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13/08/2026

Mi tía tiene una teoría bastante clara sobre mí:

Si me deja cinco minutos sola en una casa, desaparece la mitad de las cosas. 😂

Y sinceramente… no va muy desencaminada.

Porque yo soy muy de entrar en un armario y empezar:

“¿Esto para qué lo tienes?”

“Ah, esto era de Cuando iba a…”

“¿Y esto?”

“Bueno… esto no sé el tiempo que lleva ahí.”

Pues fuera. 😂

El tupper que lleva tres años sin encontrar su tapa.

El cable de un aparato que ya no existe.

La bolsa llena de bolsas que tienes metida dentro de otra bolsa.

Esa fuente enorme que solo sacas cuando vienen quince personas a comer.

Las copas que no utilizas porque “son las buenas”.

El cajón donde han acabado juntos un cargador, dos pilas, unas velas, un mando que nadie sabe de qué es y una cosa que guardaste hace cinco años porque algún día seguramente haría falta.

Y lo curioso es que muchas veces no nos damos cuenta de todo lo que hemos ido acumulando hasta que intentamos ordenar.

Porque no es solo que haya muchas cosas.

Es que cada una de ellas ocupa un poquito de espacio en nuestra casa… y otro poquito en nuestra cabeza.

Y justo para eso hice FLOR.

Para ayudarte a mirar tu casa con un poco más de distancia y empezar a decidir qué quieres seguir teniendo alrededor y qué ya puedes dejar ir.

Sin reforma. Sin comprar nada. Y sin que yo vaya a tu casa a tirar media vida por la ventana. 😂

🌿 FLOR es gratuita y puedes descargarla desde el enlace de mi perfil.

12/08/2026

Hay una contradicción en muchas casas que me parece súper curiosa.

Nos gastamos dinero en una mesa porque nos encanta su diseño, elegimos una vajilla porque nos hace ilusión lo bonita que es, dejamos el salón exactamente como lo imaginábamos… y después empezamos a protegerlo de nuestra propia vida.

“No comas ahí, que se raya.” “Esa vajilla mejor cuando venga gente, no se vaya a romper.” “En el salón no, que luego hay que colocarlo todo otra vez.”

Y al final acabamos haciendo vida siempre en el mismo rincón, donde no pasa nada si se mancha, se raya o se queda un poco desordenado.

A mí me ocurre justo al revés.

Cuanto más me gusta un espacio, más quiero usarlo.

Más quiero sentarme ahí, comer ahí, apoyar la taza ahí y vivirlo de verdad.

Y sí, eso significa que la madera cambiará, que el lino se arrugará y que las cosas no estarán perfectas todo el tiempo.

Pero justamente esa parte nunca me ha parecido un problema.

Supongo que por eso conecto tanto con la filosofía wabi-sabi: las cosas no pierden valor porque tengan marcas de uso; muchas veces esas marcas son parte de su historia.

De hecho, cuando veo una mesa con señales de haber sido usada, pienso más en las conversaciones, los cafés y las cenas que han pasado alrededor de ella que en el rayón en sí.

Y no sé… cada vez me pregunto más si guardar lo mejor de la casa para una ocasión especial tiene mucho sentido.

Porque la vida real no ocurre solo en Navidad ni cuando vienen visitas.

Ocurre un martes cualquiera, cuando llegas cansada y te sientas justo donde te sientes en casa. ✨

Y ahora tengo curiosidad: ¿hay algo en tu casa que te encanta pero que usas muchísimo menos de lo que te gustaría por miedo a estropearlo? 👀

07/08/2026

Esto no es elegir un estilo.

Es saber transformar un espacio para que funcione para quien lo habita.

En este proyecto, la persona que lo habita es alguien consciente del entorno en el que vive, con un profundo respeto por las tradiciones, los materiales naturales y una forma de vivir más pausada.

El autocuidado forma parte de su día a día.

Y después de horas de teletrabajo, necesitaba que su casa se convirtiera en un oasis frente al ruido de la ciudad.

Por eso el wabi-sabi no fue una tendencia.

Fue la respuesta más coherente a esa necesidad de calma, conexión y autenticidad.

