Cerberus

Cerberus Clínica Veterinaria.

"Castrar NO es controlar una población". Por: MV Daniel Blanco.Durante años se nos ha presentado una fórmula casi mágica...
25/08/2026

"Castrar NO es controlar una población".
Por: MV Daniel Blanco.

Durante años se nos ha presentado una fórmula casi mágica para resolver el problema de los perros en las calles:

Capturar, castrar, vacunar y devolver. El conocido "Catch-Neuter-Vaccinate-Return" (CNVR).

Nadie discute que castrar a un perro evita que ese animal se reproduzca. El problema aparece cuando confundimos "control reproductivo con control poblacional".

La evidencia científica es bastante más prudente.

Una revisión sistemática publicada en 2026 concluye que el control reproductivo "puede contribuir al manejo de las poblaciones de animales de libre itinerancia, pero que su efectividad depende de factores como una cobertura suficiente, la continuidad en el tiempo y, especialmente, el control del ingreso de nuevos animales a la población.

En otras palabras: NO alcanza con castrar. Y esto es fundamental.

Podemos castrar miles de perros y devolverlos al mismo lugar donde fueron capturados.

Esos perros seguirán siendo perros de libre itinerancia.

Podrán morder, provocar accidentes, acceder a residuos, formar grupos y generar situaciones que requieran intervención sanitaria.

La cirugía modificó solamente una variable: "su capacidad reproductiva".

Pero no modificó necesariamente las condiciones que mantienen a esos animales en la calle.

La propia Organización Mundial de Sanidad Animal (WOAH) es clara: el CNVR "NO debe considerarse como única estrategia", sino una herramienta que debe integrarse con otras medidas de manejo poblacional.

Identificación y registro, tenencia responsable, control del abandono, recuperación de animales perdidos, regulación de la reproducción, adopción y educación forman parte de una estrategia mucho más amplia.

Entonces aparece una pregunta que deberíamos hacernos:

¿Estamos reduciendo la población de perros de libre itinerancia o simplemente estamos tratando de aumentar el número de perros castrados?

Porque son dos cosas diferentes. Y hay otra pregunta todavía más incómoda:

"Si seguimos castrando durante años pero continúan ingresando nuevos animales a la población". ¿Por qué suponemos que la solución consiste simplemente en seguir castrando?

El problema puede NO estar en la cantidad de castraciones. Puede estar en "todo lo que ocurre antes y después".

1) Un perro abandonado sigue siendo un perro abandonado aunque esté castrado.
2) Un perro perdido sigue siendo un perro perdido aunque esté castrado.
3) Un perro con propietario que deambula libremente sigue deambulando aunque esté castrado.
4) Y un perro castrado que es devuelto a la vía pública "sigue ocupando el espacio público".

Por eso, medir solamente cuántos animales fueron castrados NO alcanza para evaluar una política de manejo poblacional. Hay que medir qué ocurre con la población.

- ¿Cuántos perros hay?
- ¿Cuántos ingresan?
- ¿Cuántos salen?
- ¿De dónde vienen?
- ¿Cuántos son abandonados?
- ¿Cuántos son recuperados?
- ¿Cuántos permanecen en las calles?

Y, finalmente, ¿disminuye realmente la población?

La castración puede ser una herramienta. Puede ser una herramienta importante.

Pero convertir una herramienta en una -estrategia única- y sostenerla indefinidamente SIN demostrar el resultado poblacional es otra cosa.

No se controla una población contando castraciones.
Se controla demostrando que la población disminuye.

Referencias

World Organisation for Animal Health (WOAH). Terrestrial Animal Health Code, Chapter 7.7 – Stray dog population management.
Perfilyeva et al. (2026). Comparative effectiveness of culling and birth control in free-roaming animal management: A systematic review. Preventive Veterinary Medicine.

No todo el que “rescata” animales los está salvando.Existe algo llamado síndrome de Noé: una forma de acumulación compul...
25/07/2026

No todo el que “rescata” animales los está salvando.

Existe algo llamado síndrome de Noé: una forma de acumulación compulsiva en la que una persona reúne más animales de los que puede cuidar, pero se convence de que todos están mejor con ella.

Comienza con buenas intenciones.

Un perro abandonado.
Después otro.
Luego cinco gatos.
Diez.
Veinte.

Hasta que la casa se llena de o***a, heces, parásitos, enfermedades, peleas y animales sin atención veterinaria.

