18/04/2026
La tauromaquia no es arte.
No es cultura.
Y no es un deporte.
Es una práctica donde un animal es sometido a estrés extremo, lesiones físicas y, finalmente, la muerte, como parte de un espectáculo público.
El toro no elige estar ahí.
No compite en igualdad de condiciones.
No tiene oportunidad real de defenderse.
En Pachuca, recientemente se llevó a cabo una corrida de toros en la Plaza de Toros Vicente Segura como parte de eventos abiertos al público . Esto ha generado preocupación social, especialmente ante la postura de autoridades locales.
El propio alcalde, Jorge Reyes Hernández, ha declarado en distintos momentos que el ayuntamiento no ha otorgado permisos o no tiene claridad sobre estos eventos , lo cual deja en evidencia una falta de certeza y control sobre actividades que involucran maltrato animal.
Y aquí es donde la conversación se vuelve urgente.
El bienestar del “pueblo” no puede limitarse únicamente a las personas.
Incluye también el entorno, la naturaleza y, por supuesto, a los animales.
Normalizar la violencia como entretenimiento no es evolución.
Es retroceso.
Un deporte real promueve disciplina, salud, respeto y crecimiento: básquetbol, tenis, natación, pádel, patinaje…
Ninguno de ellos necesita del sufrimiento de otro ser vivo para existir.
Hoy, colectivos como La Jauría de Balú están alzando la voz y recolectando firmas para exigir un alto a este tipo de prácticas. Porque el cambio no empieza con multitudes, empieza con conciencia.
Cada voz cuenta.
Cada acción suma.
Y cada vez somos más los que entendemos que el respeto hacia los animales no es opcional.
Es momento de cuestionar.
Es momento de evolucionar.
Queremos respuestas