Associació de Gats GatSort

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Associació de Gats GatSort Associació sense ànim de lucre dedicada al benestar dels g*ts/es urbans de la vila de Sort.

13/10/2026

🐶💚 ¡NECESITAMOS PIENSO!🐾

En la Protectora d’Animals Lydia Argilés necesitamos vuestra ayuda para llenar los comederos de nuestros 140 peludos. 🐕❤️

¿Vienes a visitarnos? 🏡 ¡Puedes aprovechar y traer algún s**o de pienso! Cada s**o cuenta y nos ayuda muchísimo a seguir cuidando de todos ellos. 🐾💚

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👉 En nuestras historias destacadas ( las redondas de arriba) en «CÓMO AYUDAR», te explicamos cómo puedes hacer una donación de pienso a través de BONA ÀREA. 🛒🐶

¡Cualquier ayuda, por pequeña que sea, suma! Entre todos podemos conseguir que a ninguno de nuestros peludos les falte su comida. 🥹❤️

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¡Gracias de corazón por estar a nuestro lado y por ayudar a nuestros 140 perretes! 💚🐾

12/10/2026

Javier Otero no es un rostro de portada, pero su vida —ese caos hermoso de perros que no quieren volver, zorros que nadie adoptaría y una loba checa que gobierna una manada imposible— es exactamente lo que necesitamos mirar cuando todo lo demás arde. Este gallego, exbuzo reconvertido en creador de contenido, ha construido en año y medio un refugio multiespecie donde conviven g*tos, cabras, ovejas, un potro y su verdadera obsesión: las aves, los córvidos, esos animales que la cultura popular condenó al olvido y que él reivindica con una ternura que desarma. Pinki, el perro parrandero, se ha convertido en meme y en consigna: "¡Pa casa, Pinki!" es el grito de alguien que ha entendido que el hogar no es un lugar, sino una decisión ética que se renueva cada día. Frente a los algoritmos que premian la estupidez y los vertederos que devoran elefantes, Otero hace algo radical: cuidar. Y lo hace sin épica, sin subvenciones, sin el aplauso de las instituciones. Esta no es una historia de éxito viral; es una acusación silenciosa a un sistema que celebra a los cantamañanas y desprecia a quienes sostienen, con sus manos y su tiempo, lo poco que aún respira en este planeta.

Cuando la conversación pública sobre los influencers se reduce a su supuesta caída en desgracia, a la burla fácil y al ajuste de cuentas generacional, conviene detenerse en lo que realmente está en juego. La palabra influencer —esa que hoy casi suena a insulto— ha sido secuestrada por el ruido, pero designa también a personas que ejercen una influencia real, profunda y necesaria. Javier Otero es una de ellas. Su contenido no vende cremas ni promociona apuestas; muestra el día a día de una familia que no cabe en los manuales de etología ni en los planes de urbanismo. Pinki, el perro que nunca quiere volver a casa, es la metáfora perfecta de nuestra época: todos queremos quedarnos fuera, en la intemperie, aunque sepamos que ahí no hay refugio. El Abuelo Zarigüeya, ese can abandonado a una edad que la adopción convierte en sentencia, representa a todos los seres que la sociedad descarta por viejos, por incómodos, por no encajar en el relato de la utilidad. Y Anubis, la loba checa que es el núcleo emocional de la manada, encarna una verdad incómoda: la naturaleza salvaje no necesita nuestra permisividad, necesita nuestro respeto.

El fenómeno Otero no es un caso aislado. Es la respuesta instintiva, casi desesperada, de una parte de la humanidad que ha entendido que el modelo extractivista nos está matando. Mientras los gobiernos debaten subsidios al diésel y las corporaciones compran créditos de carbono para seguir contaminando, hay personas que dedican sus noches a alimentar colonias felinas bajo la lluvia, que rescatan córvidos heridos y que construyen manadas multiespecie donde la jerarquía no se impone, se negocia. La columna de El País que enmarca esta historia lo dice con precisión quirúrgica: en los desempeños que implican cuidados y aportan poco reconocimiento social, el número de mujeres siempre es superior. Las cuidadoras de colonias felinas —esas que son insultadas, agredidas y ignoradas— y Javier Otero comparten una misma trinchera: la del amor que no espera recompensa. Esa trinchera no sale en los telediarios, pero es la que sostiene el poco tejido moral que nos queda.