No hay suficiente alimento.
No hay espacio.
No hay higiene.
No hay esterilización.
No hay capacidad económica.

Pero la persona insiste:

“Si yo no los recojo, nadie lo hará”.

El problema es que rescatar no significa acumular.

Rescatar también implica alimentar correctamente, vacunar, desparasitar, esterilizar, tratar enfermedades, ofrecer un espacio digno y buscar adopciones responsables.

Cuando una persona ya no puede cubrir las necesidades básicas de los animales y aun así sigue recogiéndolos, deja de ser rescate.

Se convierte en sufrimiento.

Y lo más grave es que muchas veces estas personas no reconocen el problema. Incluso rechazan ayuda, ocultan a los animales o atacan a quien intenta intervenir.

No todo refugio improvisado es un santuario.

A veces es un lugar de hacinamiento disfrazado de amor.

Ayudar a los animales también significa saber hasta dónde puedes llegar.

Porque tener buen corazón no compensa la falta de recursos, espacio y control.

Rescatar sin límites también puede ser una forma de maltrato.

Creditos a quien corresponda (Tomado de la red).

📌 La Medicina Veterinaria Basada en la Experiencia: un riesgo silencioso que se perpetúa.👉 En cada discusión veterinaria...
01/07/2026

📌 La Medicina Veterinaria Basada en la Experiencia: un riesgo silencioso que se perpetúa.

👉 En cada discusión veterinaria aparece el argumento: “Yo lo vi en mi clínica”. Pero lo que uno ve en su clínica es un recorte, no un patrón universal. Y alguien lo definió con precisión: la medicina basada en la experiencia corre el riesgo de perpetuar los mismos errores año tras año.

La experiencia personal puede enseñar, pero si no se estudia y no se actualiza, se convierte en rutina. Y la rutina, sin evidencia, es peligrosa: puede mantener prácticas obsoletas, perpetuar diagnósticos equivocados y debilitar la profesión.

👉 El problema se agrava cuando la base misma está mal construida: conocimientos mal adquiridos o mal interpretados que se repiten como dogmas. Un docente transmite lo que aprendió mal, un estudiante lo aplica sin cuestionar, un profesional lo convierte en procedimiento, y el error se multiplica.

La ciencia no se sostiene en recuerdos ni en fórmulas heredadas: se sostiene en consensos internacionales, datos epidemiológicos y estudios clínicos. El profesional que NO revisa lo que aprendió corre el riesgo de repetir errores como si fueran verdades.

⚔️ La experiencia enseña, pero la evidencia corrige. Sin evidencia, la experiencia se convierte en opinión. Y el error más grave no es equivocarse: es repetir un conocimiento mal aprendido como si fuera ciencia.

Por: MV. Daniel Blanco

Hoy en “Veterinarios Casos de la Vida Real” presentamos: “Aprender a decir que no”.Hola. Quiero contarte por qué jamás h...
18/06/2026

Hoy en “Veterinarios Casos de la Vida Real” presentamos: “Aprender a decir que no”.

Hola. Quiero contarte por qué jamás he vuelto a trabajar con protectoras y asociaciones rescatistas.

Y antes de que me juzgues, quiero que sepas algo: esta historia no nace del resentimiento hacia los animales. Todo lo contrario.

Yo estudié Medicina Veterinaria fue precisamente por ellos. Desde que era niña decía que quería salvar animalitos. Era esa niña que recogía pajaritos caídos del nido, que lloraba cuando veía un perro atropellado en la calle y que convencía a su familia de darle hogar a cualquier gato desamparado que apareciera en la puerta de la casa.

Entré a la carrera con esa idea romántica que muchos tenemos cuando elegimos esta profesión: quería ayudar. Quería curar. Quería hacer una diferencia. Y durante un tiempo pensé que eso bastaba.Pero la universidad se encargó de enseñarme que amar a los animales no era suficiente.

Recuerdo perfectamente la primera vez que entré a cirugía. El olor característico del quirófano, el sonido del monitor, la concentración absoluta que exigía cada procedimiento. Mientras muchos compañeros sentían nervios, yo sentí fascinación. Ahí descubrí mi verdadera pasión: La cirugía.

Me obsesioné con aprender. Empecé a quedarme horas extra observando procedimientos, ayudando en todo lo que podía. Conseguí un trabajo (sin remuneración) en una clínica particular para adquirir experiencia y además, me convertí en ayudante de la materia en la universidad.

