Javier de Vera - Adiestramiento

Cómo llegar

Javier de Vera - Adiestramiento Técnico modificación de conductas no deseadas en perros. EURO/2018-161961-1508-641373

Adiestrador

ADIESTRAMIENTO CANINO
- Obediencia
- Educación
- Problemas de conducta
- Psicologia Canina
- Socialización
- Respeto al perro, adiestramiento sin violencia.

28/09/2026

Sin comentarios…

El problema del antropomorfismo es que funciona demasiado bien.El perro tiene ojos, expresiones faciales, vínculo social...
27/09/2026

El problema del antropomorfismo es que funciona demasiado bien.

El perro tiene ojos, expresiones faciales, vínculo social, preferencias, miedo, alegría, frustración, apego… suficientes similitudes con nosotros como para que nuestro cerebro complete automáticamente lo que falta.

Y ahí empieza la trampa.

No observamos solamente lo que hace el perro. Construimos una explicación.

Una mirada se convierte en culpa.
Una evitación, en arrepentimiento.
Una demanda, en capricho.
Una reacción, en celos.
Una resistencia, en desafío.

Después dejamos de trabajar sobre la conducta real y empezamos a responder a una intención que quizá solo existe en nuestra cabeza.

Y esto tiene una consecuencia bastante seria: dos personas pueden observar exactamente al mismo perro y estar reaccionando ante dos animales completamente distintos, porque cada una ha construido una historia diferente sobre lo que «piensa».

Por eso conocer perros exige algo bastante incómodo: aprender a separar lo que vemos de lo que creemos que significa.

Conducta observable primero.
Contexto después.
Historia de aprendizaje.
Estado emocional.
Motivación.
Consecuencias.

Y solo entonces interpretar.

Humanizar no siempre produce sufrimiento ni convierte automáticamente a nadie en mal propietario. Pero cuanto más dejamos que nuestra psicología sustituya a la del perro, más probabilidades tenemos de equivocarnos precisamente cuando creemos que mejor lo conocemos.

A veces respetar al perro exige hacer algo mucho menos romántico:

dejar de imaginarlo y empezar a observarlo.

Hay una idea peligrosamente instalada: cuando hay niños en casa necesitamos un perro que «lo aguante todo».El planteamie...
24/09/2026

Hay una idea peligrosamente instalada: cuando hay niños en casa necesitamos un perro que «lo aguante todo».

El planteamiento ya nace mal. Convierte el autocontrol del perro en una obligación y la falta de límites del niño en algo inevitable. Mientras el animal permanece quieto y no protesta, se le considera maravilloso. El día que gruñe, marca o intenta defenderse, pasa de ser «el perro más bueno del mundo» a haberse vuelto imprevisible.

Pero muchas veces no ha cambiado el perro. Ha cambiado la intensidad de una situación que llevaba demasiado tiempo soportando.

La confianza que produce convivir con el perro de la familia también puede hacernos bajar la guardia. Normalizamos conductas que jamás permitiríamos con un perro desconocido porque damos por hecho que el nuestro nunca hará nada. Y precisamente esa seguridad puede llevarnos a ignorar que sigue siendo un animal con límites, recursos, necesidades y capacidad para defenderse.

Una convivencia segura no se construye comprobando cuánto puede soportar el perro. Se construye evitando que tenga que demostrarlo.

También hay una enseñanza importante para el niño: querer a un animal no significa poder tocarlo, perseguirlo o disponer de él cuando apetezca. Aprender a respetar una retirada, un descanso o una negativa forma parte de aprender a convivir con otros seres vivos.

El mejor perro para un niño no es el que lo aguanta todo. Es el que vive en una casa donde nadie le exige hacerlo.

A muchos os va a sorprender esta publicación viniendo de mí. Y precisamente por eso quería hacerla.Estoy tan en contra d...
21/09/2026

A muchos os va a sorprender esta publicación viniendo de mí. Y precisamente por eso quería hacerla.

