10/05/2026
Hoy quiero escribirle al mundo desde dos lugares que viven dentro de mí… desde mis manos de veterinaria y desde mi corazón de mamá.
Y qué coincidencia tan inmensa, tan perfecta y tan simbólica, que en Colombia hoy se abracen el Día de la Madre y el Día del Veterinario. Porque pocas profesiones se parecen tanto a la maternidad como esta.
Ser veterinaria es aprender a cuidar vidas que no hablan, pero sienten. Es pasar noches enteras sin dormir pensando si ese paciente va a resistir hasta la mañana. Es llorar en silencio dentro de un consultorio mientras afuera uno debe seguir sonriendo. Es sostener con ternura a quien tiembla de miedo, calmar dolores que no pueden explicarse con palabras y amar seres que muchas veces llegan más rotos de lo que aparentan.
Y ser mamá… ser mamá es exactamente eso: entregarse completa aunque el cuerpo ya no pueda más. Es curar, proteger, alimentar, vigilar, consolar y seguir adelante incluso cuando una también está cansada, rota o asustada.
Por eso hoy entiendo que no fueron dos caminos distintos. Siempre fue el mismo amor manifestándose de maneras diferentes.
Porque las mamás veterinarias vivimos con el corazón dividido entre nuestros hijos y cada vida que pasa por nuestras manos. Aprendemos a correr del colegio a una cirugía, de una fiebre en casa a una emergencia en la clínica. Aprendemos a cargar culpas, cansancio y lágrimas… pero aun así seguimos cuidando. Siempre cuidando.
A veces nadie imagina cuánto sacrificamos. Las fechas especiales perdidas. Las comidas frías. Las llamadas ignoradas mientras intentamos salvar una vida. El miedo constante de no alcanzar para todo.
Pero también nadie imagina la inmensidad del amor que llevamos dentro.
Porque una veterinaria no solo sana animales. Sana familias enteras. Devuelve abrazos, devuelve compañía, devuelve pedazos del alma.
Y una mamá no solo cría hijos. Cría esperanza, fortaleza y amor incluso en los días más difíciles.
Hoy quiero abrazar a todas las mujeres que cumplen ambos roles.
A las que llegan agotadas a casa y aun así encuentran fuerzas para revisar tareas, hacer comida y dar besos de buenas noches después de salvar vidas todo el día.
A las que lloran en silencio por un paciente que no logró quedarse.
A las que sienten culpa por no poder dividirse en mil partes.
A las que aman tan profundamente que terminan olvidándose de ellas mismas.
Ustedes son extraordinarias.
Y aunque muchas veces nadie vea el peso que cargan, Dios sí ve cada desvelo, cada lágrima escondida y cada acto de amor silencioso.
Hoy no celebramos solo una profesión o un título.
Celebramos mujeres con corazones gigantes.
Mujeres que nacieron para cuidar.
Mujeres que convierten el amor en refugio, en medicina y en hogar.
Feliz Día de la Madre.
Feliz Día del Veterinario.
Y feliz vida para aquellas mujeres valientes que tuvieron el privilegio —y la enorme responsabilidad— de ser ambas cosas al mismo tiempo. 🤍