Etolcanin

Etolcanin Animal Behavior and Welfare Consulting
Comportamiento y Bienestar Animal aplicado. Tienda Especializada Universidad de San Jorge. Reg.

Practicas del Máster de Etología e Intervenciones Asistidas con Animales
Formación de profesionales y Educación para Tutores/Responsables. Nuestro objetivo principal en Etolcanin es mejorar la convivencia entre personas y animales, ofreciendo soluciones reales y sostenibles que promuevan el bienestar, la comunicación y el respeto mutuo. Por otro lado esta pagina 𝗘𝘀 𝘂𝗻 𝗲𝘀𝗽𝗮𝗰𝗶𝗼 𝗱𝗲 𝗱𝗶𝘃𝘂𝗹𝗴𝗮𝗰𝗶ó𝗻 𝗰𝗶𝗲𝗻

𝘁í𝗳𝗶𝗰𝗮, creado con la intención de 𝗮𝗰𝗲𝗿𝗰𝗮𝗿 𝗲𝗹 𝗰𝗼𝗻𝗼𝗰𝗶𝗺𝗶𝗲𝗻𝘁𝗼 𝗖𝗶𝗲𝗻𝘁𝗶𝗳𝗶𝗰𝗼, 𝗧𝗲́𝗰𝗻𝗶𝗰𝗼 𝘆 𝗥𝗶𝗴𝘂𝗿𝗼𝘀𝗼 a profesionales, amateurs y, por supuesto, a todas las personas que conviven con perros y quieren comprenderlos mejor. Creemos firmemente que 𝗰𝗼𝗺𝗽𝗿𝗲𝗻𝗱𝗲𝗿 𝗮 𝗹𝗼𝘀 𝗮𝗻𝗶𝗺𝗮𝗹𝗲𝘀 𝗰𝗼𝗻 𝗹𝗼𝘀 𝗾𝘂𝗲 𝗰𝗼𝗺𝗽𝗮𝗿𝘁𝗶𝗺𝗼𝘀 𝗹𝗮 𝘃𝗶𝗱𝗮 no solo ayuda a resolver problemas de conducta, sino que también 𝗳𝗼𝗿𝘁𝗮𝗹𝗲𝗰𝗲 𝘃𝗶́𝗻𝗰𝘂𝗹𝗼𝘀, aporta equilibrio emocional y enriquece la relación día a día. Con más de 20 años de experiencia, 𝗘𝘁𝗼𝗹𝗰𝗮𝗻𝗶𝗻 𝘀𝗲 𝗵𝗮 𝗰𝗼𝗻𝘀𝗼𝗹𝗶𝗱𝗮𝗱𝗼 𝗰𝗼𝗺𝗼 𝘂𝗻 𝗲𝘀𝗽𝗮𝗰𝗶𝗼 𝗱𝗲 𝗿𝗲𝗳𝗲𝗿𝗲𝗻𝗰𝗶𝗮 𝗲𝗻 𝗹𝗮 𝗳𝗼𝗿𝗺𝗮𝗰𝗶𝗼́𝗻 𝗱𝗲 𝗽𝗿𝗼𝗳𝗲𝘀𝗶𝗼𝗻𝗮𝗹𝗲𝘀: educadores caninos, adiestradores y veterinarios con inquietudes formativas en comportamiento y bienestar animal aplicado. Además, uno de nuestros 𝗽𝗶𝗹𝗮𝗿𝗲𝘀 𝗳𝘂𝗻𝗱𝗮𝗺𝗲𝗻𝘁𝗮𝗹𝗲𝘀 𝗲𝘀 𝗲𝗹 𝗮𝗰𝗼𝗺𝗽𝗮𝗻̃𝗮𝗺𝗶𝗲𝗻𝘁𝗼 𝘆 𝗹𝗮 𝗳𝗼𝗿𝗺𝗮𝗰𝗶𝗼́𝗻 𝗱𝗲 𝘁𝘂𝘁𝗼𝗿𝗲𝘀 𝗱𝗲 𝗽𝗲𝗿𝗿𝗼𝘀 𝘆 𝗴𝗮𝘁𝗼𝘀, especialmente en aquellos casos en los que existen dificultades de comunicación, problemas de relación o la necesidad de contar con herramientas para educar y reconducir conductas molestas o incompatibles con la convivencia. Nuestro 𝗲𝗻𝗳𝗼𝗾𝘂𝗲 𝘂𝗻𝗲 𝗹𝗼 𝗺𝗲𝗷𝗼𝗿 𝗱𝗲 𝗱𝗶𝘀𝘁𝗶𝗻𝘁𝗮𝘀 𝗱𝗶𝘀𝗰𝗶𝗽𝗹𝗶𝗻𝗮𝘀: biología, veterinaria, etología aplicada y clínica, psicología comparada y fisiología de la conducta. Esta mirada integral nos permite 𝗮𝗯𝗼𝗿𝗱𝗮𝗿 𝗰𝗮𝗱𝗮 𝗰𝗮𝘀𝗼 𝗱𝗲𝘀𝗱𝗲 𝗹𝗮 𝗰𝗶𝗲𝗻𝗰𝗶𝗮, 𝗽𝗲𝗿𝗼 𝘁𝗮𝗺𝗯𝗶𝗲́𝗻 𝗱𝗲𝘀𝗱𝗲 𝗹𝗮 𝗲𝗺𝗽𝗮𝘁𝗶́𝗮 𝘆 𝗹𝗮 𝗰𝗲𝗿𝗰𝗮𝗻𝗶́𝗮, adaptándonos tanto a las necesidades del animal como a las de su familia humana.

𝗡𝗼 𝘁𝗿𝗮𝗯𝗮𝗷𝗮𝗺𝗼𝘀 𝗰𝗼𝗻 𝗿𝗲𝗰𝗲𝘁𝗮𝘀 𝘂𝗻𝗶𝘃𝗲𝗿𝘀𝗮𝗹𝗲𝘀 𝗻𝗶 𝗰𝗼𝗻 𝗺𝗲́𝘁𝗼𝗱𝗼𝘀 𝗿𝗶́𝗴𝗶𝗱𝗼𝘀, porque cada perro o gato es único. Lo que ofrecemos son intervenciones personalizadas a la medida del problema que responsables de perros y estos requieren, siempre con la meta de mejorar el bienestar animal y humano. Para lograrlo, aplicamos 𝘁𝗲́𝗰𝗻𝗶𝗰𝗮𝘀 𝗺𝗼𝗱𝗲𝗿𝗻𝗮𝘀 𝗱𝗲 𝗲𝗻𝘁𝗿𝗲𝗻𝗮𝗺𝗶𝗲𝗻𝘁𝗼, 𝗲𝗻𝗿𝗶𝗾𝘂𝗲𝗰𝗶𝗺𝗶𝗲𝗻𝘁𝗼 𝗮𝗺𝗯𝗶𝗲𝗻𝘁𝗮𝗹, 𝗺𝗮𝗻𝗲𝗷𝗼 𝗲𝗺𝗼𝗰𝗶𝗼𝗻𝗮𝗹 𝘆 𝗮𝗰𝗼𝗺𝗽𝗮𝗻̃𝗮𝗺𝗶𝗲𝗻𝘁𝗼 𝗰𝗼𝗻𝘁𝗶𝗻𝘂𝗼, 𝗮𝗰𝘁𝘂𝗮𝗹𝗶𝘇𝗮𝗱𝗮𝘀 con los últimos avances científicos en el estudio del comportamiento.

¿𝗾𝘂𝗶𝗲𝗿𝗲𝘀 𝘀𝗮𝗯𝗲𝗿 𝗺𝗮́𝘀 𝘀𝗼𝗯𝗿𝗲 𝗻𝗼𝘀𝗼𝘁𝗿𝗼𝘀?: https://etolcanin.com/

> Especialistas en Comportamiento y Bienestar Animal.
> Máster en Etología y Bienestar Animal Aplicado. Universidad Santiago Compostela.
> Máster en Etología en Animales de Compañía. Universidad Autónoma de Barcelona.
> Especialistas en Comportamiento Animal. Universidad- UdG
> Especialistas en Cognición, Aprendizaje y Emoción animal.-UdG
> Técnico en Etología Clínica. Zaragoza.
> Educadores Acreditados por el Gobierno Vasco. GI-007, GI-148
> Certificado de Profesionalidad en Adiestramiento de Base y Educación Canina. SEAD0412 Ministerio de Empleo y Seguridad Social. Centro Acreditado por ANACP, Cédula nº 0131/2018
Club Federado, Grupos de Mantrailing, FEGMA

13/08/2026

🐶🧠 Belén Larrán, investigadora de la USC: "El síndrome de disfunción cognitiva canina comparte muchas similitudes con el alzhéimer"

🔬 La veterinaria vinculada al Instituto iTerra del campus de , participa en una investigación sobre el síndrome de disfunción cognitiva canina, con una gran relevancia por su valor como modelo natural para estudiar esta dolencia en humanos

🔗 https://mrf.lu/2xR6H

FORMACIÓN𝗘𝗹 𝗲𝗻𝘁𝗿𝗲𝗻𝗮𝗺𝗶𝗲𝗻𝘁𝗼 𝗰𝗼𝗺𝗼 𝗵𝗲𝗿𝗿𝗮𝗺𝗶𝗲𝗻𝘁𝗮 𝗱𝗲 𝗿𝗲𝗴𝘂𝗹𝗮𝗰𝗶ó𝗻 𝗲𝗺𝗼𝗰𝗶𝗼𝗻𝗮𝗹.(19 y 26 Septiembre, 17.00-21:00) CEST Madrid, Online...
10/08/2026

FORMACIÓN
𝗘𝗹 𝗲𝗻𝘁𝗿𝗲𝗻𝗮𝗺𝗶𝗲𝗻𝘁𝗼 𝗰𝗼𝗺𝗼 𝗵𝗲𝗿𝗿𝗮𝗺𝗶𝗲𝗻𝘁𝗮 𝗱𝗲 𝗿𝗲𝗴𝘂𝗹𝗮𝗰𝗶ó𝗻 𝗲𝗺𝗼𝗰𝗶𝗼𝗻𝗮𝗹.

(19 y 26 Septiembre, 17.00-21:00)
CEST Madrid, Online en Directo.