Un buen diseño no se reconoce por seguir tendencias.

Se reconoce cuando entras y piensas:

“Aquí me quiero quedar.”

Y eso no ocurre por casualidad.

Ocurre cuando alguien sabe leer el espacio, entender las necesidades de la persona que lo habita y convertir un antes sin identidad en un hogar que cuenta una historia.

✨ Así trabajo en Home Lords: no impongo un estilo, diseño espacios que te representen y que puedas vivir de verdad.

Y si tú también quieres una casa con coherencia, personalidad y una historia propia, ya sabes dónde encontrarme. 💛

Una de las frases que más escucho es:“Andrea, no sé por dónde empezar.”Y sinceramente, creo que muchas veces intentamos ...
05/08/2026

Una de las frases que más escucho es:

“Andrea, no sé por dónde empezar.”

Y sinceramente, creo que muchas veces intentamos empezar por las cosas fáciles.

Por lo que no tiene un gran coste.

Por lo que se puede hacer rápido.

Cambiar una lámpara, mover una planta, poner una alfombra nueva o copiar una foto de Pinterest.

Y eso puede hacer que la casa se vea distinta durante unos días.

Pero muchas veces nos quedamos sin mirar qué hay debajo de todo eso.

Es como poner un parche momentáneo.

Por eso en Home Lords no trabajo todo el mundo de la misma manera.

🧡 FLOR es un recurso gratuito para mirar tu casa de otra forma. No es una asesoría. Es una guía sencilla para que, en aproximadamente una hora, puedas tomar pequeñas acciones, empezar a depurar lo que ya no encaja y ganar conciencia sobre lo que realmente te está generando fricción.

🧡 El siguiente nivel es el Diagnóstico. Aquí ya trabajamos juntas: me envías fotos, vídeos y un cuestionario, hacemos una sesión y analizo cómo estás viviendo realmente tu casa. Después recibes un PDF con prioridades y acciones concretas para empezar por lo más urgente y lo que más necesita tu casa en este momento. No se trata de cambiar toda la vivienda, sino de dar menos de diez pasos muy concretos que puedan generar un cambio real desde el principio.

🧡 El Acompañamiento es un trabajo mucho más profundo. Partimos del diagnóstico y durante varias semanas tomamos decisiones de diseño, distribución, iluminación, materiales y organización para transformar la vivienda de forma coherente con la vida que quieres construir. Y, sobre todo, para que no tengas que hacerlo sola. Tienes a alguien a quien consultar, con quien contrastar dudas y tomar decisiones con más seguridad y más conciencia durante todo el proceso.

La diferencia entre los tres no es “más o menos decoración”.

Es el nivel de profundidad y el momento en el que estás tú.

Hay personas que necesitan entender qué les pasa.

Otras necesitan una dirección clara.

Y otras ya están preparadas para transformar su casa de verdad.

Y esa es precisamente la pregunta que intento responder antes de empezar cualquier proyecto🧡

04/08/2026

Lo curioso es que yo no salí de aquella tienda pensando: “Acabo de comprar una mesa que no me gusta.”

Salí pensando: “He hecho una buena compra.”

La mesa estaba en oferta. Y además pensé: “Bueno, si al final no me convence, siempre la puedo mover a otra parte de la casa.”

Y así fue.

La sigo utilizando, pero ya no está donde yo la imaginé.

Yo veía una mesa redonda, cálida, en el centro de la casa. En casa de mis padres también teníamos esa mesa redonda, y creo que, en el fondo, buscaba volver a esos momentos en los que cenaba junto a mis hermanos y mi familia.

Había algo de mi infancia en esa imagen.

Me imaginaba cenando allí cada noche, con mis goldens alrededor, con esa sensación de hogar que a veces puedes imaginar incluso antes de que exista. Esa sensación en la que ya hueles la comida y notas la calidez de la madera.

La realidad es que terminó en otra habitación, pegada a una pared y funcionando más como escritorio que como mesa.

Y muchas veces, si puedo, prefiero irme fuera a comer a mi mesa redonda de la terraza, toda desgastada, antes que sentarme en la de dentro.

