14/09/2026
Yo estaba en la fila, atrás del señor, y le vi contar las monedas dos veces.
Las tenía en montoncitos encima del mostrador, de las de cien y de doscientos, como ocho torrecitas. La muchacha le había dicho el precio de la cirugía y él se quedó ahí, contando, con la mano en la frente.
Al lado tenía una caja de cartón con un gato adentro, flaco, asomando la cabecita.
Le faltaba casi la mitad.
Le preguntó si le podía ir abonando, que él traía cada semana. Le dijeron que así no se podía, que el gato necesitaba entrar ya.
Ahí fue cuando empezó a meter las monedas otra vez en la bolsita, despacio, una por una, sin decir nada.
Yo saqué lo que tenía y se lo puse a la muchacha en el mostrador. Le dije bajito que completara y que no le dijera de dónde salió.
Él volteó cuando ella le dijo que ya estaba, que pasara el gato. Preguntó dos veces si no era un error. 🥺
Yo me salí antes de que se diera la vuelta. No fue plata mía que hiciera falta, y él ya llevaba todo el día contando.