"𝐄𝐥 𝐞𝐧𝐭𝐫𝐞𝐧𝐚𝐦𝐢𝐞𝐧𝐭𝐨 𝐧𝐨 𝐝𝐞𝐛𝐞 𝐞𝐧𝐭𝐞𝐧𝐝𝐞𝐫𝐬𝐞 𝐮́𝐧𝐢𝐜𝐚𝐦𝐞𝐧𝐭𝐞 𝐜𝐨𝐦𝐨 𝐮𝐧 𝐦𝐞𝐜𝐚𝐧𝐢𝐬𝐦𝐨 𝐩𝐚𝐫𝐚 𝐜𝐨𝐧𝐬𝐞𝐠𝐮𝐢𝐫 𝐜𝐨𝐧𝐝𝐮𝐜𝐭𝐚𝐬; 𝐭𝐚𝐦𝐛𝐢𝐞́𝐧 𝐞𝐬 𝐮𝐧 𝐩𝐫𝐨𝐜𝐞𝐬𝐨 𝐜𝐚𝐩𝐚𝐳 𝐝𝐞 𝐦𝐨𝐝𝐢𝐟𝐢𝐜𝐚𝐫 𝐥𝐚 𝐟𝐨𝐫𝐦𝐚 𝐞𝐧 𝐥𝐚 𝐪𝐮𝐞 𝐮𝐧 𝐢𝐧𝐝𝐢𝐯𝐢𝐝𝐮𝐨 𝐩𝐞𝐫𝐜𝐢𝐛𝐞, 𝐢𝐧𝐭𝐞𝐫𝐩𝐫𝐞𝐭𝐚 𝐲 𝐫𝐞𝐬𝐩𝐨𝐧𝐝𝐞 𝐚𝐥 𝐦𝐮𝐧𝐝𝐨, 𝐟𝐚𝐯𝐨𝐫𝐞𝐜𝐢𝐞𝐧𝐝𝐨 𝐞𝐥 𝐝𝐞𝐬𝐚𝐫𝐫𝐨𝐥𝐥𝐨 𝐝𝐞 𝐜𝐨𝐦𝐩𝐞𝐭𝐞𝐧𝐜𝐢𝐚𝐬 𝐜𝐨𝐠𝐧𝐢𝐭𝐢𝐯𝐚𝐬, 𝐥𝐚 𝐫𝐞𝐠𝐮𝐥𝐚𝐜𝐢𝐨́𝐧 𝐞𝐦𝐨𝐜𝐢𝐨𝐧𝐚𝐥 𝐲 𝐞𝐥 𝐛𝐢𝐞𝐧𝐞𝐬𝐭𝐚𝐫." - Manuel Villar

¿𝗤𝗨É 𝗔𝗣𝗥𝗘𝗡𝗗𝗘𝗥𝗘𝗠𝗢𝗦?

Aprenderemos a interpretar el entrenamiento desde una perspectiva completamente diferente, entendiendo que cada experiencia de aprendizaje modifica la forma en la que un individuo construye su relación con el entorno.

Analizaremos cómo se generan las expectativas, cómo la atención dirige el aprendizaje, qué papel desempeñan la motivación y la predicción, y cómo variables como la distancia, la intensidad, la duración, la recuperación, la predictibilidad o la sensación de control condicionan el resultado de una intervención.

Trabajaremos los principales procesos de aprendizaje, tanto asociativos como no asociativos, comprendiendo cómo la habituación, la sensibilización, la desensibilización, el condicionamiento clásico y el condicionamiento operante interactúan con los estados emocionales y modifican la conducta.

Descubriremos cómo reinterpretar los ejercicios tradicionales desde una perspectiva funcional, dejando de preguntarnos únicamente qué conducta enseñan para empezar a analizar qué competencias desarrollan. Atención, autorregulación, exploración, flexibilidad cognitiva, autonomía, resiliencia o referencia social dejarán de entenderse como consecuencias indirectas del entrenamiento para convertirse en objetivos explícitos de la intervención.

También integraremos aportaciones de la psicología comparada y del entrenamiento de otras especies para comprender que muchos de los procesos que utilizamos con perros y gatos responden a mecanismos generales del aprendizaje y de la adaptación biológica.

Esto permitirá ampliar nuestra comprensión del entrenamiento más allá de una única especie y entender qué principios son universales y cuáles dependen de las características particulares de cada animal.

Finalmente, aprenderemos a analizar situaciones reales, interpretar el estado emocional del individuo, identificar las variables relevantes del contexto y tomar decisiones fundamentadas para diseñar intervenciones ajustadas a cada caso.

𝐈𝐧𝐟𝐨𝐫𝐦𝐚𝐜𝐢𝐨́𝐧: www.etolcanin.com/agenda
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© 𝐄𝐭𝐨𝐥𝐜𝐚𝐧𝐢𝐧 - 𝐂𝐨𝐦𝐩𝐨𝐫𝐭𝐚𝐦𝐢𝐞𝐧𝐭𝐨 𝐲 𝐁𝐢𝐞𝐧𝐞𝐬𝐭𝐚𝐫 𝐀𝐧𝐢𝐦𝐚𝐥 , 𝟐𝟎𝟐𝟔. Todos los derechos reservados. Esta fotografía está protegida por la legislación sobre propiedad intelectual. Queda prohibida su reproducción, distribución, comunicación pública, transformación o cualquier otro uso sin la autorización expresa del autor.

© 𝐄𝐭𝐨𝐥𝐜𝐚𝐧𝐢𝐧 - 𝐂𝐨𝐦𝐩𝐨𝐫𝐭𝐚𝐦𝐢𝐞𝐧𝐭𝐨 𝐲 𝐁𝐢𝐞𝐧𝐞𝐬𝐭𝐚𝐫 𝐀𝐧𝐢𝐦𝐚𝐥 , 𝟐𝟎𝟐𝟔 Todos los derechos reservados. Este texto constituye una obra original del autor y ha sido redactado íntegramente sin la intervención de sistemas de inteligencia artificial generativa. Queda prohibida su reproducción, distribución o transformación sin autorización expresa por escrito.

Pues eso… ¡nos vamos de vacaciones! 🌊☀️Toca parar un poquito, respirar, cargar las pilas y recuperar energía. Porque des...
06/08/2026

Pues eso… ¡nos vamos de vacaciones! 🌊☀️

Toca parar un poquito, respirar, cargar las pilas y recuperar energía. Porque descansar también forma parte del camino… y hace mucha falta.

Volveremos con fuerzas renovadas y con más etología aplicada, educación, acompañamiento y bienestar animal. 🐾

04/08/2026

𝗘𝗹 𝗰𝗶𝗿𝗰𝘂𝗶𝘁𝗼 𝗱𝗲 𝗿𝗲𝗰𝗼𝗺𝗽𝗲𝗻𝘀𝗮 𝗲𝗻 𝗽𝗲𝗿𝗿𝗼𝘀 𝘆 𝗴𝗮𝘁𝗼𝘀: 𝗮𝗽𝗿𝗲𝗻𝗱𝗲𝗿 𝗻𝗼 𝗲𝘀 𝘀𝗼𝗹𝗼 “𝗿𝗲𝗰𝗶𝗯𝗶𝗿 𝘂𝗻 𝗽𝗿𝗲𝗺𝗶𝗼”

Cuando hablamos de aprendizaje en perros y gatos, muchas veces pensamos en algo muy visible: una conducta, una señal, una respuesta, un premio. El perro se sienta y recibe comida. El gato entra en el transportín y recibe una recompensa. Parece sencillo.

Pero por debajo de esa escena aparentemente simple está ocurriendo algo mucho más complejo: el cerebro está evaluando, anticipando, comparando y actualizando información.

𝗘𝗹 𝗮𝗻𝗶𝗺𝗮𝗹 𝗻𝗼 𝘀𝗼𝗹𝗼 𝗮𝗽𝗿𝗲𝗻𝗱𝗲 𝗾𝘂𝗲́ 𝗵𝗮𝗰𝗲𝗿; 𝗮𝗽𝗿𝗲𝗻𝗱𝗲 𝗾𝘂𝗲́ 𝗲𝘀𝗽𝗲𝗿𝗮𝗿.
El llamado circuito de recompensa incluye estructuras como el área tegmental ventral, el núcleo accumbens, el estriado, la amígdala, el hipocampo y regiones corticales implicadas en la toma de decisiones.

𝐍𝐨 𝐟𝐮𝐧𝐜𝐢𝐨𝐧𝐚 𝐜𝐨𝐦𝐨 𝐮𝐧 𝐬𝐢𝐦𝐩𝐥𝐞 “𝐛𝐨𝐭𝐨́𝐧 𝐝𝐞𝐥 𝐩𝐥𝐚𝐜𝐞𝐫”.
La evidencia neurocientífica actual describe este sistema como una red que participa en la motivación, la predicción, la valoración de consecuencias y la selección de conductas dirigidas a objetivos. En este sentido, 𝘍𝘭𝘰𝘳𝘦𝘴 𝘦𝘵 𝘢𝘭. (𝟤𝟢𝟤𝟦) señalan que el núcleo accumbens participa tanto en procesos de recompensa como de aversión, y que ambos son esenciales para comprender la motivación, el aprendizaje adaptativo y la conducta dirigida a metas.

Aquí aparece una idea fundamental: la dopamina no debe entenderse solo como “la sustancia del placer”. Esa explicación se ha quedado demasiado corta.

La dopamina 𝐩𝐚𝐫𝐭𝐢𝐜𝐢𝐩𝐚 𝐝𝐞 𝐦𝐚𝐧𝐞𝐫𝐚 𝐢𝐦𝐩𝐨𝐫𝐭𝐚𝐧𝐭𝐞 𝐞𝐧 𝐥𝐚 𝐬𝐞𝐧̃𝐚𝐥 𝐝𝐞 𝐞𝐫𝐫𝐨𝐫 𝐝𝐞 𝐩𝐫𝐞𝐝𝐢𝐜𝐜𝐢𝐨́𝐧 𝐝𝐞 𝐫𝐞𝐜𝐨𝐦𝐩𝐞𝐧𝐬𝐚; es decir, en la diferencia entre lo que el animal esperaba que ocurriera y lo que realmente ocurre. Cuando una consecuencia es mejor de lo esperado, el sistema se activa y aumenta la probabilidad de que esa información sea aprendida. Cuando la consecuencia no aparece o es peor de lo esperado, el sistema ajusta la expectativa.

