13/10/2026
Un cruce no consiste en juntar dos buenos perros.
Que un macho y una hembra sean buenos ejemplares no significa necesariamente que formen una buena combinación.
Pero antes de llegar a eso, habría que preguntarse qué hace realmente bueno a un perro.
La morfología, la funcionalidad, el carácter y la salud son fundamentales, pero valorar un reproductor exige ir más allá de sus cualidades individuales. Ningún perro es perfecto y todos tienen aspectos que mejorar, incluso aquellos que consideramos extraordinarios.
También importa lo que lleva detrás, las características de su familia, lo que se repite entre sus hermanos y, cuando existe, lo que ha demostrado transmitir a su descendencia.
El mejor ejemplar puede salir de una camada mediocre, mientras que otro menos destacado puede proceder de una familia que lleva generaciones transmitiendo cualidades muy valiosas. Por eso, el valor de un perro como individuo y su valor como reproductor no siempre van de la mano.
Y después llega una de las decisiones más importantes: elegir con quién combinarlo.
No se trata simplemente de juntar virtudes ni de pensar que los defectos de uno se compensarán automáticamente con las cualidades del otro. Hay que valorar qué podemos reforzar, qué queremos conservar y qué riesgos asumimos con cada combinación.
El mejor macho no siempre es el más adecuado para una determinada hembra.
Después de muchos años criando, tenemos claro que una buena decisión no garantiza una buena camada. Los resultados hay que valorarlos con el tiempo, observando no solo al mejor ejemplar, sino también al conjunto de sus hermanos.
Porque la selección no consiste únicamente en producir buenos perros, sino en conocer cada vez mejor lo que estamos criando para poder seguir mejorándolo.
Barrancos de Carelan