13/06/2026
😿 El camión de la mudanza se fue lleno, y lo único que quedó en el apartamento vacío fue una gata vieja sentada en la puerta, cuidando un zapatito.
Misha vivió quince años con esa familia. Llegó cuando los niños estaban chiquitos y los vio crecer a todos. Cuando consiguieron casa nueva, empacaron todo, hasta las matas, hasta los cuadros. A ella la dejaron afuera "un momentico" mientras cargaban, y ese momentico no se acabó nunca. Cerraron, entregaron las llaves y arrancaron.
La vecina del frente, doña Inés, la encontró al otro día todavía ahí, en el mismo puesto, al lado de un zapato de niño que se les había quedado en la mudada. La gata no maullaba. Solo tenía la patica encima del zapato, como guardándolo, como si en esa cosa chiquita estuviera lo último que le quedaba de su gente.
Doña Inés se la llevó. Le dio leche tibia, la acomodó en una cobija. Dice que la gata se durmió de una, agotada de esperar. Y dice, bajito, que ella no afirma nada, pero que Dios sabe lo que hace y que a esa familia algo les va a cobrar la vida.
Quince años de una vida entera, y la empacaron junto con la basura que no se llevaron. 😿