Estoy tan en contra del adiestrador que utiliza métodos aversivos por sistema, sin evaluar al perro ni justificar lo que hace, como de quien pretende convertir cualquier uso de un estímulo aversivo en maltrato por definición.

Si un profesional recurre siempre al castigo positivo o al refuerzo negativo, utiliza intensidades desproporcionadas, interpreta cualquier conducta como «dominancia» o se defiende con un simple «pero el perro obedece», para mí hay un problema serio de criterio y de conocimiento de la psicología del aprendizaje.

Y aquí reconozco algo que quizá algunos no esperaban: entiendo perfectamente por qué desde el adiestramiento en positivo o la educación amable se critica con tanta dureza a determinados adiestradores tradicionales. Si su referencia son profesionales que trabajan así, entiendo perfectamente esa crítica.

Porque esos adiestradores existen. Y frente a esas formas de trabajar tenemos más puntos en común de los que algunos querrían admitir.

Donde nos separamos es después.

Una cosa es criticar el uso indiscriminado, desproporcionado o injustificado de estímulos aversivos y otra afirmar que no puede existir un uso correcto de ellos.

Y cuando digo aversivos no hablo solo de collares de púas o de impulsos. Un estímulo verbal puede ser aversivo. Una presión física puede serlo. Una restricción también.

«Aversivo» describe la función que ese estímulo tiene para el animal. No es, por sí mismo, una sentencia moral.

Por eso el debate no debería reducirse a «aversivos sí» o «aversivos no».

La pregunta seria es otra: por qué se utiliza, para qué conducta, con qué intensidad, en qué momento y con qué perro.

Ahí aparece el criterio.

Puedo criticar con la misma contundencia a quien pone un collar de impulsos a todos los perros que pasan por su puerta y a quien sostiene que cualquier procedimiento aversivo es necesariamente incorrecto.

Los extremos tienen algo en común: dejan de evaluar.

Y un buen profesional debería hacer exactamente lo contrario.

15/09/2026

Este Reel está dedicado a todos aquellos que critican el castigo y no saben diferenciar el propio castigo de un s**o de patatas:

Puedes estar castigando a tu perro sin saberlo y hacerlo con todo el cariño del mundo.

Esto es exactamente lo que ocurre con Guara.

La llaman, acude y, cuando llega, recibe caricias en la cabeza. La intención es buena: premiar que haya venido.

Pero a Guara ese contacto le resulta incómodo. Se aparta y evita la mano.

Si una conducta va seguida de una consecuencia aversiva y esta hace que esa misma conducta disminuya, hablamos de castigo positivo: después de la conducta aparece algo que reduce la probabilidad de que esa misma conducta vuelva a producirse.

No significa pegar, hacer daño ni maltratar. Significa castigar una conducta en el sentido técnico del término.

Ahí está la paradoja: puedes llamar al perro, acariciarlo con muchísimo cariño y estar castigando precisamente aquello que querías premiar.

Pasa constantemente.

Lo llamas para ponerle la correa y terminar el paseo, para meterlo en casa cuando disfrutaba fuera, lo manipulas de una forma que le incomoda o lo riñes cuando finalmente aparece.

Para nosotros pueden ser acciones razonables. Para el perro, la contingencia puede ser otra: venir cuando me llaman predice algo que no me gusta.

Y después nos sorprendemos porque la llamada empieza a deteriorarse.

El castigo no desaparece porque uno esté moralmente en contra de él. Tampoco desaparece cambiándole el nombre.

Puedes declararte contrario al castigo y aplicarlo sin darte cuenta: retirando acceso a algo que el perro desea, terminando una interacción o introduciendo una consecuencia que hace que una conducta disminuya.

Porque castigo no es sinónimo de maltrato. Es un proceso de aprendizaje definido por el efecto que una consecuencia tiene sobre una conducta.

Antes de discutir si somos «de castigo» o «de premios», convendría aprender a reconocer qué consecuencias estamos generando realmente.