Mientras otros descansaban los fines de semana, yo practicaba nudos quirúrgicos. Mientras otros se iban de fiesta, yo revisaba protocolos anestésicos. No porque alguien me obligara. Sino porque amaba lo que hacía. Porque soñaba con convertirme en una excelente médica veterinaria.

Y lo logré. Me titulé.

Salí de la universidad llena de ilusión, con ganas de comerme el mundo y demostrarme que había elegido correctamente mi profesión. Como muchos recién egresados, empecé haciendo consultas a domicilio mientras conseguía un trabajo más estable. Iba de casa en casa con mi mochila llena de medicamentos, instrumental y esperanza.

Y entonces apareció ella.

Una conocida me recomendó con una señora que necesitaba atención para sus perros. Al principio parecía una bendición. Era amable, agradecida, confiaba en mí.

Yo atendía a sus mascotas y ella siempre tenía palabras bonitas sobre mi trabajo. Poco tiempo después me dijo que tenía un refugio.

“Doctora, ¿podría ir a revisar a unos perritos rescatados?”

Y yo dije que sí. Por supuesto que dije que sí, ¿Cómo no hacerlo? Si justamente para eso había estudiado.

Las primeras veces me pagó mis consultas. No era mucho, pero era justo. Yo salía cansada, pero satisfecha. Sentía que estaba ayudando a quienes más lo necesitaban.

Pero después comenzaron los pequeños cambios.

“Doctora, ¿me hace un descuentito? Ya sabe que son perritos rescatados.”

Y yo acepté. Porque entendía que los recursos eran limitados. Pero también me daba culpa cobrar lo que realmente valía mi trabajo, porque pensaba que ayudar significaba sacrificarse.

Luego me invitó a jornadas de esterilización.

Negociamos un precio accesible. Muy accesible diría yo. Prácticamente mano de obra regalada. Qué gran error.

Yo sabía que estaba cobrando menos de lo que debía, pero me repetía que era por una buena causa. Que valía la pena. Que los animales lo necesitaban.

Y entonces lo excepcional se convirtió en costumbre. Ya no me preguntaban si podía, pues simplemente me avisaba:

“Doctora, mañana hay campaña.”

“Doctora, venga temprano.”

“Doctora, hay muchos perros que revisar.”

Mensajes enviados un día antes, a veces la noche anterior. Sin preguntarme si tenía pacientes agendados o si tenía compromisos, vaya, sin cuestionar siquiera si estaba disponible.

Yo reorganizaba mi vida. Cancelaba cosas, movía horarios, dejaba de descansar. Y volvía a decir que sí porque me costaba decir que no. Poco a poco dejé de ser “la doctora que apoyaba” y me convertí en la doctora responsable de todo.

Si un perro vomitaba, me llamaban.

Si otro no quería comer, me escribían.

Si alguno estornudaba, me enviaban fotografías.

Si algo pasaba en el refugio, de alguna manera parecía ser mi responsabilidad.

Y muchas veces, después de horas de trabajo, de cirugías, consultas y traslados, recibía un pago “simbólico”.

Esa era la palabra. Simbólico.

Porque, según me decían, lo importante era ayudar. Y yo me convencí durante mucho tiempo de que debía estar agradecida por poder hacerlo. Hasta que mi cuerpo empezó a pasar factura.

Primero fue el cansancio, después el insomnio y luego la irritabilidad.

Empecé a llorar por cualquier cosa. Sentía ansiedad cuando sonaba mi teléfono. Veía una notificación y mi corazón se aceleraba.

Vivía con culpa constante. Culpa por querer descansar. Culpa por querer cobrar. Culpa por no poder salvarlos a todos. Hasta que un día entendí que algo estaba mal.

Busqué ayuda psicológica y aún recuerdo perfectamente una de las preguntas que me hicieron.

“¿Quién te enseñó que para ser buena persona tienes que sacrificarte hasta desaparecer?”

No supe qué responder. Porque, en el fondo, yo creía exactamente eso. Que poner límites me convertía en egoísta. Que cobrar dignamente me hacía menos compasiva. Que descansar era abandonar.

Y entonces escuché algo que cambió mi vida.

“No puedes salvar a nadie mientras te estás destruyendo.”

Mi psicóloga me recomendó alejarme de aquello que estaba consumiéndome. Era urgente que tuviera que aprender a decir no, a poner límites, a respetar mi tiempo.

Y eso hice. Pero lo hice con miedo, con muchísima culpa. Pero lo hice.

