero formular esta pregunta es, en sí mismo, un acto de responsabilidad ética.
❇️La comunicación también es medicina
Cuando un tutor decide hospitalizar a su compañero de vida, lo hace porque confía en nosotros, y esa confianza implica una responsabilidad enorme. Explicar un pronóstico reservado o grave nunca será una conversación fácil, pero ocultarlo, minimizarlo o generar expectativas irreales puede causar un sufrimiento aún mayor.
Hablar con honestidad no significa destruir la esperanza.
✳︎Significa transformar la esperanza.
Tal vez ya no podamos ofrecer la esperanza de una recuperación.
Pero sí podemos ofrecer la certeza de que cada decisión estará orientada al bienestar del paciente.
La comunicación honesta también forma parte del tratamiento.
❇️La dignidad también se trata
Durante mucho tiempo pensamos que la medicina terminaba cuando ya no era posible curar.
Hoy sabemos que no es así.
Los cuidados paliativos nos recuerdan que todavía queda mucho por hacer.
🔹Controlar el dolor.
🔹Controlar la náusea.
🔹Disminuir la ansiedad.
🔹Evitar procedimientos invasivos que ya no aportan beneficios reales.
🔹Permitir que el paciente permanezca acompañado por quienes le brindan seguridad y afecto cuando las circunstancias lo permiten.
Porque el bienestar también es un tratamiento.
Y la dignidad también forma parte de la medicina.
❇️Una reflexión para nuestra profesión
Como médicos veterinarios llevamos sobre los hombros una enorme responsabilidad, queremos salvar vidas y muchas veces lo logramos, pero también conocemos la otra cara de la medicina.
Aquella en la que ningún fármaco, ninguna cirugía y ningún procedimiento pueden cambiar el desenlace. Aceptar ese momento nunca deja de doler.
No porque hayamos dejado de luchar, sino porque comprendemos cuánto significa ese paciente para la familia que nos lo confió. En esos momentos, la compasión deja de ser un sentimiento y se convierte en una decisión clínica. Porque la medicina veterinaria no demuestra su grandeza únicamente cuando salva una vida.
También la demuestra cuando sabe reconocer, con humildad, que ha llegado el momento de aliviar el sufrimiento.
❇️Un mensaje para nuestros colegas
Este artículo no pretende señalar decisiones individuales ni establecer reglas absolutas.
Cada paciente es único.
Cada familia enfrenta circunstancias diferentes.
Y cada caso merece una evaluación clínica cuidadosa.
Su propósito es invitar a la reflexión sobre una responsabilidad que compartimos todos los médicos veterinarios: reevaluar continuamente si nuestras intervenciones siguen aportando un beneficio real al paciente y recordar que el bienestar debe permanecer como el principio rector de cada decisión.
🟣La bioética no existe para juzgar.
Existe para ayudarnos a formular las preguntas correctas.
✅No siempre podemos prolongar la vida, pero siempre podemos aliviar el sufrimiento. El mayor acto de compasión no consiste en hacer todo lo técnicamente posible, sino en hacer aquello que realmente beneficia al paciente.
Bibliografía esencial:
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