Y ahí me di cuenta de algo que creo que nos pasa a muchas mujeres.

No incorporamos de golpe todas las cosas que no nos representan. Lo hacemos poco a poco.

Una decisión “más práctica”. Otra “para que encaje”. Otra “porque tampoco es tan importante”.

Y así el cambio casi no se nota.

Hasta que un día miras a tu alrededor y ya no hay casi nada que te emocione cuando entras por la puerta.

Por eso este reel no va realmente de una mesa.

Va de preguntarte cuántas cosas de tu casa elegiste más para encajar que para hacerte feliz.

🧡 Y quizá el primer paso no sea cambiarlas hoy, sino darte permiso para reconocer que ya no las elegirías igual.

31/07/2026

Seguro que alguna vez has enseñado una parte de tu casa y has escuchado:
“Ay, qué bonito.” “Eso no lo quites.” “Con lo bien que queda.” “Es una pena cambiarlo.”

Y tú por fuera sonríes y dices: “sí, ya veremos”.

Pero por dentro piensas: “si supierais las ganas que tengo de cambiarlo desde hace años.”

Porque no estáis viendo lo mismo.

Los demás ven una baldosa, un mueble o una pared.

Es sentir que llevas años adaptándote a una casa que ya no habla de ti, mientras las opiniones de los demás pesan más que lo que tú necesitas al entrar por la puerta.

Y al final sigues posponiendo el cambio, aunque cada día haya un rincón que te recuerde que ya no encajas ahí.

29/07/2026

El otro día escuché una conversación sobre una humedad.

Una mujer decía: “Me ha salido una mancha en la pared.”

Y la otra le respondió: “Pues pon unas baldosas encima y se tapa.”

Y pensé: qué bien resume eso la forma en la que tratamos muchas cosas en casa.

No buscamos qué está causando la humedad.

Buscamos que deje de verse.

Pintura antihumedad. Un mueble delante. Un cuadro. Un revestimiento. Cualquier cosa que nos permita pensar: “ya está arreglado”.

Pero llega la lluvia… y vuelve.

Y normalmente no vuelve igual. Vuelve más grande, más arriba o en otra pared.

Porque el problema seguía ahí.

Con la casa pasa exactamente lo mismo.

Ese armario que no cierra. La entrada llena de cosas. La silla donde acabas dejando la ropa. La encimera que nunca está despejada.

Muchas veces creemos que el problema es el armario, la entrada o la encimera.

Y no.

Eso solo es el lugar donde se ve el síntoma.

Por eso yo no empiezo preguntándome qué mueble cambiar. Empiezo observando qué haces cada día, qué te incomoda y qué solución rápida has encontrado para convivir con ello.

Porque cuando entiendes el origen, dejas de poner parches.

Y tu casa deja de ser una colección de “ya lo arreglaré”.

23/07/2026

Vivimos en una época en la que gastamos millones buscando cómo vivir más: suplementos, tecnología, tratamientos… incluso búnkeres preparados para sobrevivir a un desastre mundial.

Y, mientras tanto, veo a mi abuelo.

Cumplió 92 años en junio.

Ya no puede cuidar el huerto como hacía antes. Tampoco recorrer andando los kilómetros que hacía hace unos años. Pero sigue levantándose temprano cada mañana. Sale a caminar hasta donde su cuerpo le permite. Desayuna tranquilo. Lee. Riega las pocas plantas que tiene en casa.

Ha adaptado sus rutinas, pero no ha renunciado a ellas.

Y eso me hizo pensar.

Quizá nunca sepamos exactamente qué hace que una persona viva tantos años. Seguramente sea una mezcla de genética, alimentación, movimiento, relaciones, propósito… y muchas cosas más.

Pero también me pregunto cuánto influye el lugar donde transcurre esa vida.

Un hogar con luz natural que invite a abrir las persianas. 🌞

Un rincón donde apetezca sentarse a leer. 📖

Plantas que no solo hagan la casa más bonita, sino que también contribuyan a crear un ambiente más agradable y conectado con la naturaleza. 🌿

Espacios que den ganas de salir a la terraza, al jardín o simplemente abrir una ventana y respirar.