Este papel de la dopamina en el aprendizaje por predicción ha sido revisado en profundidad por 𝘊𝘩𝘦𝘯 𝘦𝘵 𝘢𝘭. (𝟤𝟢𝟤𝟥) y 𝘞𝘢𝘵𝘢𝘣𝘦-𝘜𝘤𝘩𝘪𝘥𝘢 (𝟤𝟢𝟤𝟥), especialmente en relación con el aprendizaje asociativo y la actualización de expectativas. Esto, llevado al entrenamiento, es tremendamente importante.

Cuando un perro recibe una recompensa después de una conducta, no solo “cobra” por hacer algo. Su cerebro está construyendo una asociación entre contexto, señal, acción, consecuencia y estado emocional. Por eso el tiempo, la claridad y la coherencia son tan importantes.

𝗨𝗻 𝗿𝗲𝗳𝘂𝗲𝗿𝘇𝗼 𝗺𝗮𝗹 𝗰𝗼𝗹𝗼𝗰𝗮𝗱𝗼 𝗻𝗼 𝘀𝗼𝗹𝗼 𝗽𝗿𝗲𝗺𝗶𝗮 𝘁𝗮𝗿𝗱𝗲; 𝗽𝘂𝗲𝗱𝗲 𝗲𝗻𝘀𝗲𝗻̃𝗮𝗿 𝗼𝘁𝗿𝗮 𝗰𝗼𝘀𝗮.
En perros, los estudios con resonancia magnética funcional en individuos despiertos han mostrado activación de regiones como el núcleo caudado ante señales asociadas a recompensa.

𝘉𝘦𝘳𝘯𝘴 𝘦𝘵 𝘢𝘭. (𝟤𝟢𝟣𝟨) observaron que algunos perros mostraban respuestas neurales importantes no solo ante comida, sino también ante señales asociadas al elogio social de su persona de referencia. Esto ayuda a entender por qué, para algunos perros, la recompensa social puede tener un valor real dentro del aprendizaje, aunque no todos los individuos la valoren igual.

Además, 𝘊𝘰𝘰𝘬 𝘦𝘵 𝘢𝘭. (𝟤𝟢𝟣𝟪) mostraron que los perros pueden generar curvas rápidas de aprendizaje neural ante estímulos visuales, olfativos y verbales asociados a recompensa, implicando regiones como el caudado, la amígdala y áreas corticales.

Esto es muy relevante porque nos recuerda que el aprendizaje no se limita a “hacer una conducta”; también implica percepción, emoción, memoria y anticipación.

"𝗘𝗹 𝗽𝗲𝗿𝗿𝗼 𝗻𝗼 𝗮𝗽𝗿𝗲𝗻𝗱𝗲 𝘀𝗼𝗹𝗼 𝗱𝗲𝗹 𝗽𝗿𝗲𝗺𝗶𝗼; 𝗮𝗽𝗿𝗲𝗻𝗱𝗲 𝗱𝗲 𝘁𝗼𝗱𝗼 𝗲𝗹 𝗰𝗼𝗻𝘁𝗲𝘅𝘁𝗼 𝗾𝘂𝗲 𝗮𝗻𝘂𝗻𝗰𝗶𝗮 𝗲𝘀𝗲 𝗽𝗿𝗲𝗺𝗶𝗼."

Esto explica por qué una bolsa de comida, una palabra, una postura corporal, una alfombra de trabajo o incluso una rutina pueden convertirse en señales predictivas.

𝐄𝐥 𝐜𝐞𝐫𝐞𝐛𝐫𝐨 𝐚𝐩𝐫𝐞𝐧𝐝𝐞 𝐚 𝐚𝐧𝐭𝐢𝐜𝐢𝐩𝐚𝐫.
Y cuando anticipa seguridad, acceso, cooperación o resolución, el aprendizaje suele volverse más fluido. Cuando anticipa presión, amenaza, frustración o pérdida de control, el aprendizaje puede contaminarse emocionalmente.

En gatos ocurre lo mismo desde el punto de vista funcional, aunque muchas veces se ha malinterpretado su aprendizaje por compararlo de forma injusta con el perro.

El gato también aprende por asociación, por consecuencias y por predicción.

Las guías AAFP/ISFM de interacción veterinaria felina, elaboradas por 𝘙𝘰𝘥𝘢𝘯 𝘦𝘵 𝘢𝘭. (𝟤𝟢𝟤𝟤), recomiendan el uso de técnicas basadas en bajo estrés, manejo amable y aprendizaje por refuerzo para reducir miedo, respuestas defensivas y emociones negativas durante la manipulación clínica. Incluso mencionan el entrenamiento del transportín como ejemplo práctico de aprendizaje basado en recompensa.
Un gato que entra voluntariamente en un transportín no está “obedeciendo”. Está respondiendo a una historia de aprendizaje donde ese objeto ha dejado de predecir amenaza y empieza a predecir seguridad, control y consecuencias agradables.

𝗘𝗹 𝗰𝗶𝗿𝗰𝘂𝗶𝘁𝗼 𝗱𝗲 𝗿𝗲𝗰𝗼𝗺𝗽𝗲𝗻𝘀𝗮 𝗻𝗼 𝘀𝗼𝗹𝗼 𝗳𝗮𝗰𝗶𝗹𝗶𝘁𝗮 𝗹𝗮 𝗰𝗼𝗻𝗱𝘂𝗰𝘁𝗮; 𝘁𝗮𝗺𝗯𝗶𝗲́𝗻 𝗮𝘆𝘂𝗱𝗮 𝗮 𝗺𝗼𝗱𝗶𝗳𝗶𝗰𝗮𝗿 𝗹𝗮 𝗲𝗺𝗼𝗰𝗶𝗼́𝗻 𝗮𝘀𝗼𝗰𝗶𝗮𝗱𝗮 𝗮𝗹 𝗰𝗼𝗻𝘁𝗲𝘅𝘁𝗼.

Y aquí conviene hacer una matización importante: 𝗥𝗲𝗰𝗼𝗺𝗽𝗲𝗻𝘀𝗮 𝗻𝗼 𝗲𝘀 𝗹𝗼 𝗺𝗶𝘀𝗺𝗼 𝗾𝘂𝗲 𝗰𝗼𝗺𝗶𝗱𝗮.

La comida puede ser una recompensa potente, sí. Pero también pueden funcionar como recompensas el acceso a explorar, la distancia respecto a un estímulo, el juego, el contacto social, el olor, el movimiento, la posibilidad de elegir o la reducción de incertidumbre. La recompensa depende del individuo, del contexto, del estado emocional y de la necesidad funcional de ese momento.

Por eso, en comportamiento animal, no basta con decir “usa premios”. La pregunta técnica es mucho más precisa:

"𝗤𝘂𝗲́ 𝘁𝗶𝗽𝗼 𝗱𝗲 𝗰𝗼𝗻𝘀𝗲𝗰𝘂𝗲𝗻𝗰𝗶𝗮 𝘁𝗶𝗲𝗻𝗲 𝘃𝗮𝗹𝗼𝗿 𝗽𝗮𝗿𝗮 𝗲𝘀𝘁𝗲 𝗶𝗻𝗱𝗶𝘃𝗶𝗱𝘂𝗼, 𝗲𝗻 𝗲𝘀𝘁𝗲 𝗰𝗼𝗻𝘁𝗲𝘅𝘁𝗼 𝘆 𝗰𝗼𝗻 𝗲𝘀𝘁𝗲 𝗲𝘀𝘁𝗮𝗱𝗼 𝗲𝗺𝗼𝗰𝗶𝗼𝗻𝗮𝗹?"

También sabemos que la expectativa de recompensa puede influir en la motivación y en la resolución de problemas.

En perros, 𝘈𝘯𝘥𝘪𝘤𝘴 𝘦𝘵 𝘢𝘭. (𝟤𝟢𝟤𝟥) observaron que la representación neural de recompensas de diferente valor hedónico en el núcleo caudado se relacionaba con el rendimiento en una tarea de resolución de problemas. Esto refuerza una idea muy práctica: la calidad, el valor y la expectativa de la recompensa pueden cambiar la implicación cognitiva del animal.

𝐂𝐮𝐢𝐝𝐚𝐝𝐨 𝐜𝐨𝐧 𝐥𝐚 𝐢𝐧𝐭𝐞𝐫𝐩𝐫𝐞𝐭𝐚𝐜𝐢𝐨́𝐧 𝐬𝐢𝐦𝐩𝐥𝐢𝐬𝐭𝐚.
El circuito de recompensa no significa “excitar” al animal para que trabaje más. Una recompensa mal ajustada puede aumentar activación, frustración o impulsividad. Un perro que se dispara ante comida no siempre está aprendiendo mejor. Un gato que se sobreexcita con juego no siempre está en el mejor punto para adquirir una conducta tranquila.

𝗘𝗹 𝗯𝘂𝗲𝗻 𝗲𝗻𝘁𝗿𝗲𝗻𝗮𝗺𝗶𝗲𝗻𝘁𝗼 𝗻𝗼 𝗯𝘂𝘀𝗰𝗮 𝘀𝗼𝗹𝗼 𝗮𝗰𝘁𝗶𝘃𝗮𝗿 𝗲𝗹 𝘀𝗶𝘀𝘁𝗲𝗺𝗮 𝗱𝗲 𝗿𝗲𝗰𝗼𝗺𝗽𝗲𝗻𝘀𝗮; 𝗯𝘂𝘀𝗰𝗮 𝗿𝗲𝗴𝘂𝗹𝗮𝗿𝗹𝗼. Esto significa trabajar con criterios claros, baja presión, buena lectura corporal, pausas, tiempos de recuperación y consecuencias que el animal pueda procesar sin desbordarse.

𝐀𝐩𝐫𝐞𝐧𝐝𝐞𝐫 𝐧𝐨 𝐞𝐬 𝐬𝐨𝐥𝐨 𝐜𝐨𝐧𝐬𝐞𝐠𝐮𝐢𝐫 𝐪𝐮𝐞 𝐚𝐩𝐚𝐫𝐞𝐳𝐜𝐚 𝐮𝐧𝐚 𝐜𝐨𝐧𝐝𝐮𝐜𝐭𝐚.
Aprender bien implica que el sistema nervioso pueda integrar esa experiencia sin miedo, sin conflicto excesivo y sin pérdida de seguridad. Desde esta perspectiva, el refuerzo positivo no es una moda ni una técnica “blanda”. Es una forma de intervenir sobre los procesos de predicción, motivación y memoria del animal respetando su bienestar emocional.