Expliqué que ya no podía acudir a todas las campañas. Que necesitaba que me preguntaran antes de programarme y si requerían mis servicios, tendrían que respetar mis tiempos y honorarios.

Pensé que lo entenderían. Qué equivocada estaba. Pensé que después de todo lo que había dado habría comprensión. Me equivoqué. La reacción fue completamente distinta:

La indignación llegó primero.

Después los reproches.

Y finalmente, la difamación.

De un día para otro pasé de ser “la doctora que tanto ayudaba” a “una profesionista sin ética”. Se cuestionó mi profesionalismo, se habló mal de mi trabajo, incluso se me acusó de mala praxis. Todo porque decidí poner límites y porque decidí que mi vocación no justificaba el abuso.

Fue devastador. Lloré muchísimo. Dudé de mí. Pensé en abandonar la profesión. Pensé que tal vez sí era una mala persona.

Pero con el tiempo entendí algo muy importante: Ayudar no significa permitir que se aprovechen de ti. Tener vocación no significa trabajar gratis.

Amar a los animales no significa sacrificar tu salud física, emocional y económica. Y poner límites no te convierte en alguien menos humano.

Han pasado años desde entonces.

Hoy tengo mi propio consultorio. Trabajo muchísimo y sigo operando con la misma pasión que descubrí siendo estudiante.

Sigo emocionándome cada vez que un paciente sale adelante, incluso llorando cuando alguno se va.

Y sigo ayudando.

Claro que sigo ayudando.

Si veo un perro de la calle y está dentro de mis posibilidades, hago lo que puedo. He esterilizado animales sin cobrar. He dado consultas que jamás facturé. He apoyado casos que me parten el alma.

Pero ahora lo hago desde la decisión, no desde la culpa. Desde el límite, no desde la explotación. Sin vínculos con protectoras ni asociaciones rescatistas.

Y sé que habrá personas maravillosas dentro de ese mundo.

Estoy segura de ello.

Pero también sé que existen dinámicas profundamente injustas que normalizan el desgaste de los médicos veterinarios bajo el argumento de que “es por los animales”.

Y eso también debe hablarse.

Porque detrás de cada bata hay una persona.

Una persona que se cansa.

Que necesita dormir.

Que necesita comer.

Que paga renta.

Que tiene familia.

Que también merece respeto.

Si hoy estás leyendo esto siendo médico veterinario, rescatista o alguien que dedica su vida a ayudar, quiero que recuerdes algo que a mí me costó años aprender:

No tienes que incendiarte para dar calor a los demás.

Y no eres menos bueno por cuidar de ti.

Yo sigo amando profundamente a los animales.

De hecho, creo que precisamente por eso sigo aquí.

Porque aprendí que para cuidar de ellos primero tenía que aprender a no abandonarme a mí misma.

Tomado de la red, creditos a quien corresponda...

BIENESTAR ANIMAL Y ANIMALISMOEl bienestar animal no se logra con posturas radicales ni con desinformación disfrazada de ...
27/03/2026

BIENESTAR ANIMAL Y ANIMALISMO

El bienestar animal no se logra con posturas radicales ni con desinformación disfrazada de compasión.

Se logra con ciencia, medicina veterinaria y decisiones responsables.

Cuando el activismo se basa en mitos y emociones sin conocimiento, las consecuencias las pagan los animales:

❌ Se rechazan tratamientos necesarios
❌ Se evita la esterilización y aumenta el abandono
❌ Se promueve la humanización que genera sufrimiento
❌ Se desacredita a quienes sí protegen su salud

Los médicos veterinarios no lucramos con el dolor animal.

Lo combatimos todos los días.

Criticar sin conocimiento no es defender.

Desinformar no es amar.

Ignorar la ciencia no es proteger.

Amar a los animales también implica escuchar a quienes dedicamos la vida a su bienestar.

Créditos al quien corresponda.
Tomado de la red.

La Asociación Veterinaria Británica (BVA) y la Asociación Británica de Veterinarios de Animales Pequeños (BSAVA) han pub...
21/03/2026

La Asociación Veterinaria Británica (BVA) y la Asociación Británica de Veterinarios de Animales Pequeños (BSAVA) han publicado una declaración conjunta que marca un giro hacia decisiones más individualizadas en torno a la castración.

