31/08/2026
Durante años creí que a mi mamá no le gustaban los perros. Teníamos una perra blanca, Laika, y cuando tuvo un accidente y el veterinario sugirió dejarla ir, mi mamá, "la que no quería a los perros", exigió que se pagara la cirugía y toda la rehabilitación. Años después, la noche que mi hermano se fue de misionero, Laika se acercó a mi mamá, se le quedó viendo y se fue al fondo del jardín; a las cuatro de la mañana la encontró ahí. Fue el único perro por el que la vi llorar. En mi libro le dediqué a mi madre haberme enseñado "la compasión y el amor a los animales, y en especial hacia los perros". Laika fue la prueba de que ella lo sintió mucho antes de que yo lo entendiera. Ese vínculo, el que no siempre se ve, es el que hoy enseño a leer. Escríbeme FORMACIÓN por mensaje directo.