Incluso cuando acariciamos.

Imagina que un día lo consiguen.Ni criadores buenos ni malos. Ni camadas planificadas ni accidentales. Ni perros de raza...
12/09/2026

Imagina que un día lo consiguen.

Ni criadores buenos ni malos. Ni camadas planificadas ni accidentales. Ni perros de raza ni mestizos. Todos los machos castrados. Todas las hembras esterilizadas. Nadie puede criar. Nadie puede vender. Solo adoptar.

Suena muy ético hasta que dejas pasar los años.

Primero desaparecen los cachorros. Después empiezas a darte cuenta de que ya casi no ves perros jóvenes. Los parques se van llenando de hocicos blancos, cuerpos cansados y perros que viven sus últimos años.

Y llega un momento en el que ya no queda ninguno para adoptar.

Ni uno.

Hasta que un día muere el último.

Eso es lo que ocurre cuando una población deja de reproducirse. No hay truco. La adopción salva y da hogar a perros que ya existen, pero no hace nacer perros.

¿Cómo hemos llegado a llamar «amor a los perros» a una idea que, llevada hasta el final, termina en un mundo sin perros?

Durante miles de años han vivido junto a nosotros. Han cazado con nosotros, trabajado con nosotros, protegido nuestras casas, acompañado a nuestros hijos y dormido a nuestros pies. Hemos cambiado nosotros y han cambiado ellos. Nuestra historia está llena de perros.

Claro que hay que luchar contra el abandono. Claro que hay que perseguir la cría irresponsable. Y adoptar es una opción maravillosa.

Pero querer acabar con la mala cría no significa tener que acabar con la cría.

Porque el día que para proteger al perro tengamos que conseguir que no vuelva a nacer ninguno, quizá ya no estaremos protegiéndolo.

Estaremos despidiéndonos de él.

Y después de decidir durante siglos qué debía hacer el perro, ahora también queremos decidir si debe desaparecer.

¿Alguien le preguntó a la especie Canis lupus familiaris si quería seguir existiendo o dejar de existir?

Tener un perro no es una cuestión de impulsos, modas ni superioridad moral.Adoptar puede ser una decisión maravillosa, i...
11/09/2026

Tener un perro no es una cuestión de impulsos, modas ni superioridad moral.

Adoptar puede ser una decisión maravillosa, igual que comprar a un criador responsable puede serlo. Lo importante no es la etiqueta, sino la compatibilidad entre ese perro concreto y la persona o familia que va a convivir con él.

No todo el mundo está preparado para tener perro, no cualquier perro encaja en cualquier hogar y una protectora también puede equivocarse en una asignación. Querer mucho a los animales no sustituye tiempo, recursos, conocimientos, capacidad de adaptación ni responsabilidad.

Y cuando hay niños, la responsabilidad es doble: no basta con que el perro sea dócil. También hay que enseñar al niño a respetarlo, entender sus límites y reconocer cuándo necesita espacio.

Elegir bien no garantiza una convivencia perfecta, pero reduce muchos problemas previsibles. Y cuando la elección es adecuada, convivir con un perro puede convertirse en una de las mejores experiencias de tu vida.

Dirección

Javier De Vera, A-121, Km 40
La Almunia De Doña Godina
50100

Horario de apertura

Lunes 09:00 - 14:00
15:00 - 22:00
Martes 09:00 - 14:00
15:00 - 22:00
Miércoles 09:00 - 14:00
15:00 - 22:00
Jueves 09:00 - 14:00
15:00 - 22:00
Viernes 09:00 - 14:00
15:00 - 22:00
Sábado 09:00 - 15:00
16:00 - 15:00

Página web

Notificaciones

Sea el primero en enterarse: le enviaremos un correo electrónico cuando Javier de Vera - Adiestramiento publique novedades y promociones. Su dirección de correo electrónico no se utilizará para ningún otro fin y puede darse de baja en cualquier momento.

Atajos

Compartir