24/11/2021
Desde que puedo recordar, mi vida ha tenido siempre unos pilares fundamentales muy
claros, a parte de la familia: Aprender, ayudar y enseñar.
Durante los estudios, de muy jovencita, empecé a dar mis primeras clases particulares a mis vecinos del pueblo durante los veranos.🏖️ Generalmente de matemáticas, que me encantaban a mi, aunque a mis alumnos no.🔢
Ya durante la carrera de veterinaria, me dediqué a formarme como "cabeza de grupo" en todas las asignaturas que lo permitían. Se trataba de recibir la lección del profesor de prácticas para luego explicarlo a un grupo reducido de compañeros, en varios días. 📖
Yo me dedicaba en cuerpo y alma a estas clases y elaboraba unas notas, con todo lujo de detalles. Porque luego de todo ese esfuerzo y de estudiarme la práctica de memoria, gozaba de unas tardes gloriosas donde les enseñaba toda la práctica minuciosamente.👩🏫
En anatomía, por ejemplo, no olvidaré nunca el día memorable de la práctica del corazón. Esa tarde me presenté en la sala de disección con un corazón enorme y fresco de vaca.♥️ Era precioso y muy rojo. Sin preguntar siquiera al profesor, lo deposité con sumo cuidado encima de la plateada mesa, como si de un gigantesco y delicado rubí se tratase.
Destacaba, por su color y tamaño, entre todos aquellos otros corazones conservados en formol, más propios de una película de zombis, como una orbe ardiente. Y esa tarde, expliqué la práctica rodeada por todos los ojos que podían
albergar los alrededores de aquella mesa rectangular y fría de la sala de anatomía.😳
Enseñar algo que te apasiona, poniendo todo tu ser, es memorable y te llena de plenitud y felicidad. 😍
Ver salir, aquella tarde, de la sala, a todo el mundo comentando la novedad ígnea que se había colado, con su color llamativo, en medio de todas las otras estructuras anatómicas descoloridas, fue muy especial. ✨
Una práctica "explicada con el corazón" había dejado huella en la memoria y en el alma de todos. 🐾
¿Cuéntame, a ti qué te ha dejado huella? ¿Qué sentiste?
Te leo en comentarios.