𝐍𝐨 𝐬𝐞 𝐭𝐫𝐚𝐭𝐚 𝐝𝐞 “𝐜𝐨𝐦𝐩𝐫𝐚𝐫 𝐜𝐨𝐧𝐝𝐮𝐜𝐭𝐚𝐬”.
Se trata de construir experiencias donde el perro o el gato puedan comprender qué ocurre, qué pueden hacer y qué consecuencias tienen sus acciones.

En el fondo, el circuito de recompensa nos recuerda algo profundamente técnico: 𝗟𝗼𝘀 𝗮𝗻𝗶𝗺𝗮𝗹𝗲𝘀 𝗻𝗼 𝗮𝗽𝗿𝗲𝗻𝗱𝗲𝗻 𝘀𝗼𝗹𝗼 𝗽𝗼𝗿 𝗹𝗼 𝗾𝘂𝗲 𝗿𝗲𝗰𝗶𝗯𝗲𝗻, 𝘀𝗶𝗻𝗼 𝗽𝗼𝗿 𝗹𝗼 𝗾𝘂𝗲 𝗮𝗽𝗿𝗲𝗻𝗱𝗲𝗻 𝗮 𝗽𝗿𝗲𝗱𝗲𝗰𝗶𝗿.

Y cuando lo que predicen es seguridad, claridad, cooperación y bienestar, el aprendizaje deja de ser obediencia y se convierte en adaptación.



𝘋𝘦𝘯𝘨 𝘦𝘵 𝘢𝘭. (2023). 𝘙𝘦𝘸𝘢𝘳𝘥 𝘱𝘳𝘦𝘥𝘪𝘤𝘵𝘪𝘰𝘯 𝘦𝘳𝘳𝘰𝘳 𝘪𝘯 𝘭𝘦𝘢𝘳𝘯𝘪𝘯𝘨-𝘳𝘦𝘭𝘢𝘵𝘦𝘥 𝘣𝘦𝘩𝘢𝘷𝘪𝘰𝘳𝘴. 𝘍𝘳𝘰𝘯𝘵𝘪𝘦𝘳𝘴 𝘪𝘯 𝘕𝘦𝘶𝘳𝘰𝘴𝘤𝘪𝘦𝘯𝘤𝘦. 𝗗𝗢𝗜: 𝟭𝟬.𝟯𝟯𝟴𝟵/𝗳𝗻𝗶𝗻𝘀.𝟮𝟬𝟮𝟯.𝟭𝟭𝟳𝟭𝟲𝟭𝟮

𝘞𝘢𝘵𝘢𝘣𝘦-𝘜𝘤𝘩𝘪𝘥𝘢 (2023). 𝘗𝘳𝘦𝘥𝘪𝘤𝘵𝘪𝘰𝘯 𝘦𝘳𝘳𝘰𝘳 𝘪𝘯 𝘥𝘰𝘱𝘢𝘮𝘪𝘯𝘦 𝘯𝘦𝘶𝘳𝘰𝘯𝘴 𝘥𝘶𝘳𝘪𝘯𝘨 𝘢𝘴𝘴𝘰𝘤𝘪𝘢𝘵𝘪𝘷𝘦 𝘭𝘦𝘢𝘳𝘯𝘪𝘯𝘨. 𝘕𝘦𝘶𝘳𝘰𝘴𝘤𝘪𝘦𝘯𝘤𝘦 𝘙𝘦𝘴𝘦𝘢𝘳𝘤𝘩. 𝗗𝗢𝗜: 𝟭𝟬.𝟭𝟬𝟭𝟲/𝗷.𝗻𝗲𝘂𝗿𝗲𝘀.𝟮𝟬𝟮𝟯.𝟬𝟳.𝟬𝟬𝟯

𝘟𝘶 𝘦𝘵 𝘢𝘭. (2024). 𝘛𝘩𝘦 𝘯𝘶𝘤𝘭𝘦𝘶𝘴 𝘢𝘤𝘤𝘶𝘮𝘣𝘦𝘯𝘴 𝘪𝘯 𝘳𝘦𝘸𝘢𝘳𝘥 𝘢𝘯𝘥 𝘢𝘷𝘦𝘳𝘴𝘪𝘰𝘯 𝘱𝘳𝘰𝘤𝘦𝘴𝘴𝘪𝘯𝘨: 𝘪𝘯𝘴𝘪𝘨𝘩𝘵𝘴 𝘢𝘯𝘥 𝘪𝘮𝘱𝘭𝘪𝘤𝘢𝘵𝘪𝘰𝘯𝘴. 𝘍𝘳𝘰𝘯𝘵𝘪𝘦𝘳𝘴 𝘪𝘯 𝘉𝘦𝘩𝘢𝘷𝘪𝘰𝘳𝘢𝘭 𝘕𝘦𝘶𝘳𝘰𝘴𝘤𝘪𝘦𝘯𝘤𝘦. 𝗗𝗢𝗜: 𝟭𝟬.𝟯𝟯𝟴𝟵/𝗳𝗻𝗯𝗲𝗵.𝟮𝟬𝟮𝟰.𝟭𝟰𝟮𝟬𝟬𝟮𝟴

𝘊𝘰𝘰𝘬 𝘦𝘵 𝘢𝘭. (2016). 𝘈𝘸𝘢𝘬𝘦 𝘤𝘢𝘯𝘪𝘯𝘦 𝘧𝘔𝘙𝘐 𝘱𝘳𝘦𝘥𝘪𝘤𝘵𝘴 𝘥𝘰𝘨𝘴’ 𝘱𝘳𝘦𝘧𝘦𝘳𝘦𝘯𝘤𝘦 𝘧𝘰𝘳 𝘱𝘳𝘢𝘪𝘴𝘦 𝘷𝘴 𝘧𝘰𝘰𝘥. 𝘚𝘰𝘤𝘪𝘢𝘭, 𝘊𝘰𝘨𝘯𝘪𝘵𝘪𝘷𝘦 𝘢𝘯𝘥 𝘈𝘧𝘧𝘦𝘤𝘵𝘪𝘷𝘦 𝘕𝘦𝘶𝘳𝘰𝘴𝘤𝘪𝘦𝘯𝘤𝘦. 𝗗𝗢𝗜: 𝟭𝟬.𝟭𝟬𝟵𝟯/𝘀𝗰𝗮𝗻/𝗻𝘀𝘄𝟭𝟬𝟮

𝘊𝘰𝘰𝘬 𝘦𝘵 𝘢𝘭. (2018). 𝘍𝘢𝘴𝘵 𝘯𝘦𝘶𝘳𝘢𝘭 𝘭𝘦𝘢𝘳𝘯𝘪𝘯𝘨 𝘪𝘯 𝘥𝘰𝘨𝘴: 𝘈 𝘮𝘶𝘭𝘵𝘪𝘮𝘰𝘥𝘢𝘭 𝘴𝘦𝘯𝘴𝘰𝘳𝘺 𝘧𝘔𝘙𝘐 𝘴𝘵𝘶𝘥𝘺. 𝘚𝘤𝘪𝘦𝘯𝘵𝘪𝘧𝘪𝘤 𝘙𝘦𝘱𝘰𝘳𝘵𝘴. 𝗗𝗢𝗜: 𝟭𝟬.𝟭𝟬𝟯𝟴/𝘀𝟰𝟭𝟱𝟵𝟴-𝟬𝟭𝟴-𝟯𝟮𝟵𝟵𝟬-𝟮

𝘊𝘶𝘢𝘺𝘢 𝘦𝘵 𝘢𝘭. (2023). 𝘙𝘦𝘱𝘳𝘦𝘴𝘦𝘯𝘵𝘢𝘵𝘪𝘰𝘯 𝘰𝘧 𝘳𝘦𝘸𝘢𝘳𝘥𝘴 𝘥𝘪𝘧𝘧𝘦𝘳𝘪𝘯𝘨 𝘪𝘯 𝘵𝘩𝘦𝘪𝘳 𝘩𝘦𝘥𝘰𝘯𝘪𝘤 𝘷𝘢𝘭𝘦𝘯𝘤𝘦 𝘪𝘯 𝘵𝘩𝘦 𝘤𝘢𝘶𝘥𝘢𝘵𝘦 𝘯𝘶𝘤𝘭𝘦𝘶𝘴 𝘤𝘰𝘳𝘳𝘦𝘭𝘢𝘵𝘦𝘴 𝘸𝘪𝘵𝘩 𝘵𝘩𝘦 𝘱𝘦𝘳𝘧𝘰𝘳𝘮𝘢𝘯𝘤𝘦 𝘪𝘯 𝘢 𝘱𝘳𝘰𝘣𝘭𝘦𝘮-𝘴𝘰𝘭𝘷𝘪𝘯𝘨 𝘵𝘢𝘴𝘬 𝘪𝘯 𝘥𝘰𝘨𝘴. 𝘚𝘤𝘪𝘦𝘯𝘵𝘪𝘧𝘪𝘤 𝘙𝘦𝘱𝘰𝘳𝘵𝘴. 𝗗𝗢𝗜: 𝟭𝟬.𝟭𝟬𝟯𝟴/𝘀𝟰𝟭𝟱𝟵𝟴-𝟬𝟮𝟯-𝟰𝟬𝟱𝟯𝟵-𝟭

𝘙𝘰𝘥𝘢𝘯 𝘦𝘵 𝘢𝘭. (2022). 2022 𝘈𝘈𝘍𝘗/𝘐𝘚𝘍𝘔 𝘊𝘢𝘵 𝘍𝘳𝘪𝘦𝘯𝘥𝘭𝘺 𝘝𝘦𝘵𝘦𝘳𝘪𝘯𝘢𝘳𝘺 𝘐𝘯𝘵𝘦𝘳𝘢𝘤𝘵𝘪𝘰𝘯 𝘎𝘶𝘪𝘥𝘦𝘭𝘪𝘯𝘦𝘴: 𝘈𝘱𝘱𝘳𝘰𝘢𝘤𝘩 𝘢𝘯𝘥 𝘏𝘢𝘯𝘥𝘭𝘪𝘯𝘨 𝘛𝘦𝘤𝘩𝘯𝘪𝘲𝘶𝘦𝘴. 𝘑𝘰𝘶𝘳𝘯𝘢𝘭 𝘰𝘧 𝘍𝘦𝘭𝘪𝘯𝘦 𝘔𝘦𝘥𝘪𝘤𝘪𝘯𝘦 𝘢𝘯𝘥 𝘚𝘶𝘳𝘨𝘦𝘳𝘺. 𝗗𝗢𝗜: 𝟭𝟬.𝟭𝟭𝟳𝟳/𝟭𝟬𝟵𝟴𝟲𝟭𝟮𝗫𝟮𝟮𝟭𝟭𝟮𝟴𝟳𝟲𝟬

© 𝐌𝐚𝐧𝐮𝐞𝐥 𝐕𝐢𝐥𝐥𝐚𝐫 𝐃𝐨𝐫𝐚𝐝𝐨, 𝟐𝟎𝟐𝟔. Todos los derechos reservados. Esta fotografía está protegida por la legislación sobre propiedad intelectual. Queda prohibida su reproducción, distribución, comunicación pública, transformación o cualquier otro uso sin la autorización expresa del autor.

