16/09/2026
“Ya es mayor, es normal que se mueva menos”
Es una frase que escuchamos con frecuencia en consulta.
Y aunque el envejecimiento conlleva cambios físicos y funcionales, una disminución progresiva de la movilidad no debería atribuirse automáticamente a la edad.
En perros y gatos geriátricos, moverse menos puede ser una manifestación de dolor crónico, especialmente musculoesquelético, pero también puede estar relacionado con enfermedades neurológicas, endocrinas, cardiovasculares, renales u otras patologías frecuentes en esta etapa de la vida.
El dolor, además, no siempre se manifiesta con una cojera evidente o vocalizaciones.
A veces se presenta de forma mucho más sutil: animales que duermen más, evitan saltos o subir escaleras, tienen dificultad para levantarse, cambio en la conducta…
Por eso, en un paciente geriátrico, una valoración veterinaria completa es fundamental. Es importante realizar una exploración física y musculoesquelética sistemática, localizar posibles puntos de dolor, valorar movilidad y masa muscular y, cuando está indicado, completar el estudio con pruebas diagnósticas.
Y una vez identificado el problema, el objetivo no debería ser simplemente conseguir que el animal “aguante”.
El objetivo es mejorar su calidad de vida.
Para ello podemos recurrir a una estrategia terapéutica multimodal, adaptada individualmente a cada paciente, modulando el ejercicio, aplicando fisioterapia y rehabilitación, modificaciones del entorno, analgesia…
En geriatría veterinaria, pequeños cambios pueden suponer una gran diferencia.
Si tu perro o tu gato ya no hace cosas que antes hacía con facilidad, no lo atribuyas simplemente a que “se está haciendo viejo”.
Una valoración veterinaria puede ayudarnos a descubrir qué está limitando su movilidad y, sobre todo, qué podemos hacer para que vuelva a disfrutar de su día a día.
Envejecer es inevitable. Vivir con dolor no tiene por qué serlo.