24/07/2026
La privación no consiste en «privar de comida al perro». La privación y la saciedad son operaciones motivadoras que modifican temporalmente el valor de un reforzador y la probabilidad de que aparezcan aquellas conductas que, en el pasado, han permitido obtenerlo.
También nos ocurre a las personas: cuando hace un rato que no comemos, la comida suele tener más valor y estamos más motivadas para realizar las conductas que anteriormente nos han permitido conseguirla. Justo después de comer, en cambio, probablemente tendrá menos valor para nosotras.
Cuando entrenamos con comida sucede exactamente lo mismo. Pero durante la propia sesión ocurre algo que puede parecer paradójico: cada vez que reforzamos una respuesta, también contribuimos progresivamente a la saciedad del perro.
Por tanto, una tasa alta de reforzamiento puede producir dos efectos al mismo tiempo:
🔴 Durante la sesión, el perro se va saciando y la comida puede ir perdiendo valor de forma momentánea. Es decir, puede estar cada vez menos motivado para seguir trabajando por ella.
🔴 De cara al futuro, estamos fortaleciendo la conducta que acabamos de reforzar y aumentando la probabilidad de que vuelva a aparecer en situaciones similares.
Reforzar con frecuencia no significa que la motivación vaya a mantenerse igual durante toda la sesión. Lo que ocurre es que aumenta la probabilidad futura de la conducta reforzada mientras, al mismo tiempo, el valor de la comida va disminuyendo progresivamente durante ese entrenamiento.
Por eso, una buena sesión no consiste simplemente en dar más o menos comida. También implica ajustar la duración del entrenamiento, el tamaño de los reforzadores, el ritmo de trabajo y el estado motivacional del perro.
La motivación es una variable que cambia continuamente y que forma parte de las decisiones que tomamos mientras entrenamos, no es algo que el perro «tiene» o «no tiene».