29/07/2026
**Qué curioso.**
Bastó que se retiraran unas casas para perros comunitarios para que, de un momento a otro, aparecieran autoridades de todos los niveles. Hoy vemos declaraciones en la prensa, publicaciones en redes sociales, entrevistas e incluso diputados dispuestos a viajar para reunirse presencialmente por un tema que, hace apenas unas semanas, parecía no existir.
Y la pregunta surge sola: **¿Dónde estaban antes?**
Porque quienes llevamos años trabajando por el bienestar animal sabemos lo difícil que ha sido conseguir reuniones, obtener respuestas o, simplemente, lograr que nos escuchen. Ahora sí hay tiempo. Ahora sí hay interés. Ahora sí el tema parece importante.
Nos alegra que exista preocupación. De verdad. Pero sería aún mejor que esa preocupación se transformara en soluciones permanentes y no solo en presencia mediática.
¿Por qué ahora sí? ¿Porque el tema se hizo conocido? ¿Porque genera visibilidad? ¿Porque es una buena oportunidad para respaldar una gestión o instalar una imagen pública? No lo sabemos. Pero son preguntas legítimas que la comunidad tiene derecho a hacerse.
Y, de paso, esta situación deja algo en evidencia. Durante mucho tiempo se intentó instalar la idea de que quienes integramos las agrupaciones de protección animal actuábamos únicamente desde la emoción y sin fundamentos. Sin embargo, si hoy se requiere la participación de diversas autoridades e incluso de parlamentarios para debatir este tema, entonces queda claro que nuestros planteamientos nunca fueron tan improvisados como algunos quisieron hacer creer.
Las agrupaciones están conformadas por personas con distintas profesiones y oficios, muchas con formación universitaria e incluso estudios de postgrado, que durante años han estudiado la legislación, las políticas públicas y la realidad territorial. No hablamos desde la ocurrencia; hablamos desde la experiencia, el conocimiento y el trabajo permanente con la comunidad. Nuestro trabajo se basa en evidencia, en la normativa vigente y, sobre todo, en años de estar presentes cuando muchas veces nadie más lo estaba.
Si el lema es que **"primero está el bienestar de las personas"**, entonces los esperamos con la misma energía cuando los vecinos pidan soluciones para problemas que afectan su calidad de vida todos los días:
• Basurales ilegales que permanecen durante meses sin solución.
• Calles con baches y caminos en mal estado.
• Falta de luminarias y sectores inseguros durante la noche.
• Veredas deterioradas que dificultan el tránsito de personas mayores, personas con discapacidad y familias con coches de niños.
• Sitios eriazos abandonados que se transforman en focos de delincuencia e insalubridad.
• Problemas de alcantarillado y aguas lluvias que se repiten cada invierno.
• Escasez de áreas verdes y espacios públicos seguros y bien mantenidos.
• Demoras en proyectos comunitarios que llevan años esperando financiamiento.
• Problemas de conectividad y transporte, especialmente para sectores rurales.
• Barreras de accesibilidad e inclusión que siguen limitando la participación de personas con discapacidad en espacios públicos, servicios y actividades comunitarias.
• Falta de infraestructura pública verdaderamente accesible y de soluciones concretas para garantizar la inclusión.
• Necesidad de mayor apoyo a las comunidades educativas frente a problemas de convivencia escolar, salud mental, inclusión y necesidades educativas especiales.
• Mejoras urgentes en la infraestructura de establecimientos educacionales y en las condiciones que permitan una educación de calidad para niños, niñas y jóvenes.
• Apoyo efectivo a las organizaciones sociales que, con escasos recursos, desarrollan un trabajo permanente en beneficio de la comunidad.
Porque esas también son urgencias. También afectan a las personas. También merecen autoridades presentes, reuniones en terreno y la misma disposición para levantar la voz que hoy vemos por una polémica que alcanzó notoriedad pública.
Pero la discusión nunca debió centrarse únicamente en una casa para perros. La verdadera discusión es cómo construimos una comuna con una política seria de tenencia responsable, capaz de prevenir el abandono, promover la convivencia responsable y abordar el problema desde una mirada técnica y de largo plazo.
Eso significa actuar con medidas concretas.
**A corto plazo:** realizar operativos permanentes de esterilización, vacunación e identificación con microchip; fortalecer la educación en tenencia responsable; implementar campañas de sensibilización y mantener instancias de diálogo entre municipio, organizaciones y comunidad.
**A mediano plazo:** consolidar una mesa comunal permanente de bienestar animal; fortalecer la fiscalización de la Ley de Tenencia Responsable; desarrollar protocolos para el manejo de perros de libre deambular; mejorar la coordinación entre instituciones y establecer programas de apoyo a las organizaciones que trabajan en terreno.
**A largo plazo:** impulsar, desde el Gobierno y el Congreso, financiamiento permanente para los municipios; fortalecer las políticas públicas de tenencia responsable; aumentar los recursos destinados al control ético de la población animal; incorporar la educación sobre bienestar animal como herramienta preventiva y avanzar hacia una estrategia nacional que enfrente el abandono desde la prevención y no solo desde la reacción.
Las agrupaciones seguiremos haciendo lo que hemos hecho siempre: trabajar, incluso cuando no hay cámaras, titulares ni micrófonos.
Y nuestro compromiso no termina en una publicación en redes sociales. Mientras algunos recién descubren esta problemática a raíz de la polémica, las organizaciones ya hemos dado el siguiente paso: establecer mesas de trabajo con las autoridades para construir propuestas concretas que permitan avanzar hacia una política comunal de tenencia responsable.
Ese ha sido siempre nuestro propósito: transformar las diferencias en acuerdos, las críticas en propuestas y la preocupación ciudadana en acciones reales. Porque los cambios que la comunidad necesita no se construyen desde los titulares, sino desde el trabajo serio, técnico y colaborativo.
La comunidad necesita menos oportunismo y más compromiso. Menos declaraciones y más resultados. Menos protagonismo y más trabajo en terreno.
Porque el bienestar de las personas y de los animales no debería depender de cuál sea la polémica de la semana, sino del compromiso permanente de quienes fueron elegidos para servir a la comunidad.
No critiquemos lo que se hace a nivel local si a nivel central tampoco vemos soluciones.