02/09/2026
El pH del suelo influye directamente en la disponibilidad de nutrientes porque modifica su solubilidad, las reacciones químicas del suelo y la actividad de los microorganismos. Por eso, dos parcelas con cantidades similares de fertilizante pueden responder de manera muy distinta.
En un suelo fuertemente ácido, por ejemplo alrededor de pH 4,5, el fósforo puede quedar fijado principalmente por compuestos de hierro y aluminio, disminuyendo su disponibilidad para las raíces. También suelen reducirse las disponibilidades de calcio, magnesio y molibdeno, mientras que aluminio y manganeso pueden alcanzar concentraciones perjudiciales para ciertas plantas.
En un rango ligeramente ácido a cercano a neutro, aproximadamente pH 6–7 para muchos cultivos, suele existir un mejor equilibrio entre disponibilidad de macronutrientes, actividad microbiana y crecimiento radicular. En maíz, por ejemplo, un pH cercano a 6–6,8 suele resultar favorable cuando los demás factores del suelo son adecuados.
El pH también afecta indirectamente al sistema radicular. Una acidez elevada con aluminio intercambiable puede limitar la elongación de raíces, reduciendo el volumen de suelo explorado y, por tanto, la capacidad de captar agua y nutrientes.