© 𝐌𝐚𝐧𝐮𝐞𝐥 𝐕𝐢𝐥𝐥𝐚𝐫 𝐃𝐨𝐫𝐚𝐝𝐨, 𝟐𝟎𝟐𝟔. Todos los derechos reservados. Este texto constituye una obra original del autor y ha sido redactado íntegramente sin la intervención de sistemas de inteligencia artificial generativa. Queda prohibida su reproducción, distribución o transformación sin autorización expresa por escrito.

𝗔𝗽𝗿𝗲𝗻𝗱𝗶𝘇𝗮𝗷𝗲 𝗮𝗻𝗶𝗺𝗮𝗹 𝗲𝗻 𝗽𝗲𝗿𝗿𝗼𝘀 𝘆 𝗴𝗮𝘁𝗼𝘀: 𝗻𝗼 𝘀𝗲 𝘁𝗿𝗮𝘁𝗮 𝗱𝗲 𝗼𝗯𝗲𝗱𝗲𝗰𝗲𝗿, 𝘀𝗶𝗻𝗼 𝗱𝗲 𝗰𝗼𝗺𝗽𝗿𝗲𝗻𝗱𝗲𝗿 𝗰𝗼́𝗺𝗼 𝗮𝗽𝗿𝗲𝗻𝗱𝗲𝗻Durante mucho tiempo, cu...
04/08/2026

𝗔𝗽𝗿𝗲𝗻𝗱𝗶𝘇𝗮𝗷𝗲 𝗮𝗻𝗶𝗺𝗮𝗹 𝗲𝗻 𝗽𝗲𝗿𝗿𝗼𝘀 𝘆 𝗴𝗮𝘁𝗼𝘀: 𝗻𝗼 𝘀𝗲 𝘁𝗿𝗮𝘁𝗮 𝗱𝗲 𝗼𝗯𝗲𝗱𝗲𝗰𝗲𝗿, 𝘀𝗶𝗻𝗼 𝗱𝗲 𝗰𝗼𝗺𝗽𝗿𝗲𝗻𝗱𝗲𝗿 𝗰𝗼́𝗺𝗼 𝗮𝗽𝗿𝗲𝗻𝗱𝗲𝗻

Durante mucho tiempo, cuando se hablaba de aprendizaje animal en perros y gatos, se reducía todo a una idea demasiado simple: enseñar órdenes, corregir conductas o conseguir que el animal “haga caso”. Sentado, quieto, ven, no hagas esto, deja aquello.

Pero la evidencia científica actual nos obliga a mirar bastante más lejos.

𝗔𝗽𝗿𝗲𝗻𝗱𝗲𝗿 𝗻𝗼 𝗲𝘀 𝘀𝗼𝗹𝗼 𝗲𝗷𝗲𝗰𝘂𝘁𝗮𝗿 𝘂𝗻𝗮 𝗰𝗼𝗻𝗱𝘂𝗰𝘁𝗮. Aprender implica 𝗲𝗺𝗼𝗰𝗶𝗼́𝗻, 𝗺𝗼𝘁𝗶𝘃𝗮𝗰𝗶𝗼́𝗻, 𝗺𝗲𝗺𝗼𝗿𝗶𝗮, 𝗰𝗼𝗻𝘁𝗲𝘅𝘁𝗼, 𝗿𝗲𝗹𝗮𝗰𝗶𝗼́𝗻, 𝘀𝗲𝗴𝘂𝗿𝗶𝗱𝗮𝗱 𝘆 𝗯𝗶𝗲𝗻𝗲𝘀𝘁𝗮𝗿.

Y aquí aparece una idea central:

𝗨𝗻 𝗽𝗲𝗿𝗿𝗼 𝗼 𝘂𝗻 𝗴𝗮𝘁𝗼 𝗻𝗼 𝗮𝗽𝗿𝗲𝗻𝗱𝗲𝗻 𝗮𝗹 𝗺𝗮𝗿𝗴𝗲𝗻 𝗱𝗲 𝘀𝘂 𝗲𝘀𝘁𝗮𝗱𝗼 𝗲𝗺𝗼𝗰𝗶𝗼𝗻𝗮𝗹; 𝗮𝗽𝗿𝗲𝗻𝗱𝗲𝗻 𝗱𝗲𝘀𝗱𝗲 𝗲́𝗹.

En perros, la investigación ha mostrado que los métodos basados en estímulos aversivos pueden asociarse con 𝗺𝗮́𝘀 𝘀𝗲𝗻̃𝗮𝗹𝗲𝘀 𝗱𝗲 𝗲𝘀𝘁𝗿𝗲́𝘀 y con un 𝗶𝗺𝗽𝗮𝗰𝘁𝗼 𝗻𝗲𝗴𝗮𝘁𝗶𝘃𝗼 𝘀𝗼𝗯𝗿𝗲 𝗲𝗹 𝗯𝗶𝗲𝗻𝗲𝘀𝘁𝗮𝗿, especialmente cuando se comparan con métodos basados en recompensa.

En este sentido, 𝗩𝗶𝗲𝗶𝗿𝗮 𝗱𝗲 𝗖𝗮𝘀𝘁𝗿𝗼 𝗲𝘁 𝗮𝗹. (𝟮𝟬𝟮𝟬) observaron que los perros entrenados con métodos aversivos mostraban más comportamientos relacionados con estrés durante el entrenamiento y un estado afectivo más pesimista en pruebas cognitivas posteriores.

Esto es importante porque desplaza la pregunta desde el clásico “¿funciona?” hacia una cuestión más rigurosa:

𝗤𝘂𝗲́ 𝗰𝗼𝘀𝘁𝗲 𝗲𝗺𝗼𝗰𝗶𝗼𝗻𝗮𝗹 𝘁𝗶𝗲𝗻𝗲 𝗾𝘂𝗲 𝗳𝘂𝗻𝗰𝗶𝗼𝗻𝗲?

Este punto es clave porque todavía existe una confusión muy extendida: creer que si una conducta desaparece, el problema está resuelto. Pero desde el análisis del comportamiento y el bienestar animal, esa lectura es incompleta.

Una conducta puede reducirse por aprendizaje, sí; pero también puede inhibirse por 𝗺𝗶𝗲𝗱𝗼, 𝗯𝗹𝗼𝗾𝘂𝗲𝗼, 𝗲𝘃𝗶𝘁𝗮𝗰𝗶𝗼́𝗻, 𝗰𝗼𝗻𝗳𝗹𝗶𝗰𝘁𝗼 𝗲𝗺𝗼𝗰𝗶𝗼𝗻𝗮𝗹 𝗼 𝗽𝗲́𝗿𝗱𝗶𝗱𝗮 𝗱𝗲 𝗶𝗻𝗶𝗰𝗶𝗮𝘁𝗶𝘃𝗮.

𝗘𝗹 𝘀𝗶𝗹𝗲𝗻𝗰𝗶𝗼 𝗰𝗼𝗻𝗱𝘂𝗰𝘁𝘂𝗮𝗹 𝗻𝗼 𝘀𝗶𝗲𝗺𝗽𝗿𝗲 𝘀𝗶𝗴𝗻𝗶𝗳𝗶𝗰𝗮 𝗰𝗮𝗹𝗺𝗮.

A veces significa que el animal ha dejado de intentar responder.

Por eso, en aprendizaje animal no deberíamos valorar únicamente el resultado visible, sino también 𝗲𝗹 𝗽𝗿𝗼𝗰𝗲𝘀𝗼 𝗲𝗺𝗼𝗰𝗶𝗼𝗻𝗮𝗹 𝗾𝘂𝗲 𝗮𝗰𝗼𝗺𝗽𝗮𝗻̃𝗮 𝗮 𝗲𝘀𝗲 𝗿𝗲𝘀𝘂𝗹𝘁𝗮𝗱𝗼.

Si un perro deja de ladrar, pero lo hace con aumento de tensión muscular, mirada fija, respiración contenida, evitación o hipervigilancia, no estamos necesariamente ante una mejora emocional.

Podemos estar ante 𝘂𝗻𝗮 𝗰𝗼𝗻𝗱𝘂𝗰𝘁𝗮 𝘀𝘂𝗽𝗿𝗶𝗺𝗶𝗱𝗮, no ante un individuo más regulado.

En gatos ocurre algo parecido, aunque con una dificultad añadida: durante años se ha repetido que “los gatos no se entrenan”.

𝗘𝘀𝘁𝗮 𝗶𝗱𝗲𝗮 𝗻𝗼 𝘀𝗲 𝘀𝗼𝘀𝘁𝗶𝗲𝗻𝗲.

Los gatos aprenden por asociación, por consecuencias, por predictibilidad contextual y por refuerzo positivo, igual que otras especies, aunque con particularidades motivacionales, sensoriales y sociales propias.

Las guías internacionales de interacción veterinaria felina de 𝗥𝗼𝗱𝗮𝗻 𝗲𝘁 𝗮𝗹. (𝟮𝟬𝟮𝟮) recomiendan precisamente técnicas de bajo estrés, manejo cuidadoso y entrenamiento cooperativo para reducir miedo y respuestas defensivas durante la manipulación clínica.

Esto tiene consecuencias prácticas enormes.

