06/10/2026
Reflexión "TODOS LOS PERROS NO SON MALOS SON Como LOS EDUQUES" " Hay una frase que escuchamos muchísimo y que se ha convertido casi en un mantra: «Todos los peluditos no son malos, es cómo los eduques». Y entiendo perfectamente de dónde viene, porque la mayoría de las personas que quieren a los animales lo dicen desde el cariño, intentando defender al perro y evitando que se le ponga la etiqueta de perro malo. Pero creo que, aunque la intención sea buena, la frase se queda demasiado corta y nos hace olvidar algo que es fundamental: la genética.
Vamos a poner ejemplos muy sencillos. Si yo crío un cocodrilo desde pequeño, lo cuido, le doy de comer, le doy cariño y nunca le hago daño y un día ese cocodrilo me pega un mordisco en el brazo, ¿de verdad pensaríamos que el problema es que no lo he educado bien? Yo creo que no. Todo el mundo entendería que hay una parte de ese animal que viene determinada por lo que es, por su especie, por su genética y por su naturaleza. Nadie pensaría que, con un poco más de cariño o unas cuantas clases de obediencia, el cocodrilo habría decidido no morder.
Con un pájaro pasa algo todavía más sencillo. Puedes criarlo desde pequeño, alimentarlo tú, cuidarlo, hablarle todos los días y que nunca haya visto a otro pájaro volar. Pero cuando llegue el momento va a intentar volar. Nadie tiene que sentarse delante de él para enseñarle cómo hacerlo. Lo hará porque es un pájaro.
Entonces, ¿por qué con los perros parece que nos olvidamos de algo tan básico?
Coge un perro de pastoreo y, aunque nunca haya visto una oveja en su vida, puede tener una tendencia enorme a controlar el movimiento, perseguir bicicletas, coches, niños corriendo o cualquier cosa que se mueva. Coge un perro de rastro y puede quedarse completamente concentrado siguiendo un olor. Coge un cobrador y puede tener una motivación brutal por coger cosas y traerlas. Y nadie le ha explicado que tiene que hacerlo. Son características que hemos ido seleccionando durante generaciones.
Durante cientos de años hemos seleccionado perros precisamente por sus características. Para cazar, para pastorear, para cobrar, para guardar, para proteger, para perseguir, para trabajar y para tener determinadas capacidades. Hemos seleccionado genética durante generaciones y después pretendemos que todo eso desaparezca porque ahora queremos que ese mismo perro viva como una mascota de sofá.
La educación importa, muchísimo. El entorno importa. Las experiencias importan. La gestión importa. Pero la educación no puede borrar la genética.
Y esto no significa decir que un perro sea malo. De hecho, creo que deberíamos dejar de utilizar tanto esa palabra. Un perro no tiene que ser malo para tener una conducta que pueda resultar peligrosa, ni tiene que ser malo para ser incompatible con una determinada forma de vida.
El problema es que muchas veces elegimos un perro por su aspecto, porque está de moda, porque nos gusta una raza o simplemente porque nos enamoramos de ese cachorro y nos lo llevamos a casa. Y después descubrimos que ese perro tiene unas necesidades, unos impulsos y unas características que no conocíamos. Y cuando aparecen determinados comportamientos, muchas veces nos lo llevamos a lo personal. «Mi perro es así porque yo lo he educado mal», «mi perro hace esto porque no le he dado suficiente cariño» o «como yo lo he criado con amor, mi perro no puede tener determinadas características».
Y no funciona así.
Querer muchísimo a un perro no significa necesariamente conocerlo. Puedes querer a tu perro con toda tu alma y no tener ni idea de las conductas para las que fue seleccionada su raza, de sus necesidades reales o de lo que puede necesitar ese animal para tener una vida equilibrada.
Y esto es importante porque muchas veces castigamos al perro precisamente por hacer aquello para lo que fue seleccionado. Tenemos un perro de pastoreo y nos molesta que controle todo lo que se mueve. Tenemos un perro de caza y nos sorprende que tenga una enorme motivación por perseguir. Tenemos un perro de trabajo y queremos que esté tranquilo todo el día en un piso sin darle ninguna salida a esas necesidades.
El perro no deja de ser lo que es. Somos nosotros los que queremos que deje de serlo.
Por eso creo que antes de preguntarnos «¿cómo educo a este perro?» deberíamos hacernos otra pregunta mucho más importante: «¿Qué perro tengo delante?».
Porque primero hay que conocer al animal y después trabajar con él. Hay perros que necesitan unas cosas y otros que necesitan otras. No podemos meter a todos los perros en el mismo s**o y pensar que, como todos son perros, todos funcionan igual.
Y aquí tampoco se trata de atacar a nadie, ni de decir que quien utiliza la palabra «peludito» no entiende de perros. Cada uno puede querer a los animales como quiera. Se trata simplemente de intentar mirar al perro como lo que realmente es y no como lo que nosotros queremos que sea.
La genética existe. Nos guste o no.
Reconocerla no es justificar una conducta peligrosa, ni decir que la educación no sirve. Es entender mejor al animal que tenemos delante para poder educarlo, gestionarlo y darle una vida compatible con lo que es.
Porque quizás el problema no sea que el perro sea malo.
Quizás el problema es que muchas veces queremos que sea algo que nunca fue seleccionado para ser.
Tampoco es cuestión de pensar, "el perro es asi y ya está" Hay que educar al perro según sus necesidades y darle lo que necesita para tener un animal equilibrado y feliz, que es de lo que se trata.
Óscar Olea Educador Canino
SI SE QUIERE, SE PUEDE
Paciencia, mucho trabajo y cariño.
Agenda una sesión 639 64 62 03