23/04/2026
Cuando introducimos un perro en el grupo familiar pensamos en lo que nos gustaría que fuera y como compartiríamos experiencias con él. Queremos que sea muy sociable con perros y humanos, que no persiga gatos ni bicicletas, que venga rápido cuando lo llamamos... y nos imaginamos dando larguísimos paseos por el campo o el parque con él, yendo a tomar un café en una terraza y que esté tumbado tranquilo, o simplemente que podamos pasarnos a charlar con cualquiera y que no se ponga nervioso.
Pero la realidad suele ser otra bien diferente. Llega el perro a casa y resulta que es incapaz de quedarse solo, no quiere salir a pasear o sale resignado, es incapaz de estar tranquilo mientras tomamos nuestro café, le ladra a todos los perros e incluso personas, o no quiere compartir espacio con nosotros en casa.
Una realidad bien diferente a lo que habíamos imaginado. Y entonces suele llegar la frustración en forma de querer cambiar a nuestro perro para que se adapte a nuestras necesidades o deseos. Y da igual el método que usemos, querer cambiar a nuestro perro ya nos hace marcar cierta distancia con él. No se va a sentir entendiendo, ni valorado, y mucho menos respetado. Y así empieza el círculo vicioso de la frustración. Cuanto más intentamos practicar y aplicar pautas, más nos alejamos de una buena relación y de mejorar las dificultades.
Si por el contrario, somos capaces de tomarnos esta adaptación como un proceso para conocer al perro de verdad, cuales son sus intereses y necesidades, sus miedos y capacidades, descubriremos el perro tan maravilloso que tenemos, y aprenderemos a disfrutar de él y con él.
Ese es el verdadero cambio, el verdadero respeto, disfrutar con nuestro perro ❤️