Un gato que aprende a entrar voluntariamente en un transportín no está haciendo “un truco”. Un gato que se coloca en una estación, tolera una revisión suave o acepta una manipulación progresiva está adquiriendo herramientas para 𝗿𝗲𝗱𝘂𝗰𝗶𝗿 𝗶𝗻𝗰𝗲𝗿𝘁𝗶𝗱𝘂𝗺𝗯𝗿𝗲.

Está aprendiendo que puede participar, anticipar y conservar cierto control sobre lo que ocurre.

Lo mismo sucede con los perros.

Enseñar a un perro a mirar un estímulo desde una distancia segura, volver hacia su tutor, olfatear, esperar o desplazarse de forma más flexible no es simplemente “adiestrar”.

Es crear un 𝗿𝗲𝗽𝗲𝗿𝘁𝗼𝗿𝗶𝗼 𝗰𝗼𝗻𝗱𝘂𝗰𝘁𝘂𝗮𝗹 que le permite gestionar mejor el ambiente.

Y es que muchas intervenciones fracasan no porque el perro “no quiera aprender”, sino porque 𝗲𝗹 𝗰𝗼𝗻𝘁𝗲𝘅𝘁𝗼 𝗲𝘅𝗶𝗴𝗲 𝗺𝗮́𝘀 𝗱𝗲 𝗹𝗼 𝗾𝘂𝗲 𝘀𝘂 𝘀𝗶𝘀𝘁𝗲𝗺𝗮 𝗲𝗺𝗼𝗰𝗶𝗼𝗻𝗮𝗹 𝗽𝘂𝗲𝗱𝗲 𝘀𝗼𝘀𝘁𝗲𝗻𝗲𝗿 𝗲𝗻 𝗲𝘀𝗲 𝗺𝗼𝗺𝗲𝗻𝘁𝗼.

Aquí entra otra temática actual: el enriquecimiento cognitivo y ambiental.

𝗧𝗵𝗼𝗺𝗮𝘀 𝗲𝘁 𝗮𝗹. (𝟮𝟬𝟮𝟰) proponen entender el enriquecimiento no solo como añadir objetos, juguetes o actividades, sino como ofrecer oportunidades para que el animal adquiera información relevante mediante la interacción con el entorno.

Desde esta mirada, 𝗲𝗻𝗿𝗶𝗾𝘂𝗲𝗰𝗲𝗿 𝗻𝗼 𝗲𝘀 𝗲𝗻𝘁𝗿𝗲𝘁𝗲𝗻𝗲𝗿: es permitir explorar, elegir, anticipar, resolver pequeñas tareas y construir seguridad mediante experiencias comprensibles.

Esto conecta directamente con el aprendizaje.

Cuando un perro o un gato puede investigar, equivocarse sin miedo, probar estrategias y obtener consecuencias predecibles, no solo aprende una conducta concreta.

También aprende algo mucho más profundo:

𝗤𝘂𝗲 𝗲𝗹 𝗮𝗺𝗯𝗶𝗲𝗻𝘁𝗲 𝗽𝘂𝗲𝗱𝗲 𝘀𝗲𝗿 𝗰𝗼𝗺𝗽𝗿𝗲𝗻𝘀𝗶𝗯𝗹𝗲 𝘆 𝗾𝘂𝗲 𝘀𝘂𝘀 𝗽𝗿𝗼𝗽𝗶𝗮𝘀 𝗮𝗰𝗰𝗶𝗼𝗻𝗲𝘀 𝗽𝘂𝗲𝗱𝗲𝗻 𝘁𝗲𝗻𝗲𝗿 𝗲𝗳𝗲𝗰𝘁𝗼.

A esto hoy lo relacionamos con el concepto de agencia.

𝗔𝗴𝗲𝗻𝗰𝗶𝗮 𝗻𝗼 𝘀𝗶𝗴𝗻𝗶𝗳𝗶𝗰𝗮 𝗱𝗲𝗷𝗮𝗿 𝗾𝘂𝗲 𝗲𝗹 𝗮𝗻𝗶𝗺𝗮𝗹 𝗵𝗮𝗴𝗮 “𝗹𝗼 𝗾𝘂𝗲 𝗾𝘂𝗶𝗲𝗿𝗮”.

Significa ofrecer opciones reales dentro de un contexto seguro.

No es lo mismo arrastrar a un perro hacia un estímulo que enseñarle a observarlo desde una distancia tolerable. No es lo mismo meter a un gato a la fuerza en el transportín que construir una historia de aprendizaje donde entrar en él tenga sentido y no amenaza.

Desde una perspectiva científica y ética, 𝗲𝗹 𝗮𝗽𝗿𝗲𝗻𝗱𝗶𝘇𝗮𝗷𝗲 𝗮𝗻𝗶𝗺𝗮𝗹 𝗱𝗲𝗯𝗲𝗿𝗶́𝗮 𝗮𝘆𝘂𝗱𝗮𝗿𝗻𝗼𝘀 𝗮 𝗰𝗼𝗻𝘀𝘁𝗿𝘂𝗶𝗿 𝗺𝗮́𝘀 𝗯𝗶𝗲𝗻𝗲𝘀𝘁𝗮𝗿, 𝗻𝗼 𝘀𝗼𝗹𝗼 𝗺𝗮́𝘀 𝗰𝗼𝗻𝘁𝗿𝗼𝗹.

Debería reducir incertidumbre, aumentar predictibilidad, favorecer la exploración, mejorar la comunicación interespecífica y proteger el estado emocional del individuo.

Por eso, cuando hablamos de aprendizaje en perros y gatos, la pregunta importante no es solo:

“¿Qué conducta quiero conseguir?”

La pregunta realmente interesante es:

𝗤𝘂𝗲́ 𝗻𝗲𝗰𝗲𝘀𝗶𝘁𝗮 𝗲𝘀𝘁𝗲 𝗮𝗻𝗶𝗺𝗮𝗹 𝗽𝗮𝗿𝗮 𝗽𝗼𝗱𝗲𝗿 𝗮𝗽𝗿𝗲𝗻𝗱𝗲𝗿 𝘀𝗶𝗻 𝗽𝗲𝗿𝗱𝗲𝗿 𝘀𝗲𝗴𝘂𝗿𝗶𝗱𝗮𝗱, 𝗶𝗻𝗶𝗰𝗶𝗮𝘁𝗶𝘃𝗮 𝗻𝗶 𝗯𝗶𝗲𝗻𝗲𝘀𝘁𝗮𝗿?

Porque 𝗮𝗽𝗿𝗲𝗻𝗱𝗲𝗿 𝗻𝗼 𝗲𝘀 𝗼𝗯𝗲𝗱𝗲𝗰𝗲𝗿. 𝗔𝗽𝗿𝗲𝗻𝗱𝗲𝗿 𝗲𝘀 𝗮𝗱𝗮𝗽𝘁𝗮𝗿𝘀𝗲.

Y cuando el aprendizaje se construye desde la 𝗲𝘃𝗶𝗱𝗲𝗻𝗰𝗶𝗮 𝗰𝗶𝗲𝗻𝘁𝗶́𝗳𝗶𝗰𝗮, la 𝗹𝗲𝗰𝘁𝘂𝗿𝗮 𝗲𝗺𝗼𝗰𝗶𝗼𝗻𝗮𝗹 y el 𝗿𝗲𝘀𝗽𝗲𝘁𝗼 𝗽𝗼𝗿 𝗲𝗹 𝗶𝗻𝗱𝗶𝘃𝗶𝗱𝘂𝗼, deja de ser una simple técnica para convertirse en 𝘂𝗻𝗮 𝗳𝗼𝗿𝗺𝗮 𝗽𝗿𝗼𝗳𝘂𝗻𝗱𝗮 𝗱𝗲 𝗰𝘂𝗶𝗱𝗮𝗱𝗼.



𝐕𝐢𝐞𝐢𝐫𝐚 𝐝𝐞 𝐂𝐚𝐬𝐭𝐫𝐨, 𝐀. 𝐂., 𝐅𝐮𝐜𝐡𝐬, 𝐃., 𝐏𝐚𝐬𝐭𝐮𝐫, 𝐒., 𝐝𝐞 𝐒𝐨𝐮𝐬𝐚, 𝐋., 𝐎𝐥𝐬𝐬𝐨𝐧, 𝐈. 𝐀. 𝐒., & 𝐖𝐞𝐦𝐞𝐥𝐬𝐟𝐞𝐥𝐝𝐞𝐫, 𝐅. (𝟐𝟎𝟐𝟎). Does training method matter? Evidence for the negative impact of aversive-based methods on companion dog welfare. PLOS ONE.

𝐓𝐡𝐨𝐦𝐚𝐬, 𝐑. 𝐞𝐭 𝐚𝐥. (𝟐𝟎𝟐𝟒). Rethinking environmental enrichment as providing opportunities to acquire information. Animal.

𝐑𝐨𝐝𝐚𝐧, 𝐈. 𝐞𝐭 𝐚𝐥. (𝟐𝟎𝟐𝟐). 2022 AAFP/ISFM Cat Friendly Veterinary Interaction Guidelines: Approach and Handling Techniques. Journal of Feline Medicine and Surgery.

© 𝐄𝐭𝐨𝐥𝐜𝐚𝐧𝐢𝐧, 𝟐𝟎𝟐𝟔. Todos los derechos reservados. Esta fotografía está protegida por la legislación sobre propiedad intelectual. Queda prohibida su reproducción, distribución, comunicación pública, transformación o cualquier otro uso sin la autorización expresa del autor.

© 𝐄𝐭𝐨𝐥𝐜𝐚𝐧𝐢𝐧, 𝟐𝟎𝟐𝟔. Todos los derechos reservados. Este texto constituye una obra original del autor y ha sido redactado íntegramente sin la intervención de sistemas de inteligencia artificial generativa. Queda prohibida su reproducción, distribución o transformación sin autorización expresa por escrito.

📷Imagen creada con una aplicación de inteligencia artificial, diseñada para acompañar visualmente el contenido del artículo.

