05/04/2026
Bundy, mi ancla
Hay seres que llegan a la vida de uno no para hacer ruido, sino para sostenerla.
Tú has sido eso para mí.
Mi ancla.
Mi pausa.
Mi compañía buena en los días torcidos.
Mi manera más fiel de volver al presente cuando todo por dentro se mueve demasiado.
No sabes cuántas veces tu mirada me ha regresado a la orilla.
No sabes cuántas veces tu sola presencia me ha recordado que todavía existe ternura en este mundo.
Que todavía hay amor limpio.
Que todavía hay razones para quedarse.
Tú no me pides explicaciones.
No me exiges que esté bien.
No necesitas que sonría para quedarte cerca.
Me acompañas como soy, como estoy, incluso en mis silencios más pesados.
Y eso, amor mío, también es una forma de salvar.
A veces la vida no se sostiene con grandes discursos ni con promesas hermosas.
A veces se sostiene con algo mucho más simple y mucho más sagrado.
Unos pasos siguiéndote por la casa.
Una cabeza recargada cerca.
Una respiración noble acompañando la tuya.
Un corazón de cuatro patas recordándote que no estás sola.
Por eso te miro y lo sé.
No eres sólo mi perro.
Eres mi refugio con ojos.
Mi pedacito de paz.
Mi amor más leal.
La criatura hermosa que tantas veces me ha impedido irme del todo a la deriva.
Gracias por existir de esa manera tan tuya.
Tan callada.
Tan pura.
Tan amorosa.
Tan fiel.
Si alguna vez vuelvo a encontrarme a mí misma después de tantas tormentas, sé que en parte será porque tú estuviste aquí, quedándote conmigo, amándome sin ruido, sosteniéndome sin saberlo.
Bundy, mi niño precioso, mi compañero de alma, mi amor de cuatro patas
eres mi ancla.