19/09/2026
✍️ Opinión que nadie me pidió… sobre la violencia:
Nuestro servicio no es una clínica veterinaria como tal, pero eso no nos ha mantenido al margen de la violencia.
Nos ha tocado presenciar violencia doméstica; hemos escuchado el “pues entonces lo voy a abandonar” como una forma de presión psicológica; hemos vivido violencia económica cuando simplemente deciden no pagar una consulta o un servicio ya realizado. Y también violencia digital; insultos, campañas de desprestigio, amenazas y exposición pública.
Y sí, muchas veces esa violencia también viene de otros colegas.
Las redes sociales nos metieron en una dinámica bastante peligrosa; el veterinario se convirtió en enemigo del tutor y del rescatista; el tutor y el rescatista, en enemigos del veterinario.
Y cuando existe una posible negligencia —porque claro que existen y deben investigarse—, otro veterinario puede convertirse rápidamente en juez, perito y verdugo de su propio colega frente a miles de personas.
Todo para alimentar al algoritmo.
No sé si como gremio estamos dimensionando lo que estamos construyendo, porque hemos pasado de denunciar la violencia a veces a producirla, amplificarla e incluso legitimarla.
Y no, la solución no es quedarse callados.
En México existen procesos para denunciar (aunque no sean eficientes). Dependiendo de los hechos, existen vías civiles, penales, administrativas y de protección al consumidor. Una amenaza o una agresión puede denunciarse ante las autoridades competentes; una controversia derivada de la prestación de un servicio puede tener vías administrativas o civiles; y una posible negligencia profesional puede documentarse, someterse a peritajes y discutirse dentro de un procedimiento en el que ambas partes tengan oportunidad de aportar pruebas.
Las redes pueden servir para visibilizar una injusticia, pero no deberían convertirse automáticamente en el juicio.
Un procedimiento legal, con todas sus limitaciones, obliga a identificar hechos, presentar pruebas, escuchar a las partes y determinar responsabilidades.
Y eso también aplica para nosotros.
Si un veterinario es amenazado, extorsionado, golpeado, acosado o su establecimiento es atacado, tampoco debería asumir que “es parte del trabajo”. Hay hechos que deben documentarse y, dependiendo del caso, denunciarse ante el Ministerio Público o las autoridades correspondientes. Guardar mensajes, capturas, videos, datos de testigos, comprobantes y demás evidencia puede ser fundamental.
Por eso también echo de menos una respuesta mucho más activa de colegios, asociaciones y federaciones veterinarias.
No necesitamos únicamente comunicados de papel después de que golpearon, amenazaron o destruyeron el negocio de un colega.
Necesitamos protocolos de actuación, orientación jurídica, acompañamiento para denunciar, redes de apoyo y mecanismos internos para reportar situaciones de riesgo.
Y voy a decir algo que probablemente va a sonar feo:
si una discusión por falta de pago o una devolución comienza a escalar hacia la violencia, déjenlos ir.
Después se documenta, después se reclama por las vías correspondientes, después se decide jurídicamente qué procede; una cuenta pendiente no vale una agresión.
En Jalisco —y en cualquier parte— más vale perder una consulta que perder el negocio, la integridad física o la vida.
Pero dejarlos ir no significa dejarnos solos.
Significa hacer gremio; documentar incidentes, acompañar al colega que denuncia, generar mecanismos preventivos y compartir información de riesgo únicamente mediante canales profesionales y dentro de los límites legales aplicables.
Quizá el problema ya no sea solamente que exista violencia contra el gremio.
El problema es que nos estamos acostumbrando a ella mientras, paradójicamente, también aprendemos a ejercerla entre nosotros.
Y cuando una profesión comienza a normalizar la violencia hacia afuera y hacia adentro, ningún comunicado va a ser suficiente para arreglarla.
Saludos!