Os invitamos a leer y reflexionar sobre este nuevo artículo de Manuel Villar Dorado. No pretende decirte qué pensar, sin...
31/07/2026

Os invitamos a leer y reflexionar sobre este nuevo artículo de Manuel Villar Dorado. No pretende decirte qué pensar, sino invitarte a preguntarte por qué pensamos como pensamos. Porque 𝐞𝐥 𝐣𝐮𝐢𝐜𝐢𝐨 𝐜𝐫𝐢́𝐭𝐢𝐜𝐨, 𝐥𝐚 𝐞𝐯𝐢𝐝𝐞𝐧𝐜𝐢𝐚 𝐜𝐢𝐞𝐧𝐭𝐢́𝐟𝐢𝐜𝐚 𝐲 𝐮𝐧𝐚 𝐟𝐨𝐫𝐦𝐚𝐜𝐢𝐨́𝐧 𝐬𝐨́𝐥𝐢𝐝𝐚 𝐬𝐢𝐠𝐮𝐞𝐧 𝐬𝐢𝐞𝐧𝐝𝐨, 𝐞𝐧 𝐦𝐮𝐜𝐡𝐚𝐬 𝐨𝐜𝐚𝐬𝐢𝐨𝐧𝐞𝐬, 𝐞𝐥 𝐜𝐚𝐦𝐢𝐧𝐨 𝐦𝐚́𝐬 𝐜𝐨𝐫𝐭𝐨 𝐡𝐚𝐜𝐢𝐚 𝐥𝐚 𝐯𝐞𝐫𝐝𝐚𝐝.





¿𝐘 𝐒𝐈 𝐄𝐋 𝐂𝐋𝐈𝐄𝐍𝐓𝐄 𝐄𝐐𝐔𝐈𝐕𝐎𝐂𝐀𝐃𝐎 𝐅𝐔𝐄𝐑𝐀 𝐄𝐋 𝐂𝐄𝐍𝐓𝐑𝐎 𝐃𝐄 𝐍𝐔𝐄𝐒𝐓𝐑𝐀 𝐏𝐑𝐎𝐅𝐄𝐒𝐈𝐎́𝐍?

Hay una frase que llevo escuchando desde hace muchos años.

*"El cliente siempre tiene la razón."*

Quizá sea una buena regla para un restaurante. Quizá también para una tienda. Pero nunca he conseguido entender cómo esa idea ha terminado infiltrándose, de forma más o menos explícita, en una profesión cuyo objeto de trabajo es un ser vivo.

Porque cuando una familia solicita ayuda para modificar el comportamiento de su perro, casi todos asumimos algo que rara vez nos detenemos a cuestionar: 𝐩𝐞𝐧𝐬𝐚𝐦𝐨𝐬 𝐪𝐮𝐞 𝐧𝐮𝐞𝐬𝐭𝐫𝐨 𝐜𝐥𝐢𝐞𝐧𝐭𝐞 𝐞𝐬 𝐪𝐮𝐢𝐞𝐧 𝐩𝐚𝐠𝐚 𝐥𝐚 𝐜𝐨𝐧𝐬𝐮𝐥𝐭𝐚.

𝐘 𝐪𝐮𝐢𝐳𝐚́ 𝐚𝐡𝐢́ 𝐞𝐦𝐩𝐢𝐞𝐜𝐞 𝐮𝐧𝐨 𝐝𝐞 𝐥𝐨𝐬 𝐦𝐚𝐲𝐨𝐫𝐞𝐬 𝐩𝐫𝐨𝐛𝐥𝐞𝐦𝐚𝐬 𝐝𝐞 𝐧𝐮𝐞𝐬𝐭𝐫𝐚 𝐩𝐫𝐨𝐟𝐞𝐬𝐢𝐨́𝐧.

El tutor solicita nuestra ayuda. Convive con el problema, lo sufre y merece todo nuestro respeto. Pero quien realmente necesita la intervención no es quien paga la factura.

𝐄𝐥 𝐯𝐞𝐫𝐝𝐚𝐝𝐞𝐫𝐨 𝐩𝐚𝐜𝐢𝐞𝐧𝐭𝐞 𝐞𝐬 𝐮𝐧 𝐜𝐞𝐫𝐞𝐛𝐫𝐨, el del perro. No el tutor.

Puede parecer una afirmación extraña, pero toda intervención sobre el comportamiento es, en realidad, una intervención sobre un sistema nervioso que interpreta, siente, anticipa, recuerda, aprende y cambia. 𝐂𝐚𝐝𝐚 𝐝𝐞𝐜𝐢𝐬𝐢𝐨́𝐧 𝐪𝐮𝐞 𝐭𝐨𝐦𝐚𝐦𝐨𝐬 𝐦𝐨𝐝𝐢𝐟𝐢𝐜𝐚, 𝐞𝐧 𝐦𝐚𝐲𝐨𝐫 𝐨 𝐦𝐞𝐧𝐨𝐫 𝐦𝐞𝐝𝐢𝐝𝐚, 𝐥𝐚 𝐟𝐨𝐫𝐦𝐚 𝐞𝐧 𝐪𝐮𝐞 𝐞𝐬𝐞 𝐜𝐞𝐫𝐞𝐛𝐫𝐨 𝐜𝐨𝐦𝐩𝐫𝐞𝐧𝐝𝐞𝐫𝐚́ 𝐞𝐥 𝐦𝐮𝐧𝐝𝐨 𝐚 𝐩𝐚𝐫𝐭𝐢𝐫 𝐝𝐞 𝐞𝐬𝐞 𝐦𝐨𝐦𝐞𝐧𝐭𝐨.

𝐘 𝐒𝐈 𝐄𝐒𝐄 𝐂𝐄𝐑𝐄𝐁𝐑𝐎 𝐍𝐎 𝐌𝐄𝐉𝐎𝐑𝐀 , 𝐋𝐀 𝐈𝐍𝐓𝐄𝐑𝐕𝐄𝐍𝐂𝐈𝐎́𝐍 𝐓𝐀𝐌𝐏𝐎𝐂𝐎

Quizá por eso uno de los mayores errores históricos dentro del entrenamiento animal ha sido "𝐜𝐨𝐧𝐟𝐮𝐧𝐝𝐢𝐫 𝐥𝐚 𝐝𝐞𝐬𝐚𝐩𝐚𝐫𝐢𝐜𝐢𝐨́𝐧 𝐝𝐞 𝐮𝐧𝐚 𝐜𝐨𝐧𝐝𝐮𝐜𝐭𝐚 𝐜𝐨𝐧 𝐥𝐚 𝐫𝐞𝐬𝐨𝐥𝐮𝐜𝐢𝐨́𝐧 𝐝𝐞 𝐮𝐧 𝐩𝐫𝐨𝐛𝐥𝐞𝐦𝐚.".
Puede llegar a parecerlo pero, no son la misma cosa.

Una conducta puede desaparecer porque el perro ha aprendido una estrategia mejor. Porque comprende el contexto. Porque dispone de más recursos para afrontar aquello que antes le sobrepasaba.

Pero también puede desaparecer porque evita. Porque anticipa una consecuencia desagradable. Porque ha dejado de explorar. Porque ya no se atreve a expresar lo que antes expresaba. 𝐎, 𝐬𝐞𝐧𝐜𝐢𝐥𝐥𝐚𝐦𝐞𝐧𝐭𝐞, 𝐩𝐨𝐫𝐪𝐮𝐞 𝐡𝐚 𝐚𝐩𝐫𝐞𝐧𝐝𝐢𝐝𝐨 𝐪𝐮𝐞 𝐦𝐚𝐧𝐢𝐟𝐞𝐬𝐭𝐚𝐫 𝐝𝐞𝐭𝐞𝐫𝐦𝐢𝐧𝐚𝐝𝐚𝐬 𝐫𝐞𝐬𝐩𝐮𝐞𝐬𝐭𝐚𝐬 𝐭𝐢𝐞𝐧𝐞 𝐮𝐧 𝐜𝐨𝐬𝐭𝐞, 𝐮𝐧 𝐠𝐫𝐚𝐧 𝐜𝐨𝐬𝐭𝐞.

Desde fuera, todas esas situaciones pueden parecer idénticas. Desde la neurobiología son radicalmente diferentes.

Y es precisamente ahí donde la etología moderna, la neurociencia afectiva y la ciencia del aprendizaje han cambiado las reglas del juego. 𝐇𝐨𝐲 𝐬𝐚𝐛𝐞𝐦𝐨𝐬 𝐪𝐮𝐞 𝐜𝐮𝐚𝐧𝐝𝐨 𝐦𝐨𝐝𝐢𝐟𝐢𝐜𝐚𝐦𝐨𝐬 𝐮𝐧𝐚 𝐜𝐨𝐧𝐝𝐮𝐜𝐭𝐚 𝐧𝐨 𝐞𝐬𝐭𝐚𝐦𝐨𝐬 𝐦𝐨𝐝𝐢𝐟𝐢𝐜𝐚𝐧𝐝𝐨 𝐮́𝐧𝐢𝐜𝐚𝐦𝐞𝐧𝐭𝐞 𝐮𝐧𝐚 𝐜𝐨𝐧𝐝𝐮𝐜𝐭𝐚.

𝐄𝐒𝐓𝐀𝐌𝐎𝐒 𝐌𝐎𝐃𝐈𝐅𝐈𝐂𝐀𝐍𝐃𝐎 𝐔𝐍 𝐂𝐄𝐑𝐄𝐁𝐑𝐎.

Cada intervención reorganiza expectativas, asociaciones, memorias, predicciones, sesgos atencionales y estados afectivos. Es decir, nunca enseñamos únicamente una respuesta. Enseñamos una manera de interpretar el mundo.
Y entonces aparece una pregunta que debería acompañar a cualquier profesional antes de intervenir:

¿Qué está aprendiendo realmente ese cerebro mientras yo creo estar enseñándole otra cosa?

Responder a esa pregunta obliga a reconocer un conflicto del que casi nunca hablamos.

El tutor quiere pasear tranquilo. Quiere recibir visitas sin preocupación. Quiere poder soltar a su perro. Quiere disfrutar de la convivencia. Y todo eso es absolutamente legítimo.

Sin embargo, existe una cuestión todavía más importante.

¿𝐄𝐬𝐭𝐚́ 𝐩𝐫𝐞𝐩𝐚𝐫𝐚𝐝𝐨 𝐞𝐬𝐞 𝐜𝐞𝐫𝐞𝐛𝐫𝐨 𝐩𝐚𝐫𝐚 𝐯𝐢𝐯𝐢𝐫 𝐞𝐬𝐚 𝐬𝐢𝐭𝐮𝐚𝐜𝐢𝐨́𝐧?

Porque bienestar no significa exponer al perro a aquello que el tutor desea hacer. Bienestar significa adaptar el entorno al estado neurobiológico actual del individuo mientras desarrollamos las capacidades necesarias para que algún día pueda afrontar esa situación con seguridad.

