10/10/2026
HABÍA PERDIDO A SU ESPOSA, A SUS TRES HIJOS Y SU NEGOCIO. SU HISTORIA CONTINUÓ JUNTO A UNA PUERTA.
San Alonso Rodríguez había sido esposo, padre y comerciante en Segovia, España.
Después llegaron las pérdidas. Murieron su esposa y sus hijos. El negocio familiar se arruinó. En medio de aquella angustia buscó acompañamiento espiritual entre los jesuitas.
Cuando pidió ingresar en la Compañía de Jesús, encontró nuevas dificultades: su salud era frágil y su formación, limitada.
Finalmente fue admitido como hermano y enviado al colegio de Montesión, en Mallorca.
Allí encontró una tarea sencilla: ser portero.
Abrir. Recibir visitas. Llevar mensajes. Distribuir limosnas. Escuchar a quienes llegaban buscando consuelo.
Alonso procuraba recibir a cada persona como recibiría al mismo Jesús.
Aquel hombre que conocía el dolor de perder a los suyos se convirtió en alguien a quien otros podían acudir cuando se sentían solos.
Entre quienes encontraron orientación en él estuvo un joven llamado Pedro Claver. Alonso lo animó a partir a las misiones de América, donde dedicaría su vida al servicio de las personas esclavizadas.
Desde aquella portería, su amor llegó mucho más lejos de lo que podía imaginar.
Quizá tú también estás atravesando una etapa en la que cuesta reconocer tu propia vida. Hay ausencias, proyectos que se derrumbaron o preguntas que siguen abiertas.
La historia de Alonso nos invita a buscar compañía y a reconocer que todavía podemos recibir amor y ofrecerlo.
A veces, el siguiente paso es pequeño: permitir que alguien nos escuche, retomar una tarea, abrir la puerta a una amistad.
Lo que has perdido merece ser llorado. Tu vida también merece seguir siendo cuidada.
🙏 Señor, acompaña a quienes atraviesan un duelo. Pon cerca de ellos personas que sepan escuchar. Sostén sus pasos y ayúdalos a descubrir, a su tiempo, nuevos caminos de amor. Amén.
Comparte esta historia con alguien que esté aprendiendo a comenzar de nuevo.