Las causas de fondo son las de siempre, pero conviene nombrarlas sin pudor. El Antropoceno no es solo una era geológica: es una cosmovisión. Es la creencia de que el planeta es un recurso y los animales, mercancía o decorado. Es el modelo económico que externaliza los costes ambientales y sociales, que premia la velocidad y castiga la paciencia, que convierte el cuidado en una anomalía romántica. La desconexión cultural es brutal: hemos pasado de convivir con animales a consumirlos en reels de quince segundos. Los córvidos, esos animales inteligentísimos que Otero reivindica, han sido históricamente demonizados por superstición y ahora ignorados por desinterés. Mientras tanto, las colonias felinas urbanas —ese fenómeno que debería avergonzarnos— siguen siendo gestionadas por voluntarias que ponen dinero de su bolsillo y se enfrentan a vecinos hostiles. El sistema no falla: el sistema está diseñado para que esto ocurra.

El impacto ecológico es medible en especies extintas, ecosistemas colapsados y temperaturas récord. Pero el impacto moral es más difícil de cuantificar y, quizá, más grave. Una sociedad que celebra la caída de los influencers mientras ignora a quienes cuidan animales abandonados está enferma de cinismo. Una cultura que convierte el amor por los animales en contenido viral pero no en política pública es una cultura que ha aprendido a sentir sin actuar. La manada de Otero —g*tos, cabras, ovejas, un potro, córvidos, perros y una loba— es un experimento social que funciona. No necesita permiso. No pide subvención. Solo pide que dejemos de mirar hacia otro lado.

Hay esperanza, pero no es naïve. Existen redes de voluntariado que sostienen colonias felinas en cada ciudad. Hay educadores ambientales que enseñan a respetar a los córvidos. Hay plataformas que promueven la adopción de animales mayores. Hay personas como Otero que demuestran que otra relación con la naturaleza es posible, aunque sea a pequeña escala, aunque sea en un pueblo de Galicia, aunque sea sin el aplauso de nadie. La solución no vendrá de arriba: vendrá de la suma de estas trincheras, de estas manadas improbables, de estos gritos de "¡Pa casa, Pinki!" que son, en realidad, un llamado a recuperar el hogar común que hemos destruido.

¿Cuántos elefantes más tendrán que caminar entre basura antes de que entendamos que el problema no es la basura, sino nuestra indiferencia? ¿Cuántos perros abandonados, cuántos córvidos heridos, cuántas voluntarias insultadas harán falta para que dejemos de celebrar la caída de los influencers y empecemos a celebrar a quienes, como Javier Otero, han decidido influir con sus manos, con su tiempo y con su vida? Lo que está en juego no es una especie, ni un paisaje, ni siquiera un planeta habitable —aunque también—. Lo que está en juego es nuestra capacidad de cuidar, de quedarnos, de decir "pa casa" y quedarnos de verdad. Si perdemos eso, habremos perdido el alma.

23/09/2026
08/09/2026

Aquets dos petits buscan familia responsable que els estimin , tinguin cura d.ells , es fara contracta de seguiment , millor adopció conjunta ja que no se separan mai i es millor per ells, esperem que tinguin sort.

Aquets petitons buscan familia responsable , es fara contracte, i seguiment , posarse en contacte aqui telf  616 66 92 3...
02/08/2026

Aquets petitons buscan familia responsable , es fara contracte, i seguiment , posarse en contacte aqui telf 616 66 92 35 adoptar un g*t o un gos porta responsabilitat i es per tota la vida i també porta moltes gratificacions .

01/08/2026
30/07/2026

Tremp
Dana viajaba con sus dueños y posiblemente se ha escapado del coche en la zona del Esclat
Llevaba su lacito violeta
Si alguien la ve por favor que se ponga en contacto con Rafa ‪+34 665 05 18 96‬
O con nosotros 610685600

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