Y eso, en ocasiones, implica decir algo que ningún tutor desea escuchar. "𝐍𝐨, 𝐧𝐨 𝐞𝐬 𝐞𝐥 𝐦𝐨𝐦𝐞𝐧𝐭𝐨, 𝐬𝐮 𝐩𝐞𝐫𝐫𝐨 𝐭𝐨𝐝𝐚𝐯𝐢́𝐚 𝐧𝐨 𝐞𝐬𝐭𝐚́ 𝐩𝐫𝐞𝐩𝐚𝐫𝐚𝐝𝐨." No es una respuesta cómoda.

Pero probablemente sea una de las respuestas más honestas y científicamente responsables que podemos dar.

Hay quien interpreta esto como elegir el bienestar del perro por encima del bienestar del tutor. Yo no lo veo así. El bienestar del tutor importa, y mucho. Pero no puede construirse a costa del organismo que estamos tratando.

Nuestra responsabilidad consiste precisamente en ayudar al tutor a comprender que proteger el cerebro del perro hoy puede significar renunciar temporalmente a determinadas situaciones para conseguir algo mucho más importante mañana: un perro realmente capaz de afrontarlas.

Porque un cerebro sometido de forma repetida a situaciones para las que todavía no está preparado no aprende más rápido. Aprende de otra manera. Aprende desde la amenaza. Aprende desde la hipervigilancia. Aprende desde la supervivencia.
Y esos aprendizajes rara vez construyen una convivencia estable.

Existe otra cuestión que me parece profundamente humana. No creo que la inmensa mayoría de profesionales quiera hacer daño a un perro. Sinceramente, no lo creo. Creo que la mayoría intenta ayudar. Entonces, ¿por qué personas con conocimientos similares toman decisiones tan diferentes?

Quizá porque durante demasiado tiempo hemos confundido éxito con resultado visible.

> Si el perro deja de ladrar, parece un éxito.
> Si deja de tirar de la correa, parece un éxito.
> Si deja de reaccionar ante otros perros, parece un éxito.

Pero la neurociencia afectiva nos obliga a formular una pregunta mucho más incómoda. ¿𝐐𝐮𝐞́ 𝐩𝐫𝐞𝐜𝐢𝐨 𝐡𝐚 𝐩𝐚𝐠𝐚𝐝𝐨 𝐞𝐬𝐞 𝐬𝐢𝐬𝐭𝐞𝐦𝐚 𝐧𝐞𝐫𝐯𝐢𝐨𝐬𝐨 𝐩𝐚𝐫𝐚 𝐥𝐥𝐞𝐠𝐚𝐫 𝐡𝐚𝐬𝐭𝐚 𝐚𝐡𝐢́? Y esa pregunta cambia completamente la conversación. Porque ya no discutimos únicamente sobre herramientas. Discutimos sobre qué significa intervenir éticamente sobre un organismo vivo.

Quizá esa sea la mayor revolución que ha traído la neurociencia afectiva. No una nueva técnica. No un nuevo protocolo. Ni siquiera una nueva forma de entrenar.

Nos ha recordado algo que nunca deberíamos haber olvidado: 𝐝𝐞𝐭𝐫𝐚́𝐬 𝐝𝐞 𝐜𝐚𝐝𝐚 𝐜𝐨𝐧𝐝𝐮𝐜𝐭𝐚 𝐞𝐱𝐢𝐬𝐭𝐞 𝐮𝐧 𝐨𝐫𝐠𝐚𝐧𝐢𝐬𝐦𝐨 𝐪𝐮𝐞 𝐬𝐢𝐞𝐧𝐭𝐞, 𝐢𝐧𝐭𝐞𝐫𝐩𝐫𝐞𝐭𝐚, 𝐚𝐧𝐭𝐢𝐜𝐢𝐩𝐚 𝐲 𝐚𝐩𝐫𝐞𝐧𝐝𝐞.

" 𝑵𝒊𝒏𝒈𝒖𝒏𝒂 𝒎𝒐𝒅𝒊𝒇𝒊𝒄𝒂𝒄𝒊𝒐́𝒏 𝒄𝒐𝒏𝒅𝒖𝒄𝒕𝒖𝒂𝒍 𝒑𝒖𝒆𝒅𝒆 𝒄𝒐𝒏𝒔𝒊𝒅𝒆𝒓𝒂𝒓𝒔𝒆 𝒖𝒏 𝒆́𝒙𝒊𝒕𝒐 𝒔𝒊 𝒑𝒂𝒓𝒂 𝒄𝒐𝒏𝒔𝒆𝒈𝒖𝒊𝒓𝒍𝒂 𝒉𝒆𝒎𝒐𝒔 𝒅𝒆𝒕𝒆𝒓𝒊𝒐𝒓𝒂𝒅𝒐 𝒆𝒍 𝒔𝒊𝒔𝒕𝒆𝒎𝒂 𝒏𝒆𝒓𝒗𝒊𝒐𝒔𝒐 𝒒𝒖𝒆 𝒑𝒓𝒆𝒕𝒆𝒏𝒅𝒊́𝒂𝒎𝒐𝒔 𝒂𝒚𝒖𝒅𝒂𝒓."

Por eso, cuando terminamos una intervención, quizá haya llegado el momento de dejar de preguntarnos únicamente:

"¿𝐇𝐚 𝐜𝐚𝐦𝐛𝐢𝐚𝐝𝐨 𝐥𝐚 𝐜𝐨𝐧𝐝𝐮𝐜𝐭𝐚?"

Y preguntarnos algo mucho más importante.

¿𝐄𝐬𝐞 𝐜𝐞𝐫𝐞𝐛𝐫𝐨 𝐞𝐬𝐭𝐚́ 𝐡𝐨𝐲 𝐦𝐞𝐣𝐨𝐫 𝐩𝐫𝐞𝐩𝐚𝐫𝐚𝐝𝐨 𝐧𝐞𝐮𝐫𝐨𝐛𝐢𝐨𝐥𝐨́𝐠𝐢𝐜𝐚 𝐲 𝐞𝐦𝐨𝐜𝐢𝐨𝐧𝐚𝐥𝐦𝐞𝐧𝐭𝐞 𝐩𝐚𝐫𝐚 𝐜𝐨𝐦𝐩𝐫𝐞𝐧𝐝𝐞𝐫 𝐞𝐥 𝐦𝐮𝐧𝐝𝐨 𝐪𝐮𝐞 𝐚𝐲𝐞𝐫?

"𝑷𝒐𝒓𝒒𝒖𝒆, 𝒔𝒊 𝒍𝒂 𝒓𝒆𝒔𝒑𝒖𝒆𝒔𝒕𝒂 𝒆𝒔 𝒏𝒐, 𝒒𝒖𝒊𝒛𝒂́ 𝒏𝒐 𝒉𝒆𝒎𝒐𝒔 𝒓𝒆𝒉𝒂𝒃𝒊𝒍𝒊𝒕𝒂𝒅𝒐 𝒖𝒏 𝒄𝒐𝒎𝒑𝒐𝒓𝒕𝒂𝒎𝒊𝒆𝒏𝒕𝒐. 𝑺𝒊𝒎𝒑𝒍𝒆𝒎𝒆𝒏𝒕𝒆 𝒉𝒆𝒎𝒐𝒔 𝒄𝒐𝒏𝒔𝒆𝒈𝒖𝒊𝒅𝒐 𝒔𝒊𝒍𝒆𝒏𝒄𝒊𝒂𝒓𝒍𝒐."

𝐍𝐨 𝐬𝐞 𝐢𝐧𝐭𝐞𝐫𝐯𝐢𝐞𝐧𝐞 𝐬𝐨𝐛𝐫𝐞 𝐥𝐚 𝐭𝐨𝐩𝐨𝐠𝐫𝐚𝐟𝐢́𝐚 𝐝𝐞 𝐥𝐚 𝐜𝐨𝐧𝐝𝐮𝐜𝐭𝐚, 𝐬𝐢𝐧𝐨 𝐬𝐨𝐛𝐫𝐞 𝐥𝐚 𝐟𝐮𝐧𝐜𝐢𝐨́𝐧 𝐪𝐮𝐞 𝐥𝐚 𝐦𝐚𝐧𝐭𝐢𝐞𝐧𝐞.







Vieira de Castro, A. C., Fuchs, D., Morello, G. M., Pastur, S., de Sousa, L., & Olsson, I. A. S. (2020). Does training method matter? Evidence for the negative impact of aversive-based methods on companion dog welfare. PLOS ONE, 15(12), e0225023. DOI: 10.1371/journal.pone.0225023

Morris, C., Deochand, N., Cowan, R. J., et al. (2024).
Functional analysis and treatment of problem behavior by domesticated canines. Journal of Applied Behavior Analysis.
DOI: 10.1002/jaba.2921

Shnookal, J., Tepper, D., Howell, T. J., & Bennett, P. C. (2024).
Counterconditioning-based interventions for companion dog behavioural modification: A systematic review. Applied Animal Behaviour Science, 276, 106305. DOI: 10.1016/j.applanim.2024.106305

Collins, L. M., et al. (2022). Behavioral rehabilitation of extremely fearful dogs: Report on the efficacy of a treatment protocol. Applied Animal Behaviour Science, 254, 105689. DOI: 10.1016/j.applanim.2022.105689

🖼 > 𝐊𝐞𝐢𝐤𝐨 𝐲 𝐋𝐨𝐥𝐚. © 𝐌𝐚𝐧𝐮𝐞𝐥 𝐕𝐢𝐥𝐥𝐚𝐫 𝐃𝐨𝐫𝐚𝐝𝐨, 𝟐𝟎𝟐𝟔. Todos los derechos reservados. Esta fotografía está protegida por la legislación sobre propiedad intelectual. Queda prohibida su reproducción, distribución, comunicación pública, transformación o cualquier otro uso sin la autorización expresa del autor.

📄 >© 𝐌𝐚𝐧𝐮𝐞𝐥 𝐕𝐢𝐥𝐥𝐚𝐫 𝐃𝐨𝐫𝐚𝐝𝐨, 𝟐𝟎𝟐𝟔. Todos los derechos reservados. Este texto constituye una obra original del autor y ha sido redactado íntegramente sin la intervención de sistemas de inteligencia artificial generativa. Queda prohibida su reproducción, distribución o transformación sin autorización expresa por escrito.

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