18/09/2026
Hay algo que sinceramente no entiendo.
Cuando hablamos de Ceuta, de la presión sobre la población local, de identidad, de vivienda y de cómo determinados cambios demográficos pueden hacer que quienes viven allí desde siempre sientan que están perdiendo su espacio, parece que todos entendemos perfectamente que existe un problema.
Pero cuando hablamos de Mallorca ocurre algo curioso.
Aquí parece que todo vale.
Que una persona de fuera pueda llegar con muchísimo más poder adquisitivo, comprar viviendas a precios que para un trabajador local son inalcanzables, contribuir a disparar el precio del mercado y hacer que familias de aquí tengan cada vez más dificultades para quedarse… eso se presenta muchas veces como algo normal.
“Es el mercado.”
“Si no puedes pagarlo, vete.”
“Es que Mallorca es muy bonita.”
“Es que tienen derecho a comprar.”
Claro que tienen derecho a comprar.
Pero nosotros también tenemos derecho a poder vivir donde hemos construido nuestra vida.
Y aquí es donde me hago una pregunta:
Si nos parece injusto que una población sea desplazada de su propio territorio por dinámicas económicas y demográficas, ¿por qué deja de parecernos injusto cuando ocurre en Mallorca?
¿Porque quienes llegan tienen dinero?
¿Porque vienen de países europeos?
¿Porque tienen un determinado nivel de vida?
¿Porque nos hemos acostumbrado a pensar que Mallorca es un producto que se vende al mejor postor?
Porque entonces quizá deberíamos empezar a llamar a las cosas por su nombre.
¿No hay también un componente de clasismo en todo esto?
Porque parece que cuando alguien con pocos recursos se ve obligado a marcharse, hablamos de “evolución del mercado”.
Pero cuando hablamos de quién puede permitirse quedarse y quién no, estamos hablando de algo mucho más profundo:
estamos hablando de desigualdad.
Y yo no creo que el problema sea que venga gente de fuera.
El problema es construir un modelo en el que tener más dinero te permita comprar el espacio, la vivienda y, poco a poco, decidir cómo se transforma el lugar donde los demás vivimos.
Una isla no debería convertirse en un lugar donde los de aquí tengan que pedir permiso económico para poder quedarse.
Y si consideramos preocupante que eso ocurra en Ceuta, deberíamos ser capaces de hablar de Mallorca con la misma honestidad.
¿O solo nos preocupa cuando la persona desplazada se parece a nosotros?