No creo que una casa te haga vivir más años.

Pero sí creo que puede ayudarte a vivir mejor los que tengas.

Y quizá esa sea una de las cosas más bonitas que puede hacer el diseño de interiores por ti.

21/07/2026

Nunca pensé que una serie de Netflix sobre las casas más espectaculares del mundo acabaría haciéndome reflexionar sobre el miedo🤨.

Entre todas ellas apareció un búnker. Y, sinceramente, no me cabía en la cabeza que alguien pudiera dedicar tantísimo dinero, tiempo y esfuerzo a prepararse para el hipotético fin del mundo. Así que seguí investigando.

Y cuanto más leía, menos pensaba en los búnkeres.

Pensaba en el miedo.

Porque el miedo no siempre tiene forma de una guerra.

A veces tiene forma de una llamada.

De un diagnóstico.

De una pérdida.

O de ese instante en el que la vida cambia.

Hace no tanto, yo también viví dentro de mi propio búnker.

No era de hormigón.

Era el duelo.

Después de varias pérdidas muy importantes, hubo una época en la que mi único objetivo era poder tener un día medianamente bien. Dormir unas horas seguidas de noche. Que los olores no me revolvieran el estómago. Que mi cuerpo me dejara ser yo.

Y cuando estás ahí, ya no importa si la casa está ordenada, si te quitas el pijama, si riegas las plantas o si hace días que no abres las ventanas. Solo intentas salir adelante como puedes.

Creo que todos, en algún momento de nuestra vida, podemos construir un búnker sin darnos cuenta.

No con hormigón.

Con miedo.

Con dolor.

Con tristeza.

Y quizá salir de ese búnker no empiece con un gran cambio.

Quizá empiece el día que vuelves a abrir una ventana.

El día que te vuelves a quitar el pijama.

El día que recuperas una pequeña rutina.

O simplemente el día en que decides que ya no quieres seguir sobreviviendo.

🌿 Si estás en ese punto y no sabes por dónde empezar, escríbeme “GUÍA” y te enviaré gratuitamente mi guía para ayudarte a dar ese primer paso.

16/07/2026

Hay una imagen que me viene muchas veces a la cabeza.

Mi hermana y yo sacando a mi madre a la calle, en una silla de ruedas, para que pudiera despedirse de Thor.

Él no podía entrar en el hospital.

Así que hicimos lo contrario: sacar a mi madre, aunque solo fueran unos minutos y tuvimos que convencer a las enfermeras de ello.

Sabíamos que sería la última vez que se verían.

Y así fue.

Con el tiempo me he preguntado muchas veces por qué ese momento fue tan importante.

Y creo que no fue solo por Thor.

Fue porque, durante unos minutos, mi madre dejó de ser una paciente.

Volvió a sentir el aire.

El sol.

La libertad.

Estuvo con alguien a quien quería con locura.

Volvió a conectar con una parte de su vida.

Y entonces pienso…

¿Y si imagináramos los hospitales de otra manera?

No como lugares fríos donde simplemente esperamos y somos un número más.

Sino como espacios donde hubiera más luz que fluorescentes.

Donde entraran los rayos de sol por la ventana.

Donde hubiera plantas, flores, materiales cálidos, tejidos naturales, vistas a la naturaleza…

Y donde, siempre que fuera posible, también hubiera espacio para quienes nos recuerdan quiénes somos. Incluso nuestras mascotas.

Quizá por eso llevamos flores a un hospital.

Porque, sin darnos cuenta, intentamos llevar un poco de vida a un lugar donde a veces parece que todo se ha detenido.

No sé si algún día veremos hospitales así.

Pero sí sé una cosa.

Después de vivir todo aquello con mi madre, ya no puedo mirar un espacio pensando solo en cómo se ve.

Siempre me pregunto cómo puede hacer sentir a la persona que lo habita.

Y creo que esa pregunta también debería formar parte de la forma en la que diseñamos para cuidar. 🌿

Pd.: Revivir todos esos momentos y escribirlo, me ha hecho llorar de forma muy fácil. Este pequeño homenaje a dos grandes seres que brillan con fuerza por la noche 🤍✨

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