20/05/2026
Hay experiencias de convivencia que pueden hacerte sentir distinta durante mucho tiempo.
No necesariamente porque alguien te diga algo directamente.
A veces basta con mirar alrededor.
Ver paseos que parecen fáciles.
Momentos ligeros.
Perros sueltos siguiendo a su dueño.
Personas relajadas.
Y mientras tanto, tú intentando anticiparte, sosteniendo, regulando, evitando situaciones, intentando llegar al final del día sin sentirte completamente agotada.
La comparación no siempre ocurre de forma consciente.
A veces se instala lentamente.
En pequeños pensamientos:
“¿Por qué para otros parece más sencillo?”
“¿Por qué yo no consigo vivirlo así?”
“¿Por qué siento tanta tensión alrededor de algo que otros disfrutan tanto?”
Y con el tiempo, eso puede convertirse en una sensación silenciosa de insuficiencia.
Como si hubiese algo defectuoso en tu experiencia.
O en ti.
Pero algunas convivencias simplemente requieren más energía emocional que otras.
Y muchas personas están sosteniendo muchísimo más de lo que parece desde fuera.
Quizás no solemos hablar suficiente de esa parte.
De lo cansado que puede ser sentirse diferente constantemente.
De lo difícil que puede ser convivir con amor y agotamiento al mismo tiempo.
Del alivio que da cuando alguien por fin pone palabras a eso sin juzgarlo.
No para resolverlo.
Solo para que pese un poco menos.
Quizás más personas de las que pensamos viven todo esto.