Aspectos destacados:
El documento ofrece recomendaciones prácticas sobre el momento adecuado para castrar, pero subraya que cada decisión debe considerar factores como la raza, edad, estado de salud, estilo de vida y el rol previsto del animal.

Lectura completa
British Veterinary Association & British Small Animal Veterinary Association. (2025). BVA and BSAVA policy position on neutering of cats and dogs. BSAVA Library.

— Doctor, mi perro enfermó de Parvovirus, ¿Ud. cree que es porque no lo vacuné?Yo:
17/03/2026

— Doctor, mi perro enfermó de Parvovirus, ¿Ud. cree que es porque no lo vacuné?

Yo:

Si tienes perro grande en casa, esto te puede salvar una visita de urgencias al veterinario. La torsión gástrica es la e...
12/02/2026

Si tienes perro grande en casa, esto te puede salvar una visita de urgencias al veterinario. La torsión gástrica es la emergencia más letal en perros y muchos dueños no saben reconocerla a tiempo.

Qué es:
El estómago del perro se dilata por acumulación de gas y líquido (dilatación gástrica). En los casos graves, el estómago se retuerce sobre sí mismo entre 90 y 360 grados, arrastrando al bazo, cortando el riego sanguíneo y comprimiendo los órganos vitales. Esto es la dilatación-torsión gástrica (DVG). Sin cirugía de emergencia, es mortal en pocas horas.

Razas con mayor riesgo:
Gran danés, pastor alemán, dogo de Burdeos, mastín español, mastín del Pirineo, bóxer, galgo español, setter irlandés, akita y cualquier perro de pecho profundo y más de 25 kg. Los mastines, muy comunes en fincas y explotaciones ganaderas, son una de las razas con mayor incidencia.

Señales de alarma:
Abdomen hinchado y duro como un tambor. El perro intenta vomitar sin conseguirlo. Inquietud extrema: se levanta, se tumba, camina en círculos. Babeo excesivo. Respiración rápida y superficial. Si ves estos signos juntos, ve al veterinario de urgencias inmediatamente. No esperes a ver si mejora.

Cómo reducir el riesgo:
Divide la comida en dos o tres tomas al día en lugar de una sola grande. Evita el ejercicio intenso una hora antes y dos horas después de comer. No uses comederos elevados en razas de riesgo (contrariamente a lo que se creía, aumentan la probabilidad). Evita que beba grandes cantidades de agua de golpe tras el ejercicio. Usa comederos lentos tipo laberinto para que coma despacio.

Si tu perro es de raza grande y pasa tiempo en el jardín o la finca, ten localizado el Médico Veterinario de urgencias más cercano y su horario. Muchas veces el Centro Veterinario más próximo puede estar a más de 30 minutos. Ese margen de tiempo importa.

Por favor mantén a tus gatos dentro de casa. Y no salgan con el TÍPICO argumento absurdo que leí por ahi, "Es como pedir...
01/02/2026

Por favor mantén a tus gatos dentro de casa.

Y no salgan con el TÍPICO argumento absurdo que leí por ahi, "Es como pedir, que encierren a los leones porque hay otros animales en cría"... porque NO ES LO MISMO.

Los gatos van dentro de casa. SON UNA ESPECIE DOMÉSTICA.

Créditos al autor de la foto ...

Los gatos no “extrañan” la calle.Se pierden riesgos.Un gato de interior no se priva de libertad: se protege de atropello...
31/01/2026

Los gatos no “extrañan” la calle.
Se pierden riesgos.
Un gato de interior no se priva de libertad: se protege de atropellos, enfermedades, peleas, venenos y una vida mucho más corta.
El amor también es cuidar, prevenir y decidir por su bienestar, aunque no lo entiendan.
Un hogar seguro significa más años, más salud y más tiempo juntos.

Tomado de la red...

Dirección

Avenida Beijing # 1609 Casi Av. Juan De La Rosa (acera Este), Cercado Cochabamba
Cochabamba

Horario de Apertura

Lunes 09:00 - 20:00
Martes 09:00 - 20:00
Miércoles 09:00 - 20:00
Jueves 09:00 - 20:00
Viernes 09:00 - 20:00
Sábado 09:00 - 19:00
Domingo 11:00 - 14:00

Página web

Notificaciones

Sé el primero en enterarse y déjanos enviarle un correo electrónico cuando Cerberus publique noticias y promociones. Su dirección de correo electrónico no se utilizará para ningún otro fin, y puede darse de baja en cualquier momento.

Atajos

Compartir

Categoría